Aquellos años
Cuando, quien todos sabéis, me comento la posibilidad de hacer un artículo sobre la mosca ahogada leonesa, tema manido hasta la saciedad, me tuvo pensando horas sobre que faceta mostrar. Su montaje, su utilización y sus secretos, han sido detallados, no por un aficionado como yo, sino por verdaderos maestros españoles en esta cuestión como son: Díaz, del Pozo, Seder ó Pereda, además de extranjeros como: Louis Carrere ó Jean Louis Pelletier.
Por esto tome la decisión de encaminar mis pasos hacia un aspecto poco usual de esta practica, la historia.
Preguntas como: ¿Antes del buldó (boule d`eau), qué? ¿Antes del nylon, como? ¿Antes del carrete Sagarra, Alder, Marvel ó Dorada, de que manera? ¿Quién siguió la tradición de Juan de Vergara? ¿Es lo mismo la mosca ahogada que la mosca leonesa?, todas esas preguntas, surgidas en tertulias de pesca, en tabernas leonesas ante los “Gurús” del montaje de aquí, por otra parte poco conocidos y denostados, fueron contestadas antaño, mezcladas entre mentiras, exageraciones y verdades a medias. Limpias y contrastadas, ahí van, según mi entender.
La pesca a la leonesa, en los albores del siglo pasado, era bien distinta a la que podemos imaginar, véase la figura del pescador (en la maragateria, el pescador ó el muchacho que llevaba una caña, era sinónimo de vago que perdía el tiempo) como un hombre mohíno, con un artilugio largo hecho de caña, negrillo (olmo) ó avellano, atado a la punta un hilo de cáñamo y a este un símil de anzuelo que hacia el herrero del pueblo. La primera referencia oral de alguien que pescase con el “anzuelo revestido de plumas y lanas”, según “Cañinas” fue la del cura de Boisan. Cuentan que harto de buscar, ensartar y perder saltamontes, los hacia de “lana y plumas” y que pescaban.
Quizá fuese el pionero en esta zona del Duerna, Tuerto, Jamuz, Eria y Órbigo. Después vienen los que el hambre azuzó, esos que ingeniaron con sus primitivos instrumentos la moderna pesca a la leonesa. Nadie sabe que herrero fue el primero en dar forma a la “lata”, instrumento precursor del carrete, que consistía en un cilindro hueco con un alambre que lo traspasaba y por el cual se sujetaba, en el que se enrollaba el hilo de cáñamo, el cual a su vez pasaba por una única anilla que tenia la caña en su puntero. Al principio no se vareaba, solo se dejaba caer, sin plomos ó contrapesos. Esto les impedía llegar a distancias lógicas, por eso se inventa el artilugio de la foto, el precursor del buldo. Consiste en un corcho de garrafón (su flotabilidad es su principal característica), con unos clavos (para que el peso le haga llegar mas lejos). Con dicho instrumento, con la lata y con su cordel mis ancestros pescaron aquellas maravillosas truchas de los ríos “llioneses”.
“...........Dieronse cuenta mis paisanos que muchas de las truchas veían el engaño y remediaronlo con suma pericia, pusieron entre la mosca y la cuerda de cáñamo una “tira de tripa” de lechazo, que curada al aire del Teleno (perdón, Pater Tilenus) le daba consistencia e “invisibilidad”?.( Conversación con Pepe el “raposo”, pescador de pro, e hijo de Turienzo de los Caballeros, según creo).
Para la duda queda si fueron ellos los precursores o fueron los ingleses con sus “gutes”, palabra que yo supuse autóctona de nuestro lenguaje lliones pero que resultó un anglicismo creado en la ferretería del mejicano de Astorga. Dichos “gutes” ó mejor guts (tripa de cerdo o cordero, eran hilos de seda semitransparente o nylon, en los que se ataba el saltón o la mosca y que se unía al hilo de cáñamo, dabanle así un aspecto de invisibilidad, además de una resistencia muy superior al cáñamo.
Dichos hilos, tenían 40 cm de largo, variaban su grosor y resistencia, y con el desorbitado precio de 0,25 cts., fueron los ancestros de las que hoy denominamos “hijas” o sedales que unen la mosca al hilo principal.
Y por fin llegamos a nuestras “niñas”, nuestras moscas.
La principal razón que determina que un pescador leones “adorne” su anzuelo es sin duda la comodidad. Todos hemos cazado: grillos con paja (perdón), frigáneas en la parte oscura de los arboles de la ribera, efímeras en las telas de araña, para ensartarlas en nuestros anzuelos y realmente es una pesadez. Y solo vale para una ocasión. Si conseguimos que “imitándola” valiese para varias ocasiones ya no tendríamos que andar dando saltos en los prados para coger los esquivos bichos.
¿Como imitarlas? Juanito Vergara nos dio la solución con sus plumas y con sus sedas.
¿Que plumas? En cualquier corral leones se acostumbraba a ver gallos de cinco años ó más, solo se comía este delicioso manjar una vez al año, en la fiesta del pueblo. Con lo cual, había gallos que daban miedo. Tenían “riñonadas” que parecían manos. No había aclaración genética, por lo cual no había en el mismo pueblo dos gallos iguales. Con esto, se solía decir: “el gallo de mengano es bueno para pescar”, no me sacaron de dudas cuando les preguntabas por las características cromáticas. Los más habituales eran el pardo crudo, el rubion y el negrisco. De nuestros ancestros queda la particular forma de “pelarlas”, no los gallos sino las plumas, cogiendo pequeños montones y uniéndolos con saliva.
¿Que sedas? ¿Es que todas las “Marías” leonesas tenían la colección de Gütermann en sus cestas de costura? No, categórico. Al principio dichas sedas eran las empleadas para confeccionar los “Chales”, “Toquillas” ó “Manteos” maragatos, venían de Filipinas y de la China, ó por lo menos eso es lo que decían los “charlatanes” que las vendían junto al algodón de La Habana. Lo de los colores va mas allá, me creo a “pies juntos” la historia del “ti Pilis” que nos contaba como por los años 30 bautizó dichos colores con jerga taurina que salía en los carteles de toros de la época: “ Manolete iba vestido de tabaco y oro”, “ Gallito de morado cardenal y oro” y “ Arruza de rojo rubí y oro”.
Para el segundo capitulo dejo, lo que quizá para muchos tenga mas valor, la respuesta de las equivalencias cromáticas con los hilos Gütermann, de los principales montadores leoneses: Cañinas, Granizo, Canina, Pepin Cirolin, el Farias, Matutano y otros muchos a los que pido perdón.
Moncho Jarrín. Don Suero