Enviado el Miércoles, 07 de julio de 2010 a las 08:00:00
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Pesca a la polaca
Dice el proverbio que piensa más un necesitado que cien
abogados. Y puedo afirmar que la pesca a la “polaca” nació de
la carencia de medios. Karen Krivanec en su breve historia de la
pesca a la polaca (ver www.czechnymphs.com) nos habla de un
encuentro en el que algunos pescadores, ante la falta de líneas, usaban un
nylon para pescar en corto. Pero la historia se repite en otros puntos. En
España, durante los años 70 y 80, la falta de información de muchos
aficionados les llevó a crear sus propios sistemas, nacidos a partir de la
clásica pesca con cebos naturales. Por entonces era fácil encontrarse con
aficionados que sin lance -o lo que hoy podemos conocer como tal- pescaban
al toque. Su aparejo básico se componía de dos moscas ahogadas y un bajo
lastrado con plomillos. El cambio era simple: usando una caña de mosca
pescaban al tiento. Pero nadie podía contrastar la eficacia del método,
nos faltaba un experiencia común (la competición) para medir su
eficiencia, algo con lo que si contaban los países llamados por entonces
del Este. Recordemos que por aquellos años el deporte era una de sus
demostraciones de poder.
Ryszard Wojdyla
No se puede negar
que 1a pesca así realizada es tremendamente productiva, los señuelos pasan
por lugares donde las truchas se sienten seguras y toman, sin apenas
selectividad, toda clase de alimentos. Algunos de nuestros interlocutores
1a han comparado con la técnica que trajeron los italianos a tierras de
León, que consistía en pescar con un aparejo de ninfa muy lastrado en el
que el plomo va embutido en un tubo de plástico; y sin llevarnos a
engaños: la filosofía es la misma. Y me atrevo a decir más, cuanto más
peso en el fondo mejor se nota la picada. Es un principio básico de la
pesca: a mayor tensión en el nylon más rápidamente detectaremos cualquier
vibración que se produzca sobre él.
Pablo, Pascal y Manuel durante el rodaje del
vídeo
Pero como ya he comentado en otras
ocasiones, la pesca evoluciona gracias a que cada pescador le da un nuevo
matiz. Entre la primera visita de Ryszard Wojdyla hace unos quince años y
su segunda hace unos meses, sus técnicas habían variado poco. Algunos de
los que lo vieron en ambas ocasiones encontraron que su método se
había quedado obsoleto, y que sus ninfas tenían pocos cambios de
forma y tamaño. Por el contrario, las cosas habían variado mucho durante
esos años en nuestro país, las técnicas han evolucionado y son mucho
más sofisticadas. Partiendo de las bases dadas por Ryszard los pescadores
las habían adaptado a nuestras aguas y les han dado un estilo
personal.
Cañas
En teoría, la pesca a la polaca es una pesca en corto
(algo muy discutible) y una solución, en principio, es el uso de caña
larga. Pero si la pesca a la polaca se comparte con otras técnicas, lo
mejor será que la longitud y potencia de la caña se adapte a todas las
modalidades que podamos emplear en el río. Cada año las cañas largas
tienen menor peso y mejores acciones, hace un par de años eran ideales en
9 pies, las pocas que había de 10 eran excesivamente caras o pesadas. En
la actualidad los modelos usados están en 10 pies o incluso en 10,3 y 11.
A cada pescador le gusta un tipo de acción y lo mejor será testarlas. La
caña a usar no debe ser ni dura ni blanda. Las cañas blandas lanzan los
pesos con menor precisión, y en la pesca a la polaca las ninfas deben
entrar en lugares prácticamente inaccesibles. Sí es dura en exceso, algo
improbable con esas medidas, romperá las puntas de nylon con facilidad,
tanto al clavar como durante la pelea. El peso es otro factor importante,
elija cañas ligeras, tras un buen rato de pesca cualquier caña se
convierte en pesada.
Bajos de línea
El concepto de bajo de línea varía de los de seca. El
bajo puede ser simplemente un tramo de nylon o estar compuesto de una
cabeza ahusada a la que se añade una punta algo más fina. Su longitud
forma parte de las técnicas usadas por cada pescador, pero lo más
importante es que la línea no intervenga en absoluto, o lo haga lo menos
posible. Su peso no puede” tirar” o absorber el bajo hacia el interior de
la caña. Los nudos del bajo deben reducirse al máximo, son puntos débiles
que dificultan la salida de las ninfas. El problema de visión del nylon se
reduce por completo haciendo uso de los nuevos marcadores de nylon
llegados del mundo de la pesca al coup.
Marcadores de línea. Con ellos podemos sustituir los diversos
nylons en colores
La colocación de las ninfas
tiene diferentes opciones. Hay quien, si puede, coloca tres: la más pesada
en el medio del aparejo dando el nivel, una segunda que podemos llamar
rastro y que pesca cerca del fondo, arriba y pescando a cierta distancia
nos queda la ninfa de punta. Algo más práctico, ya que no produce tantos
enganches, es el aparejo compuesto por dos ninfas: una pesada en la parte
inferior y otra colocada unos centímetros más arriba. Los codales tienen
entre 6 y 8 cm. mientras que la distancia entre moscas esta marcada por la
profundidad del lugar de pesca. El aparejo se completa con ninfas de
distintas especies, colores y tamaños para cubrir así un mayor espectro de
imitaciones.
Líneas
Si la pesca a la polaca no se compartiera con otras
técnicas, habría que cambiar el concepto sobre las líneas. La pesca con
mosca ha tomado de la pesca con cebo una de sus variantes y nada cuyo peso
tire o absorba del bajo debe ser empleado para pescar. Usamos líneas
porque combinamos varias técnicas y a veces mezclamos los lances de mosca
(usamos el peso de la línea para lanzar el señuelo) con lances de lastre
(usamos el propio peso del señuelo para lanzarlo). Hay ciertas
diferencias. Se han diseñado líneas sin peso, puntas para colocar entre la
línea y el aparejo, todo vale con tal de que no pese. Incluso las líneas
convencionales con bajos muy largos.
Acción de pesca
La acción de pesca es en esencia la misma, pero varía de
unos pescadores a otros. El principio básico es el de la pesca a cebo
corrido: hacer que los señuelos pasen a la velocidad de la corriente.
Habrá que recordar que el rozamiento en el fondo es superior al que se
produce en superficie y que por tanto veremos al nylon cortar ligeramente
la corriente mientras pescamos. Una de las ninfas, la más pesada se
convierte en el lastre, la segunda, y la tercera si la hay, pescan
condicionadas por ella. La teoría es muy simple, si hay demasiadas
retenciones sobre el fondo, el lastre es excesivo, si corre demasiado y no
toca el fondo, es poco. Hace falta cierta experiencia para aproximarse al
lastre adecuado y tener recursos para pescar cuando se hace con exceso o
defecto.
Video en acción de pesca
Lo mejor será variarlo de acuerdo a cada necesidad, pero en
ciertos puntos del río, obstáculos, blandos y orillas, el lastre puede
quedar retenido momentáneamente sin que las ninfas trabajen. Hay que
levantar inmediatamente la punta de la caña y tensar la línea. La misma o
parecida técnica se usa para provocar picadas. Mientras el cebo desciende
algunos pescadores le imprimen movimientos con la puntera de la caña.
Puede ocurrir que tengamos que hacer llegar una ninfa demasiado ligera a
un punto excesivamente profundo. Aunque no existen los milagros, tenemos
dos alternativas, la de rebajar al máximo el diámetro del nylon y lanzarla
aguas arriba con un bajo largo, tratando de templar el aparejo antes de
que el señuelo llegue a la diana. Pero los recursos, que son tan
abundantes como los problemas, como mejor se aprenden es con la
experiencia.
Pablo y Pascal charlando sobre pesca con
ninfas
Para exponer los movimientos
realizados durante la pesca, nos hemos permitido la libertad de tomar como
referencia a dos pescadores de mosca. Es conocido por todos que la pesca
de Pascal Cognard es lenta, casi tediosa. Sus pasadas se repiten una y
otra vez hasta cerciorarse que aquel rincón no tiene nada que ofrecer. Los
lances pocas veces van mas allá del doble del largo de la caña, terminando
el puntero prácticamente en el agua. El movimiento de la caña descendiendo
hasta el agua, me hace pensar que produce en el bajo un efecto de lance
vertical, en el que bajo cae apilado. Todo el trabajo recae sobre el brazo
derecho, templa el aparejo y acompaña a la caña cuyo puntero se mueve de
forma ascendente hasta que 1a ninfa sobrepasa en su viaje aguas a bajo a1
pescador. Pocas veces sus moscas derivan aguas abajo, lo justo como para
poder realizar un nuevo lance. La pesca de Pablo Castro es muy
diferente. Podríamos titularla, sin prisa pero sin pausa. El aparejo pasa
varias veces por el mismo lugar pero variando las moscas. Un pozo puede
ver pasar de ocho a diez moscas diferentes en veinte lances realizados
prácticamente desde la misma posición, y todo en un tiempo record. Lanza
aguas arriba, primero en corto, y con la caña paralela y muy adelantada al
aparejo, lo acompaña. Cuando las ninfas le han sobrepasado, baja la caña y
espera a que el aparejo se le estire y levante. El brazo izquierdo tira o
cede nylon para mantener el aparejo templado.
Nylon y nudos.
Nudos, enganches, rozamientos y lances de grandes pesos,
exigen una calidad de nylon extraordinaria. En una pesca donde el diámetro
del nylon es tremendamente importante al multiplicarse la fuerza del agua
sobre su volumen e incidir sobre el hundimiento de los señuelos, cualquier
marca usada debe experimentarse y gozar de toda nuestra confianza. Para
elegir un hilo no debemos fiamos ni de recomendaciones de compañeros (ver
foro Frog Hair), ni mucho menos de las etiquetas que llevan. En el ochenta
por ciento de los casos la resistencia y el calibre se redondean, una
hacia arriba y otro hacia abajo. Solo las experiencias personales y
múltiples pruebas nos darán una aproximación de nuestras necesidades.
Muchos pescadores han decidido olvidarse de otras características y han
decidido usar simplemente nylos fuertes, resistentes al peso. Todo su
problema es tener que realizar continuos cambios de aparejo, pero como
veremos, es junto con los nudos, algo consustancial con la modalidad de
pesca. Cañas, líneas, bajos y moscas pasan a un segundo plano cuando
fallan los nudos. Nada desmoraliza más que ver como una o dos piezas se
escapan por culpa de los nudos. Sería una buena idea perder unas cuantas
horas en analizar y practicar los dos o tres nudos necesarios para la
composición de un aparejo. Posiblemente le sean de gran ayuda estas tres
referencias.
Encontrará nudos de gran resistencia para comparar con
los que actualmente realiza y que una vez seleccionados debe intentar
practicarlos. Y recuerde humedecer el nylon al realizarlos y que algunos
nudos pueden reforzarse doblando el nylon.
Cambios de moscas y de aparejos
Una salida de pesca implica tantos cambios en el aparejo
como puestos de pesca tenga el tramo pescado, multiplicado por las moscas
que queramos hacer pasar por cada una de las postura. Es la experiencia
del pescador quien sustituye estos cambios por otras artimañas que el
tiempo te enseña y de las que ya hemos reseñado algunas en el capítulo
dedicado a la acción de pesca. Los cambios de profundidad pueden variar la
construcción del aparejo y hacernos separar o juntar la distancia de los
codales. Pero con lo que más se juega es con las moscas. Por un lado
buscando el peso adecuado, y por otro, para variar los modelos. Como ya se
expuso en el capítulo de acción de pesca, el lastre debe prevalecer al
modelo de mosca usada, pues pescando con ninfas es muy difícil observar
comportamientos selectivos. Cuando se presenta por primera vez un
aparejo en un pozo,
es lógico hacerlo con imitaciones que capturen las truchas puestas. Se
realizan tantas pasadas como sean necesarias, teniendo en cuenta que
tendremos una nueva oportunidad al colocar a continuación una ninfa
atractora que posiblemente llame 1a atención de otras truchas. Tanto
cambio de mosca obliga al cambio de codal, que a su vez obliga a cambiar
la punta del nylon a la que se atan. Pero hay otras opciones. Cada vez más
los nudos para los codales se sustituyen por pequeñas anillas que
refuerzan la resistencia del aparejo, agilizan el cambio de codal y
reducen el gasto de nylon.
Artificiales
Aunque en principio todas las moscas para la pesca a la
polaca se montaban sobre anzuelos curvados, ya que su forma permite un
rápido hundimiento, se hace necesario un buen surtido de artificiales que
representen las familias de insectos más comunes en nuestras aguas. Pero
no debemos sentimos en la obligación de ver nuestras cajas llenas de
modelos y colores. Nada mejor que las clásicas: orejas de liebre, cola de
faisán, etc. y algunos modelos de confianza sobre los que podremos dar
ciertos retoques atractivos, como brillos y puntos de alta visibilidad.
Muchos pescadores de alta competición montan, en el noventa por ciento de
los casos, una pequeña selección de moscas de confianza, cuyo número, sin
contar el tamaño, no pasa de diez. En la actualidad, se observa cierto
abuso en el uso y fabricación de ninfas atractoras cuando en ocasiones
(trucha vista, aguas bajas, corrientes lentas, etc.), sus resultados no
están totalmente contrastados. A diferencia de la mosca seca -en la que
podemos aceptar que existe una determinada selectividad-, pescando con
ninfa la selectividad es menor, y no es precisamente el atar uno u otro
modelo el gesto más importante.
Una de las cajas de ninfas de Pablo
Castro
Hay, no obstante, en estas ninfas otra contrapartida: el
lastre. Quedaron atrás los tiempos en que cualquier plomo enrollado en un
anzuelo y tapado era válido como mosca. Ahora intentamos pescar con el
mayor número de artificiales y el tungsteno está ayudando, usado en forma
de cabeza es sin duda el mejor aliado, aunque algo caro. Las cabezas
doradas al igual que las corbatas en colores llamativos, tinseles y
brillos, tienen como misión hacer visible nuestra artificial (recordar que
todas las ninfas tratan de camuflarse), pero al mismo tiempo, su peso en
cabeza simula los movimientos de una ninfa que pretende, sin resultados,
esconderse en el fondo, dándole al anzuelo una colocación que aumenta la
seguridad en la clavada. Pero no siempre se emplea adecuadamente, si se
exagera su volumen disminuye la abertura del anzuelo y dificulta en muchos
casos el que el anzuelo actúe al cien por cien. Otro buen lastre es el
plomo de alta concentración que encontraremos sin dificultades en nuestro
taller mecánico: los contrapesos de las ruedas son una gran elección para
colocar como lastre, eso si, hay que cortarlos y adaptarlos. En general y
por este orden el plomo de lágrima, en tira y en hilo son otras elecciones
válidas. Tan importante como lastrar es conocer el peso de cada mosca. Las
artificiales usadas como lastre deben clasifican por pesos. Durante una
competición o jornada de pesca conocer este dato y elegir de inmediato el
peso siguiente o anterior puede ser una de las claves del éxito, dado que
los cambios son continuos. Pero no nos confundamos, las ninfas sin lastrar
son tan necesarias como las lastradas y a medias aguas evolucionan muy
bien.
Poco a poco vamos aprendiendo cositas. Da gusto ver que cuando relees vuelves a sacar otras conclusiones que de entrada te habían pasado desapercibidas.