Volver a la página de Colaboraciones La Pesca a Mosca en España

Colaboraciones

 

SILUROS A MOSCA

logo100.gif (9637 bytes)

logolis100.gif (4672 bytes)

 

   Que digo, que yo no he podido ir a la reunión asturiana porque ya teníamos previsto el día para irnos a pescar a otro sitio. Concretamente a Caspe, por ver si conseguíamos sacar algún siluro a mosca ahora que es la época buena para esto. Ya nos dieron esquinazo hace un par de meses y volvíamos ahora con renovados bríos. Tener enganchado uno de estos angelitos es toda una experiencia y aunque Caspe en julio no sea precisamente un sitio muy recomendable para los que no nos gusta demasiado el calor... ¡al menos no estaríamos metidos en un vadeador!

   Cuando llegamos y paramos a llenar el depósito de gasolina de la barca... la primera idea que nos vino a la cabeza fue volvernos por donde habíamos ido. ¡Los Monegros! ¡El horror! ¡Un bochorno de los de no te menees! ¡Y para colmo... un airazo de levante (tipo secador de pelo) que no presagiaba ser lo mejor para mover la línea!

   El viernes, imposible lanzar la mosca ni, casi tampoco, las cucharas ondulantes tipo calzador que llevábamos. Mantenernos de pie en la barca era complicadillo y el motor eléctrico estaba en permanente funcionamiento para contrarrestar la deriva. Conseguimos enganchar tres siluros, solo pudimos sacar del agua uno (pequeño, de unos veinticinco kilos) pero, tuvimos la oportunidad de presenciar un hecho extremadamente inusual. Uno de los que clavamos (cerca de un árbol semi-hundido) en un momento de la pelea dio un salto espectacular sacando todo su cuerpo fuera del agua (los siluros no saltan así; a veces dan cabezazos o coletazos en superficie, pero brincar como un blacbás...). Dado que esto ocurrió a escasos dos metros de la barca, poco faltó para que nos fuésemos Manolo y yo al agua. ¡Nos caló de arriba a abajo y nos dejó las canillas temblorosas! El más grande que vimos. Un pez de unos cuarenta kilos y sobre el metro ochenta. Se metió en el árbol y partió el trenzado de cuarenta libras al instante.

   ¡Acongojante y acojonante!

   El sábado, a las seis y media de la mañana ya estábamos en el embalse. Hacía aire108_5.jpg (16658 bytes) pero, aún con dificultades, se podía lanzar. Manolo utilizó una caña del doce y yo una del diez. Líneas flotantes de tarpón y "divers" y "poppers" montados en anzuelos Owner del 5/0 (pescando con vinilos grandes tipo Attractor nos han enderezado otros anzuelos como si fuesen "clips"). Bajos con dobles "biminis" y terminales de "hard nailon". No tienen dientes cortantes pero las almohadillas dentales te pueden "repelar" el nailon normal y hacer que pierdas el pez.   Nos dedicamos a pescar orillas arboladas con fondos de profundidad no superior al metro y medio. El día anterior estaban emboscados allí y suponíamos que seguirían estando, así que nos pusimos a la faena. Lanzar estas moscas grandes y con este material pesado hace que, a la hora, te plantees si realmente ha sido una buena idea esto y añoras la cañita del cuatro y tus caënis.

   Manolo lanza junto a un árbol que mete sus ramas al agua. La mosca no hace sino caer cuando... se produce un remolino de un metro de diámetro y el "diver" es succionado hacia abajo, desapareciendo. Veo como Manolo clava, doblando la caña del doce hasta la empuñadura.

   ¡Lo tengo, Fernando!

   El siluro emprende la huida hacia aguas profundas. Despacio primero, más rápido después, haciendo que la caña de mar se doble como si fuese un junco. No tiene doble empuñadura pero rápidamente le colocamos una coquilla de las utilizadas en el aislamiento de tuberías. Es mucho más cómodo así, con dos manos.

   Manolo, con una mano mantiene la línea contra la caña y con la otra rebobina el carrete. En estos instantes ¡no hay nada peor que un montón de línea suelta sobre la cubierta! Yo,manejo el eléctrico y él pelea con el siluro. Saca línea poco a poco y se va hacie el centro del río. ¡Mejor, allí no suele haber muchos obstáculos! El pez está a tres 108_2.jpg (14130 bytes)metros de profundidad y se mueve despacio, sabedor de su fuerza. No hace falta utilizar el motor, nos arrastra a los dos y a la barca.

   A los diez minutos parece que las fuerzas le van flaqueando y se deja subir poco a poco. Manolo se encuentra a cincuenta centímetros de la superficie y la puntera de la caña muchas veces se mete dentro del agua, tal es la potencia que desarrolla el siluro. El bajo va apareciendo lleno de mucus y los remolinos nos anuncian que está cerca ya.

   ¡Ahí está! No es muy grande, quizás metro treinta y quince kilos. Un coletazo tipo cocodrilo y ...¡otra vez para abajo!

   Tira y afloja de cinco minutos más y conseguimos acercarlo a la borda. Me pongo los guantes y, antes de cogerlo por la boca, le doy un golpecito en la cabeza. Coletazo que me empapa y de nuevo para abajo. Normalmente son tres los toques en la cabeza que hay que darles. Cuando no hay respuesta quiere decir que están dispuestos a ser cogidos de la mandíbula. Subir un siluro (aunque sea pequeño como éste) a una barca de tres metros es una operación delicada que exige cuidado para no acabar todos juntitos en el agua. Si consigues subir una tercera parte de él y pasarlo sobre la borda, el resto viene solo. ¡Y ahora viene lo más divertido! Hacer unas cuantas fotos a un pez de metro y pico, altamente baboso y muy resbaladizo en un espacio reducido. Todo un ejercicio de equilibrio que tus tobillos no agradecen precisamente.

   Se recuperan muy rápidamente. Primero vuelves a repetir la operación de pasarlos sobre la borda y los mantienes cogidos de la mandíbula inferior unos instantes. Un fuerte coletazo (con ducha incorporada) te indica que ya lo puedes soltar.

   Tres más a mosca cogimos en la excursión a Caspe. El más pequeño de diez kilos y el mayor de veintipocos. La pelea no es muy espectacular pero sí intensa por la potencia. Y lo más excitante, la picada. Al pescarlos en aguas someras de menos de dos metros, sabes que te van a picar cuando percibes un remolino y un coletazo de cocodrilo que hace estallar la superficie. Son extraordináriamente ágiles y precisos a pesar de su apariencia. Y no son muy delicados a la hora de coger la mosca. Uno,persiguió la mía en superficie tirándole tres o cuatro bocados hasta que se cansó, aceleró y la engulló como si le fuera la vida en ello. El tirón de línea es seco y fuerte y después... a pelearlos un cuarto de hora mínimo.

   En general, no nos ha parecido muy difícil su pesca aunque los peces que hemos cogido entran en la categoría de "pequeños" ya que ninguno sobrepasaba los veinticinco kilos. Enganchar un "dos metros" (un pez de más de cincuenta kilos) seguro, seguro que es ya otra cosa. Lo intentaremos otro día.cys.gif (1237 bytes)

Fernando Gil Castillo