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Los materiales para la pesca de la trucha con mosca seca en aguas rápidas
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Confieso que, con la caña en la mano, aún me
siento algo más seguro ante un cúmulo de espumosos
rabiones, vertiginosos rápidos y fragosas cascadas,
que ante la lenta y reposada corriente libre de obstáculos
de un gran río de llanura. Digo yo que algo tendrá
que ver con ello el hecho de que mis primeros pasos con la
mosca ortodoxa tuvieran lugar en las torrentosas gargantas
de la Sierra de Gredos.
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En los ya bastantes años
transcurridos desde entonces he tenido ocasión de hablar
con bastantes pescadores a los que les ocurría justamente
lo contrario. Y es que la pesca con mosca seca en aguas rápidas
exige el uso de un material, y una táctica, adaptados a las
especiales condiciones del medio en el que se desarrolla. No quiere
decir esto que no podamos pescar en tales ríos con el utillaje
que habitualmente utilizamos, sino que nos resultará más
sencillo y gratificante hacerlo si éste reúne ciertas
particulares especificaciones.
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Entre praderas alpinas, desprovistas
de árboles, corren riachuelos de cristalinas aguas
que guardan hermosas truchas. Pescar en ellos es por si
mismo un premio, un premio al que se añadirán
las picadas de los peces si tenemos algo de paciencia
y pescamos con precisión en los pequeños
puestos en los que las truchas encuentran a la vez refugio
contra la corriente y fácil acceso a la comida.
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La ropa
Ya la orografía quebrada
y empinada de los parajes montañosos a los que la sabia naturaleza
hizo patria de ágiles cabras y ligeros rebecos pide estar
en buena forma física, y aún más tener el pie
seguro, si no queremos dejar la caña, o la cabeza, tronzada
contra un risco. La ropa debe ser cómoda, amplia, que permita
libres movimientos, y no olvidemos si visitamos la alta montaña
llevar protección contra la lluvia y el frío, aún
cuando el día amanezca soleado los cambios de tiempo por
encima de los 2.000 metros de altura pueden ser amplios, y repentinos.
Los relativamente modernos vadeadores transpirables permiten caminar
con ellos con tanta comodidad como con unos vaqueros de algodón,
y no cabe duda de que suponen un gran avance cuando se trata de
caminar varios kilómetros bajo un sol abrasador ascendiendo
fuertes desniveles. En invierno y combinados con un interior en
tejido polar también pueden ser suficientes como para afrontar
sin miedo las bajas temperaturas de unas aguas que a principios
de temporada son hielo y nieve apenas derretidos, pero en esas condiciones
el neopreno no se hace tan incómodo como cuando ya el verano
está bien asentado, e incluso puede resultar conveniente
por su gran capacidad aislante.
No soy muy partidario de las clásicas botas de pesca, pues
nos limitan el paso en multitud de puntos y obligan a lanzar desde
puestos que a menudo no son los más idóneos. Aunque
los arroyos de alta montaña no suelen ser muy profundos siempre
encontraremos pozas excavadas por la fuerza de la corriente donde
unos vadeadores hasta el pecho serán más prácticos.
Llevemos neopreno o tejidos transpirables, es importante que el
calzado sea cómodo, resistente, más bien rígido,
y con una suela a prueba de resbalones. Los vadeadores de calcetín
suelen darnos en este punto ventajas con respecto a aquellos con
bota incorporada. Las suelas de fieltro, mejor con clavos y con
talón, son las más adecuadas en la mayor parte de
las ocasiones, incluidas las placas de hielo que en la alta montaña
a veces nos vemos obligados a cruzar. Sobre este punto tengo la
experiencia cercana de un hermano que se rompió la muñeca,
y menos mal que sólo fue eso, al resbalar en una ladera helada
sobre la que yo, provisto de fieltro y clavos, acababa de cruzar
sin problemas.
De cualquier forma, y aún con fieltro, la precaución
no está de más. Más vale dar un rodeo cuando
el paso directo debe hacerse brincando sobre peñas húmedas
al borde del abismo, hay que seguir vivos para poder seguir pescando.
Las moscas
Tanto mi propia experiencia como
todo lo que he oído y leído sobre el tema coinciden
en señalar tres condiciones básicas que debe reunir
toda mosca destinada a pescar sobre aguas vivas:
- 1º - Talla - Debe ser similar o ligeramente más
pequeña a la de las moscas que veamos volar en ese momento.
Si no vemos moscas no queda más remedio que probar en diferentes
tamaños, normalmente anzuelos entre el nº 12 y el
nº 16 serán los adecuados, aunque a veces una mosca
de un tamaño exageradamente grande puede resultar muy atractiva
en aguas frías, donde las oportunidades de conseguir un
buen bocado no son demasiadas.
- 2º - Color - Si hay un insecto concreto en la superficie
del agua al que las truchas tengan fácil acceso lo razonable
será imitarlo. En el frecuente caso de que eso no ocurra,
o que no sepamos cuál es, es cuestión de probar,
por este orden, con moscas rojizas, anaranjadas, marrones, grises,
negras y amarillentas. La mayor parte de las veces alguna de ellas
será efectiva si las truchas están dispuesta a alimentarse
arriba.
- 3º - Flotabilidad - Una mosca destinada a navegar
entre golpes de agua y remolinos debe ser diseñada expresamente
para ello. Ni una vuelta de más con el hilo de montaje,
anzuelos muy ligeros, plumas de jáquel absolutamente limpias
de barbillas, pelos huecos de distintas especies de cérvidos,
gomaespumas, materiales sintéticos hidrófugos, como
el polipropileno, ligeras y grasas plumas de CDC, y otros elementos
con similar capacidad de flotación juegan un papel fundamental.
Pero incluso moscas en principio émulas del corcho pueden
acabar por empaparse tras un rato de inmersiones, lo que ocurre
particularmente cuando han sido machacadas por las mandíbulas
de alguna trucha. En estos casos lo más práctico,
por rápido, puede ser poner una mosca nueva, pero si esa
solución no nos satisface lo mejor es proceder a lavar perfectamente
la mosca en la corriente, realizar una rápida serie de falsos
lanzados, y acabar de secar posteriormente la mosca con un pañuelo
de celulosa o un trozo de yesca (se suele vender con la denominación
francesa amadou) antes de proceder a su engrasado, aunque
esto último no es siempre necesario.
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| Dos moscas muy utilizadas en multitud
de ríos correntosos de Europa son la tricolore,
a la izquierda, y la paisana, a la derecha. Aunque son
dos moscas que se montan de muy diferente manera ambas
tienen parecida silueta, con un abundante jáquel
que las dota de una gran flotabilidad y las hace muy visibles
para el pescador. |
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La forma, la silueta de la mosca, tiene menos importancia. La mayor
parte de las veces, y siempre que la talla y el color general sean
similares, pescaremos igual con un tricóptero que con una
"paisana", una "tricolor", o alguna de las imitaciones
de efímera con cuerpo barnizado y abundante jáquel
que nos propone el conocido, y veterano, pescador francés
Guy de Ricard como concebidas especialmente para la pesca en aguas
rápidas.
Es evidente que cuando la trucha debe decidir rápido si
tomar o no la mosca, si no quiere quedarse en ayunas, no puede fijarse
en detalles más sutiles que sí pueden tener mucha
importancia en una tabla de aguas quietas. Creo no equivocarme si
dijo que en una ligera ojeada es el color y el tamaño lo
que antes se aprecia, tanto más cuanto, en una mosca seca,
el resto de los detalles queda difuminado por la cambiante superficie
de las aguas movidas, que actúa como una lente fluida y aberrante,
nada fiel a pesar de la habitual transparencia de los ríos
de montaña.
| La "klinkhamer special"
es una mosca muy efectiva durante la eclosión de
tricópteros en las corrientes. Tiene la gran ventaja
de que a pesar de ir semihundida en el agua resulta muy
visible para el pescador. Si aún no la has probado
no dejes de hacerlo en distintos tamaños y colores. |
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Otra cuestión es la visibilidad que las moscas tengan para
el pescador. A menudo no es fácil distinguir el señuelo
entre las agitadas aguas, por lo que aquellos modelos provistos
de algún elemento especialmente llamativo, como las blancas
alas de pelo de ciervo de una "royal Wulff" o de una "humpy",
muy adecuados. Esto es especialmente cierto para aquellas moscas
que flotan muy bajo sobre el agua: el mechón que en la "klinkhammer
special" sirve como soporte del jáquel convierte a esta
imitación de emergente de tricóptero en una mosca
magnífica para pescar en aguas turbulentas, y podemos mejorar
la eficacia de casi cualquier mosca destinada a estos escenarios
simplemente añadiendo en su parte superior un poco de pelo
blanco, de cola de ciervo o cola de ternero, una pluma blanca de
CDC, un mechón de fibras de polipropileno de igual color...
La caña
Puesto que se trata de pescar con
mosca seca, de lanzar a poca distancia, y de pescar en ambientes
donde las truchas no suelen alcanzar tallas exageradas, no hace
falta gran potencia. Es más: cuanto más potente sea
la caña más difícil se nos hará la pesca
en corto, con más facilidad tenderemos a ir más allá
de lo conveniente. Una caña del número tres estimo
que tiene ya potencia más que suficiente para esta modalidad
de pesca.
El gran enemigo del pescador que intenta ejercer su arte en aguas
donde en apenas un metro se alternan chorros con contracorrientes
y remansos es, sin duda, el dragado. La mínima longitud de
línea sobre el agua puede bastar para que, arrastrada por
la corriente, la mosca nos ofrezca algo así como una sesión
de esquí acuático, tal vez altamente estética,
pero desgraciadamente poco efectiva (salvo excepciones) de cara
a su función de atrapar truchas, que suelen dedicar sus energías
a perseguir presas que no semejen llevar puesto un motor fuera-borda.
Los pescadores españoles de vara y línea fija, que
aún ejercen en las cabeceras de los ríos norteños,
saben bien que la solución está en posar la mosca
y poco más sobre la trucha, y para ello se sirven de cañas
de seis metros que permiten mantener en todo momento la línea
en alto y en seco.
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Una caña larga tiene
la gran ventaja, cuando de pescar de punta se trata, de
lanzando a igual distancia pone sobre el agua una menor
longitud de línea que una caña más
corta. |
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Pero, sin quitar un ápice de mérito a esta ancestral
modalidad, la pesca con vara presenta una serie de inconvenientes,
en su mayoría derivados de la gran longitud de la caña,
que la convierten en poco práctica en algunas ocasiones y
en menos divertida que la pesca con caña corta y línea
pesada, para mi particular gusto, el resto del tiempo.
Seis metros son demasiados, pero es bien cierto que una caña
más bien larga tiene algunas ventajas sobre las más
cortas a la hora de ejercer en aguas rápidas, como son:
- 1º - Pescando el mismo punto desde la misma distancia el
"vientre" de la línea es menor, por lo que es
menor también la longitud de la misma que toca el agua,
y consecuentemente es menor el riesgo de que la línea sea
arrastrada por una corriente con diferente velocidad a la de aquella
sobre la que está la mosca, lo que ocasionaría el
fatídico dragado.
- 2º - Poniendo sobre el agua la misma cantidad de línea
la caña larga permite pescar desde algo más lejos,
y nos da un mayor control sobre la mosca.
Se suele añadir que una caña larga permite clavar
con más rapidez, y desde más lejos, que una caña
corta. Lo segundo no tiene demasiada importancia en aguas verdaderamente
rápidas, en las que lo habitual será no pescar a más
de seis o siete metros, y lo primero, a esas distancias, depende,
más que de la longitud, de la rigidez de la caña,
rigidez que es comparativamente menor cuando la caña es más
corta.
Ahora bien, si la longitud de la caña puede tener su importancia
igualmente importantes son otros factores, como la ligereza y la
precisión a corta distancia, que son atributos más
frecuentes en las cañas cortas (digamos que de 8 pies) que
en las cañas largas (digamos que de 10 pies). Que una caña
corta suele ser más ligera que una caña larga es algo
que no tiene vuelta de hoja. Su teórica mayor precisión
pescando en corto se debe simplemente a que una menor longitud de
la caña implica una mayor longitud de la línea para
alcanzar un punto situado a similar distancia, y aunque esa longitud
añadida es de sólo unas pocas decenas de centímetros
su presencia o ausencia se nota mucho cuando pescamos con poco más
que esa cantidad de línea fuera de la caña. Y, además
de que algo más de línea en el aire permite cargar
mejor la caña y facilita el lanzado, su peso añadido
impide que, cuando ponemos la caña vertical, el peso del
tramo de línea que va desde al carrete a la punta de la caña
tiré de la línea que está fuera de la caña,
haciendo que se deslice hacia detrás y acabé a nuestros
pies, acabando la mosca habitualmente enganchada en la anilla puntera.
Este fenómeno, que yo llamo "retraimiento", es
bastante molesto, y puede repetirse con demasiada frecuencia cuando
pescamos a muy corta distancia, lo que en el argot mosquero solemos
denominar "de punta", y utilizamos una caña larga
y una línea con una superficie muy deslizante.
La línea
Pescar en corto pide una línea
con unas características en algún punto opuestas a
las de una línea que sería ideal para pesca a larga
distancia. Haciendo mención de nuevo al "retraimiento"
ya he comentado que una línea que se escurra a través
de las anillas como el hielo, perfecta para lanzar a treinta metros,
se deslizará hacia atrás con irritante frecuencia
cuando pesquemos de punta. Es mucho más adecuada una línea
de superficie algo rugosa, menos resbaladiza, con un mayor factor
de rozamiento.
| Cuando ponemos la caña
vertical con sólo una pequeña longitud de
línea fuera puede ocurrir que el peso de la línea
muerta (Lm) sea mayor que el peso de la línea activa
(La) más el rozamiento de la línea contra
las anillas de la caña (básicamente contra
la anilla puntera). Si eso ocurre, la línea muerta
arrastrará a la línea activa hasta que la
mosca quede enganchada en la anilla puntera, lo que aunque
no es grave sí es sumamente molesto cuando se repite
una y otra vez. |
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El lanzar con muy poca línea fuera de la caña significa
contar con muy poca masa para impulsar la mosca. Las líneas
normales, ahusadas, tienen además menos masa justo en su
extremo, lo que está muy bien cuando se lanzan bastantes
metros de línea, pues ayuda a posar con más suavidad
y facilita el control en esos largos lanzados, pero no sirve para
nada cuando pescamos de punta, sino es para facilitar que el mayor
peso del tramo de línea posterior arrastre hacia detrás
el extremo de la línea, el bajo de línea y la mosca.
En estas condiciones lo más adecuado es utilizar una línea
con perfil paralelo, que además al tener comparativamente
más masa en sus primeros centímetros ayudará
a notar mejor el peso de la línea durante el lanzado. También
podríamos utilizar una línea uno o dos números
más pesada que aquella para la que la caña ha sido
diseñada, y cuando se trata de pescar con dos o tres metros
de línea es una buena solución, pero tengamos en cuenta
que cuanto más pesada sea la línea más fácil
es que ocurra el molesto "retraimiento". Por otra parte
una línea ligera se posa con más suavidad y tiene
una mejor relación peso/superficie, por lo que se mantienen
con más facilidad sobre la superficie del agua y ello nos
permite levantarlas con la máxima discreción y el
mínimo esfuerzo.
El problema de las líneas ligeras es la facilidad con la
que son arrastradas por el viento. En este aspecto las líneas
de seda natural, más densas y por tanto más finas
para un mismo peso, son preferibles a las líneas de plástico.
Otras ventajas adicionales de las líneas de seda para la
pesca con mosca seca en aguas rápidas son:
- 1º - Si flotan es únicamente gracias a las grasas
de las que van impregnadas, por lo que siempre lo hacen sobre
el agua, sostenidas por la tensión molecular de la superficie.
Esto significa que no llegan a mojarse y son arrastradas con menos
facilidad por las corrientes, lo que disminuye el dragado de la
mosca. Esto también nos ayuda en el momento de levantarlas
del agua con el mayor sigilo, y simplifica las correcciones de
línea (mending).
- 2º - Su superficie está menos pulida que la de la
generalidad de las líneas sintéticas, esto es una
desventaja cuando se trata de hacer largos lanzados, pero es una
ventaja cuando se pesca de punta porque disminuyen las posibilidades
de "retraimiento" de la línea.
En resumen: una línea de seda natural, fina, de perfil paralelo,
es la idónea para pescar con mosca seca en los tramos más
altos y empinados de los ríos trucheros. La clásica
Robinson AA es seguramente la más utilizada por los pescadores
españoles y franceses aficionados a este tipo de pesca. A
mí también me ha dado buenos resultados una vieja
línea sintética del número 3, DTF, convertida
en línea paralela mediante el simple método de cortar
los primeros metros, aquellos en los que el perfil es decreciente.
El bajo de línea
Cuando el río se desploma
en rabiones espumosos, rompiendo contra grandes rocas redondeadas
por la fuerza del agua, las truchas ocupan puestos bien marcados,
a menudo no mayores que un pañuelo, allí donde la
corriente se atempera. Colocar la mosca en una superficie de veinte
centímetros cuadrados de agua relativamente tranquila rodeada
por rápidas corrientes exige precisión absoluta, precisión
que sólo un bajo de línea rápido y más
bien corto puede ofrecernos. El problema de este tipo de bajos es
que cuando pasamos de pescar de punta a pescar en corto, que es
como decir que pasamos de colocar en el agua la mosca y pocas decenas
de centímetros del terminal a poner sobre el agua todo el
bajo de línea y el extremo de la línea, esa rapidez
es contraproducente: el bajo se estira como un alambre y cualquier
corriente rápida que se cruce en su camino tira de él
y ocasiona el inmediato dragado de la mosca.
Este es un problema habitual en muchos pescadores que no son capaces
de adaptarse a lo que la pesca de punta implica: sigilo absoluto
para acercarse lo más posible a los puestos de las truchas,
y lanzar con la caña en alto poniendo sólo los primeros
centímetros del bajo de línea sobre el agua. Hay un
refrán español que dice: "para no dragar, pesca
con la siguiente maña: poca línea en el agua y bien
alta la caña".
En los tramos más altos de muchos ríos es frecuente
que se formen a modo de escaleras naturales por las que la corriente
se desploma en una rápida sucesión de pequeñas
cascadas y pozas. Las truchas ocupan a menudo el borde de los escalones,
allí donde la profundidad disminuye y la corriente comienza
a acelerarse. Pescar de punta con el brazo extendido, la caña
en alto, y colocando en el agua sólo la mosca y la menor
cantidad de bajo de línea de que seamos capaces, es aquí
casi la única forma de evitar el inmediato dragado de la
mosca.
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| Todo ha ido bien, y una trucha,
engañada por nuestra mosca, asoma al fin
entre las movidas aguas. |
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Si la pesca de punta se nos atraganta, lo que ocurre más
a menudo de lo que pudiera pensarse, pescar en corto también
es una solución en aguas rápidas, pero en este caso
las características del bajo conviene que sean distintas:
mayor longitud, menor rapidez, y un terminal más largo y
más fino que el utilizado para pescar de punta. Eso nos restará
algo de precisión, pero permitirá posadas más
suaves de la mosca y, sobre todo, que el bajo de línea caiga
menos estirado, lo que nos dará más tiempo antes de
que se produzca el dragado, permitiendo efectuar las necesarias
correcciones de línea para aumentar la distancia de deriva
natural de la mosca. Este bajo de línea más "civilizado"
conviene para pescar las "costuras" de las corrientes
y los remansos situados en la orilla opuesta del río desde
una distancia prudencial.
El carrete
Con tal de que no se rompa al décimo
golpe, que sea ligero, y que no muerda la línea, cualquiera
sirve. Mejor si tiene un freno de disco suave y silencioso, no me
parece muy adecuado andar durante horas para llegar a un idílico
arroyo de montaña y una vez allí acabar con la paz
del lugar con el estridente sonido de esa especie de carraca que
son algunos carretes con freno simple dentado.
Alejandro Viñuales. -Ordiales-
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