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IV Quedada ConMosquera
El sábado 25 de julio pasado de nuevo un grupo de
conmosqueros nos reunimos para disfrutar de una de las ya clásicas
“quedadas mosqueras”.
En esta ocasión la quedada es la famosa “quedada a las
ignitas” que, por tercer año celebramos en aguas del rio Gallo en el tramo
sin muerte de Cuevas Labradas.
Noticias nada halagüeñas pusieron
en peligro la celebración de la jornada, pues meses atrás se hablaba de un
pésimo estado de las aguas del rio Gallo. Pero tras leer el estudio que
APCR realizo no hace mucho sobre la calidad de sus aguas y, tras
inspeccionar el rio en propia persona, comprobamos que el rio tiene buen
caudal, buena calidad de agua y, lo mejor, buena población de truchas, con
lo que aventurábamos una buena jornada de pesca.
Sobre las 14 horas casi todos estábamos en el punto de
reunión, unos recién llegados y otros que madrugaron y estuvieron pescando
zonas aledañas, por desgracia las noticias no son positivas y la mayoría
de los que han pescado la mañana se vienen bolos o tan solo con la
muestra.
Muchos participantes no conocían el rio Gallo y miraban
admirados la buena cara que tiene, con sus aguas transparentes y su lecho
tapizado de ovas meciéndose al compas de la corriente y, quizás quizás esa
esquiva trucha que colea bajo el filo de la ova o aquella otra de la
orilla de enfrente camuflada en la sombra de la sobaquera, tiempo habrá
para presentarlas una de nuestras imitaciones de moscas.
Saludos y presentaciones pues muchos no se conocían entre
sí, tan solo de “forear” en ConMosca. En ello estamos cuando aparece
Pablo, un pescador ajeno a la quedada que resulto ser también conmosquero,
“Pablote” y que al ver el ambiente se une a nosotros.
Rápidamente preparamos el campamento, con mesas y sillas,
neveras a la sombra y melones al agua. El calor es intenso como demuestran
las cigarras que no dejan de cantar, lo aplacamos con cervecitas bien
frías y una empanada casera de aperitivo.
Disponemos la comida sobre tres mesas de camping que
apenas son capaces de albergar tal cantidad de viandas y aparecen botellas
de buenos caldos vinícolas. Saciamos nuestro apetito dando buena cuenta de
todo el menú y tras ello postre en forma de melón y sandia.
La comida finaliza y da comienzo la tertulia que se
vaticina larga, pues el sol y las altas temperaturas aconsejan dejar pasar
las horas de calor e iniciar la pesca al atardecer. La tertulia se ameniza
con cafés, chupitos del ya famoso “orujito del pescador” y refrescos más o
menos alcohólicos. Aparecen cajas de moscas y variados montajes secretos y
efectivos con comentarios dispares sobre ellos. Vamos comentando diversas
experiencias de pesca de cada uno por toda la geografía nacional, de
“mocos de roca” y “mejillones cebra”, de mil “yo haría” que siempre se
disuelven en el aire como humo de hoguera y, cómo no, comentarios sobre
los foros de ConMosca y diversos pareceres.
Empujados por la ganas de pescar de los más inquietos y
pese al calor reinante, nos enfundamos en vaders y chalecos, armamos cañas
de pesca y nos repartimos por los más de 15 kmtrs que tiene este tramo sin
muerte, bien solos, bien en parejas incluso en tríos. Yo, que conozco el
paño de la tela me llevo una botella de agua congelada y, acompañado de
José “Novato” y Paco “Pacobis” nos encaminamos a uno de mis tramos
preferidos que, curiosamente y como todo se sabe es de los preferidos por
otros compañeros. Unas corrientes y chorritos que muchas veces me
depararon capturas.
Observamos apenas un par de tricópteros canelas dando
botes por el agua y otras tantas efémeras color carne ascendiendo a las
alturas. Cada uno de nosotros anuda al
bajo imitaciones diferentes, trico de ciervo, de pluma de león y olivita
de verano en parachute son las elegidas. Al final los resultados son
pobres con una u otras imitaciones y, esas corrientes que en ocasiones
anteriores me premiaron con buenas capturas, tanto en cantidad como en
calidad en el presente nos deparan media docena de subidas a las moscas de
truchas pequeñitas con el resultado de un par de capturas de alevín de
trucha.
El atardecer nos acoge y es hora de buscar aguas más
tranquilas y alguna cebada de trucha esquiva. Vamos compartiendo lances y
posturas que pese a ser muy atractivas no nos premian con capturas.
Durante uno de mis turnos de pesca observo una clara
cebada, rápida pero clara, pegadita pegadita a los juncos de la orilla
contraria, se lo comento a mis compañeros. Dos tirones al bajo de línea,
una gotita de silicona a la mosca y un buen soplido y tras cuatro
sigilosos pasos de acercamiento realizo un preciso lance metro y medio por
encima de donde la trucha se cebo. La picada es fulgurante, abocar la
imitación y lanzarse de cabeza bajo las ovas es todo uno, pero yo ando
precavido, sabedor de cómo se las gastan estas truchas. Tirón y caña en
alto (si, si, caña en alto), recogiendo línea rápidamente evitando dejarla
laxa para que la trucha no tenga opción a meterse bajo las ovas. La trucha
chapotea una y otra vez y pese a su oposición la voy acercando a mis
manos, ya próxima a mi relajo un tanto la tensión en espera de que Paco
“Pacobis” se acerque, saque la cámara fotográfica y se prepare, tras su ok
me llevo la trucha a las manos y trato de posar con naturalidad para
inmortalizar el momento. Tras ello devuelvo la libertad a la trucha que
rápidamente huye y se esconde bajo las ovas.

Es turno de Paco “Pacobis”, y mientras lanza observo una
nueva cebada apenas ocho o diez metros aguas arriba de donde yo conseguí
la captura, se lo indico y trata de estirar el lance para conseguir posar
en el lugar indicado, por desgracia al ejecutar un lance trasero la mosca
se le engancha en las ramas de un árbol.
-Lánzale tú, José. Mientras yo resuelvo este
problemilla.-
José lanza al punto indicado, efectúa una posada correcta
que se ve recompensada con una explosiva picada, clava rápidamente y la
trucha se lanza posesa a las ovas donde enreda el bajo y se libera.
-¿Y, eso? ¿Has visto?.-
-Ya te dije que aquí no hay que darlas ni una sola
concesión que te la lían.-
Aun asombrado por lo ocurrido sigue lanzando a nuevas
posturas.
El anochecer nos acoge llegando a una tabla querenciosa,
buenos serenos me ha deparado el lugar, pero en el presente ni hay una
gran eclosión ni, por desgracia, hay cebadas a la vista.
Nos repartimos por la larga tabla en espera de cebadas
que no aparecen, no me gusta nada como está la cosa y presagio que no va
ha haber sereno.
Desando el camino y me pongo a pescar una tabla que nos
negó capturas. Me meto en el agua y espero tranquilo, observando el agua y
el monte que me rodea. Escucho varias veces el ronco ladrido del corzo, en
esas estoy cuando observo una gran cebada muy cercana a mí en la orilla
contraria, bajo unas zarzas colgantes.
Despacio, tranquilamente poso mi emergente de Ignita, veo
el penacho de c.d.c. deslizarse aguas abajo y al llegar bajo la zarza el
agua explota en una brutal cebada. Clavo fuertemente, tenso la línea pero
no lo suficientemente rápido como para que la trucha no se meta bajo las
ovas. No me lo pienso, sin dejar de tener tensión en la línea pero sin
forzar demasiado me acerco donde el bajo se sumerge en las aguas, tanteo
con las manos y sigo el nylon aguas abajo, allí, entre las ovas toco a la
trucha, aprisiono con el sobaco la caña y, ahora con las dos manos agarro
la trucha que pese a sus rabotazos no consigue escapar, saco del agua
trucha y ovas y, en la acción se rompe el bajo. La trucha es hermosa, de
más de dos palmos (a ojo de pescador que bien pudiera ser de palmo y medio
a ojos de espectador), preciosa, desclavo la mosca que lleva prendida en
el morro y lamento no tener la cámara fotográfica. La devuelvo a su medio
natural, las aguas de este maravilloso rio Gallo.
Ya es muy tarde, la oscuridad es total, con la ayuda de
la luz de mi frontal encuentro una gatera entre los cañizos de la orilla
para salir del agua. Cerca del rio, tras un pequeño trecho monte a través
la pista forestal.
Veo como se acercan dos puntos de luz, Paco y José.
-¿Paco, que tal?-
-Mal, una pequeñita-.
-¿Y tú, José?-
-Una trucha mediana y dos que no he conseguido clavar.-
-Vete a por el auto que nosotros vamos subiendo andando
hasta el campamento.-
Tras el recodo de una cerrada curva de la pista se ven
las luces de los faroles del campamento y según nos acercamos escuchamos
risas y charlas.
El campamento está muy animado, casi todos han llegado
ya, cuentan mil anécdotas de la jornada y la tónica general son las pocas
capturas, una, dos, es la media de lo capturado por cada uno.
Nos cambiamos de indumentaria y calmamos la sed con las
cervezas bien frías.
Preparamos la cena. En esta ocasión le toca al señor
Humberto hacer de cocinero. Gambones a la plancha y parrillada de carnes
variadas que sacian nuestro apetito. Melón, sandia, tarta de queso…. No se
puede pedir más.
Tras la cena hora de charlas, de chupitos y pelotazos.
Los hay que se privan de tomar alcohol pues tienen que volver a casa,
quienes nos quedamos a dormir en el rio no nos ponemos trabas.
El momento es muy agradable, bien entrada la noche, con
las estrellas por techado, agrupados alrededor de los faroles que atraen a
un doquier de insectos, vamos charlando de mil y un temas relacionados con
esta pasión que es la pesca a mosca, trasegando cubatas y escuchando
relatos que nos hacen imaginar un mundo irreal lleno de ríos míticos
henchidos de truchas que pescar.
Son las cuatro de la mañana y quien relata está agotado,
tras un saludo a todos se escusa y se encamina a su pequeña tienda donde
le acoge su colchón y saco de dormir. Buenas noches a todos.
Asomo la cabeza fuera de la tienda a las nueve de la
mañana. La gente anda trajinando. Los más madrugadores ya se fueron a
pescar de nuevo, a lo que parece soy el ultimo en levantarme.
-Ya está bien, como duerme el señor. Vaya ronquidos que
dabas, no nos has dejado dormir.-
-¿Yo? Vamos anda, el de la tienda de mi izquierda
(Humberto), ese sí que roncaba que le he oído yo.-
-Si, si, él y tu, vaya dos.-
- Voy a hacerme un café que yo sin tomar café no soy
persona.-
Desayunando me proponen planes de pesca para la mañana…
pero uno recuerda que le prometió a la mujer que antes de comer estaría en
casa, con lo que mi respuesta fue negativa.
Recojo los trastos de la “pernocta acomodada”, en el
campamento se recoge la basura minuciosamente para dejar la zona en el
mismo estado que nos lo encontramos o mejor si cabe y, una vez desmontado
y recogido todo, saludos a los compañeros que aun hacen por que me quede a
pescar con ellos, la negativa es mi respuesta.
Vuelta a casa en compañía de Paco “Pacobis”, le dejo en
su residencia y para casita.
En otros relatos he recalcado las capturas obtenidas por
cada compañero de pesca, en esta ocasión no será así. Como dije pocas
capturas fue la tónica y, la mañana del domingo tampoco fue mejor, pero
esto apenas empaña el resultado satisfactorio general de la ”quedada”.
Dar las gracias a,
José Luis “Truchaverde”, Gabi
“Trucharoja”, Tomas “Tomas”, Humberto “Hptr”,
José Ramos “Novato”, Paco “Pacobis”, Mariano
“Perito”, Edu “Edumosquero”, Chano “Chano”,
Mario “Sorbeyjarma”, David “Daviss” y Pablo
“Pablote”.
Por haberme acompañado en esta “Quedada mosquera”, y por
haber disfrutado de su camaradería y compañía.
Un saludo a todos y nos vemos en una nueva “Quedada
mosquera”, que si el tiempo no lo impide será ya en los albores del mes de
octubre acogiéndonos las aguas del mítico rio Tajo.
Lasmoscasdepaco
Mi primera quedada Mosquera
Lejos queda el tiempo en el que un grupo de amigos del
canal “#moteros” del IRC Hispano quedábamos para pasar el día y hacer
alguna ruta de montaña con las motos. Recuerdo aquella época de locura con
cariño y nunca olvidaré los buenos momentos y sensaciones que viví.
Conocí gente fantástica, de la que guardo un recuerdo
imborrable.
Hace un par de semanas estaba planeando una salida de
pesca con mi señora (que nunca me falla; ¡gracias cariño!) por el Alto
Tajo, y pregunté en el foro de “ConMosca” sobre el estado del rio y sus
truchas.
“LasmoscasdePaco” no tardó en darme explicaciones y
recomendarme algún tramo para pasar la jornada, lo cual es de agradecer en
este egoísta mundo de la pesca. Los pescadores que practicamos (y me
incluyo) el captura y suelta, solemos ser menos “imprecisos” con las
indicaciones referentes a nuestros destinos de pesca, moscas utilizadas y
experiencias en general. Un “pescadero” nunca te dirá por donde andan las
pintonas.
Al poco de agradecer a “LasmoscasdePaco” su generosa
información, recibo una invitación de este para asistir el mismo sábado a
una quedada en el rio Gallo con la gente del foro de “ConMosca”.
Lo que iba a ser una salida con mi señora estaba tomando
otros derroteros mucho más oscuros…. ¿Cómo se lo digo?... ¿Me echará los
perros?... Buff… Comienzan los nervios… Hace tanto tiempo… Gente nueva…
Después de una tranquila conversación con la parienta (en
serio, fue tranquila; ¡gracias cariño!), me firma el pase pernocta y
comunico a “LasmoscasdePaco” mi asistencia al evento. A las 10:00 en la
N-II. Perfecto.
Dos horas y media de viaje, con parada en el Km 103,
donde conozco a cuatro integrantes del foro de “ConMosca” que venían
detrás de nosotros. Nervioso todavía, voy entrando en las conversaciones…
me lo ponen fácil, pues solo hablamos de pesca a mosca…
Llegamos al rio, en medio de un entorno precioso, y lo
primero que hace “LasmoscasdePaco” es sacar una mesa plegable y poner
encima una caja de moscas donde están las cinco moscas preferidas de cada
uno de los asistentes habituales a las quedadas. Cada cual con su cartel
indicando su nombre y a quién pertenece. He de reconocer que ese detalle
me impresionó bastante.
Como mi inscripción a la quedada fue a última hora,
solamente tenía como encargo llevar algo de iluminación para la noche, lo
cual cumplí llevando una lámpara de leds que hizo su función. Los que
tenían encargado el tema de las viandas, comenzaron un despliegue digno
del asalto a Troya, con una organización impecable. Viandas en las mesas
(muchas viandas), sillas desplegadas alrededor, bebidas fresquitas, hielo…
¡¡A charlar!!
Desde las 12:00 que llegamos, hasta las 18:00 que nos
pusimos a pescar, fue uno de los coloquios en los que más he disfrutado
desde hace mucho tiempo. Comiendo, bebiendo y hablando de pesca… ¿alguien
da más?
Las sensaciones ya se van pareciendo a las de las
quedadas moteras…
¡¡Ostias!! ¡No he llamado a la parienta para darle
novedades! ¡¡JODER!! ¡No hay cobertura!
Gracias a que en Cuevas Labradas hay un bar con teléfono
y pude mantener el contacto. Si no, no sé que hubiera pasado…
¡A pescar!
Cada uno elige un tramo de rio y se pone a ello. Hace
calor, así que comenzamos pescando las corrientes con tricópteros rubiones
claros. Nada. Actividad nula.
De 18:00 a 19:00 ni una sola cebada. Ni una sola subida.
Me resisto a poner la ninfa, pues la cantidad de algas que pueblan el rio
me hacen intuir que no tengo suficientes ninfas en mis cajas.
Hago una parada y decido ir a conocer el puente de San
Pedro, en el rio Tajo, que está muy cerca. Impresiona el Tajo por estos
lares. Veo alguna trucha desde el puente de tamaño pequeño, pero en el
tajo tampoco hay actividad en superficie.
Después de conocer el Tajo, decido volver al Gallo para
ver si las truchas han dejado sus escondites. Me quedo en un tramo que no
hay nadie, donde el rio parece discurrir con un poco más de velocidad.
Sentado en la orilla, veo aparecer las primeras efémeras ignitas de color
oliva, elevándose al cielo atravesando los rayos de luz que el sol
proyecta entre los árboles. Son las 20:15, y de repente, la primera cebada
que veo en todo el día. Me resisto a meterme al agua. Quiero ver si la
trucha se ha puesto y eso me lo dirán sus próximas cebadas. Al momento,
otra trucha se ceba a unos tres metros de la anterior. Parece que esto se
anima!
Las cebadas se suceden, y decido meterme para ver si
engaño alguna. Ato una emergente de Ignita oliva en CDC en un 16, la cual
me rechazan dos truchas. Tras maldecir mi suerte, la cambio por un imago
de Ignita de tonos rojizos en un 20, pues ya he visto volar alguna de ese
color. Un lance, dos lances… Choofff!!! ¡La tengo!
Tenso y compruebo que en milésimas de segundo la trucha
ya está en el fondo del rio, habiéndole dado tiempo para hacer un nudo de
barril perfecto con las ovas. ¡Increible! Con paciencia y rezando para que
mi 0,12 aguante, consigo sacarla poco a poco y meterla en la sacadera.
¡Menos mal!, por lo menos ya no me voy bolo.
Es una trucha pequeña con muchos ocelos, pero que me da
la satisfacción de saber que esta noche, a pesar de tener que dormir en el
coche, voy a dormir bien recordando este momento.
La falta de luz, cada vez más acusada, y el pequeño
tamaño de mi imitación, me impiden ver su deriva con claridad a tan solo
cuatro o cinco metros, así que decido cambiarla por una igual, pero de
tonos oliva claro.
Lanzo ahora en una corriente libre de algas, pegado a una
orilla, pues no ha habido nuevas cebadas desde el revuelo de la anterior
captura, y sube otra trucha a la que siento al otro lado de la línea, pero
casi inmediatamente, se suelta y me deja con un par de narices. La
carencia de luz aumenta por momentos, y tengo que cambiar la mosca de
nuevo para poder “intuirla” en la oscuridad. Pongo un tricóptero de cuerpo
de faisán con el tejadillo de gallo en color crema claro (casi banco) y
hackel rojizo en un 14.
Mientras cambio de mosca, ya con el frontal encendido, se
suceden una serie de cinco o seis cebadas espectaculares, y llamo a
“Pacobis” que se encuentra rio abajo, a unos cincuenta metros, para que lo
intente con las truchas de esta tabla, ya que le oigo decir que más abajo
no se mueven nada.
“Pacobis” lo intenta, pero nada. Ni siquiera un amago.
Pasa la mosca por la vena de la corriente, justo encima donde hace treinta
segundos se ha cebado una buena trucha, una vez, dos veces, tres… Nada.
Me dice que lo intente yo, que ya tengo atado mi
tricóptero crema. En lugar de intentarlo donde acaba de fracasar la mosca
de “Pacobis”, lo intento en otra zona donde también se han cebado no hace
mucho, y ¡zas! primer lance y la toma. Me pilla un poco de improviso, y
doy el cachete demasiado fuerte, con el que pierdo trucha y mosca. Me
maldigo a mí, a la trucha, al bajo de línea y a todo lo que en ese momento
se me pasa por la cabeza. Mientras cambio el bajo de línea y ato otro
tricóptero, “Pacobis” sigue intentándolo, pero las pintonas hacen caso
omiso de su mosca. Con el nuevo tricóptero en mi línea, lanzo de nuevo a
la corriente donde hace unos minutos subió la que me robó la mosca, y voy
pescando poco a poco orilla arriba, y a un par de metros, tras cinco o
seis lances, me sube otra trucha a la que falló estrepitosamente. ¡No
puede ser que se me vayan tantas truchas hoy!
Ya no veo la mosca y estoy pescando de oído, aunque las
cebadas hace tiempo que han parado.
Toca desmontar todo, cambiarse de ropa, y a ver que ha
preparado esta gente para esta noche. Estoy cansado y creo que me voy a ir
pronto a la cama.
Ya en el campamento, sobre las 22:00 de la noche, vamos
llegando los más rezagados. Algunos compañeros están cambiándose de ropa,
y otros preparando las viandas para la cena. Vamos preguntándonos unos a
otros que tal ha ido la jornada, en lo que parece un baile de luciérnagas,
pues a ninguno se nos ha olvidado el frontal. Unos regular, otros peor…
excepto “Pablote”, que fue quién batió todos los records, clavando catorce
truchas, el comentario general es que no ha habido sereno; al menos un
sereno digno de este magnífico rio.
Cada uno en su silla, excepto “Humberto” que fue quien
preparó la fabulosa parrillada (¡gracias Humberto!) pegándose una paliza
de miedo, vamos degustando el menú mientras se comenta la jornada.
Durante la sobremesa, tuve el placer de escuchar a
“Chano” contando algunas de sus experiencias con diferentes materiales, de
las cuales saque conclusiones muy valiosas, al menos para mí, y oí hablar
por vez primera de las “microrings” y cuál es el uso que se le da en la
pesca a mosca.
Después, empiezan a moverse los cacharros, y comienzan
las discusiones: “¡La pesca a ninfa no es pesca con mosca!”, “¡Eso es
igual que pescar a cebo!” “¡Cómprate una caña de seis metros y le atas las
ninfas!”
Una tras otra, las conversaciones van surgiendo como de
un pozo sin fondo, y no es posible estar a todos los frentes. No hay nadie
aburrido.
Se va alargando la noche, hasta que los primeros se van a
acostar. Poco a poco, van quedando menos, y al final solo quedamos Tomás y
yo… ¡hablando de toros! que hemos descubierto que también tenemos esa
afición en común.
Tuve agradables conversaciones con muchos de ellos,
aunque no con todos los que me hubiese gustado, pero espero poder
disfrutar de sus experiencias en próximas quedadas.
Definitivamente, esta jornada me ha dejado tan buenas
sensaciones como las quedadas moteras.
David García
Casado.-Daviss- |