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La Pesca a Mosca en España
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LA MEJOR PESCA POSIBLE |
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Tantos años en el río me han dado infinidad de momentos, grandes momentos, en todo tipo de situaciones. Muchos años, muchos recuerdos: El pez mayor, el más combativo, la pesca más difícil. Mas de una vez he ayudado a desovar a alguna hembra exhausta. Hasta un pájaro al que quité la imitación en vuelo. Recuerdos que se agolpan en mi memoria y cuento para que os dé ganas de probarlo para que veáis que la pesca no es solo coger peces, es mucho más. Procuraba ir a los sitios más inaccesibles. Ayudado por los mapas del ejercito cogía los caminos hasta dejar el coche donde ya no podía seguir mas, entonces con la mochila al hombro, las Chirucas en los pies, la caña desplegada en la mano comenzaba a remontar el arroyo. Subía en silencio casi siempre sin esfuerzo gracias a los conejos que trazan calles por el campo, siempre en la pendiente de menor trabajo. Mas de un susto al saltar sobre una roca donde dormitaba una serpiente al sol. La sombra de un búho sobre mi cabeza. Un cervatillo tras una alambrada. Un ruido de monte y una duda si sería un jabalí. Solo y acompañado del agua corriendo, los pájaros, una familia de conejos viendome pescar, una pareja de cigüeñas negras remontando el río, un aguila sobre una roca a pocos metros de mí, mirandome. Todo tranquilo, solo el ruido de algún cazador lejano, algún cabrero con ganas de conversación. Muchas veces me he bañado cuando apretaba el calor en esas pozas claras y profundas, cuantas veces me he sentado a comer debajo de una encina o a dormir una siesta junto al río con las chicharras cantando y el resto del campo en silencio. Años sin terminar el día "bolo". Casi siempre pescando a pez visto, con el agua tan limpia que se podía beber. Peces que posiblemente no hubieran visto un hombre en mucho tiempo, ni educados ni selectivos, con pocas complicaciones a la hora de comer (se come lo que hay), francos en la picada, combativos en la pelea. Desanzuelándolos con cuidado para soltarlos después (para qué llevarmelos, siempre llevaba comida y los peces no me gustan, ademas pesan en la mochila). Así pasaba el día, tranquilizandome a medida que pasaban las horas ordenando las ideas, viendo como iba cambiando el color del campo y del cielo. Recuperando la serenidad para poder trabajar con la cabeza despejada durante otra semana mas. Al atardecer comenzaba la vuelta, repitiendo la pesca, parandome a descansar, prestando oídos al campo, viendo animales que acuden a beber antes de cenar y acostarse. Al final llegaba al coche cansado pero mucho mejor que
al principio, recogía todo y de vuelta a la ciudad. Todos los recuerdos me
acompañarían, ésta pesca es la mejor pesca posible. |