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LA PESCA A MOSCA EN ESPAÑA |

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| Lanzando
una mosca. Teoría y práctica. (1) |
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Este curso de lanzado fue publicado en la revista Anzuelo y
Sedal www.anzueloysedal.com en el año 1999, se
publica en esta página con expreso consentimiento del autor del mismo, queda prohibida
cualquier reproducción total o parcial del mismo. |
| Comienza
aquí una serie de cinco capítulos sobre el lanzado de mosca que espero que sea del
interés de los lectores. Este primer artículo analiza aspectos físicos del lanzado, y
tal pudiera parecer que no tiene demasiado que ver con lo que al pescador realmente le
importa: conseguir que sus moscas vayan donde él quiere, pero ruego algo de paciencia y,
si es preciso, un pequeño esfuerzo para comprender lo que pudieran parecer cuestiones
demasiado abstractas. Aseguro que, si bien el conocimiento de la física del lanzado no
conseguirá por sí mismo convertirnos en grandes lanzadores, sí que nos ayudará en esa
labor: un lanzador que sabe porqué debe lanzar de una determinada manera tiene abierto un
ancho camino hacia el progreso; un lanzador que sólo repite movimientos aprendidos, pero
no comprendidos, es un lanzador que, por sí mismo, difícilmente podrá evolucionar. |
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Primeras consideraciones
en torno al lanzado con una caña de mosca: teoría del lanzado
Empecemos por una
aclaración, que no por obvia deja de tener su importancia: en la pesca con mosca no se
trata de lanzar directamente una mosca artificial, algo ciertamente difícil dado el poco
peso de este señuelo, sino de lanzar una línea lo suficientemente pesada, que a su vez
es la encargada de arrastrar la ligera mosca hasta su destino. |
El dibujo, del libro de Benito Solanes "Manual del
pescador aficionado", muestra la ejecución de un perfecto lanzado atrás utilizando
sobre todo la muñeca. El lanzado con la muñeca supuso una evolución con respecto al
lanzado clásico, que exigía mantener la muñeca rígida, pero se necesitaba una muñeca
de hierro para poder efectuar lanzados con fuerte impulso sin perder el control de la
línea.
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Hasta hace no muchas décadas, el lanzar una
línea adecuada para la pesca con mosca era todo un rito, que exigía gestos medidos y
bastante poco naturales. El pescador neófito debía superar un periodo de pesados
entrenamientos hasta conseguir manejar una caña, que no era precisamente una pluma, con
el codo pegado al cuerpo y la muñeca totalmente rígida. La ortodoxia pedía que el
lanzado pudiera efectuarse sujetando un libro entre el cuerpo y el brazo lanzador, al
tiempo que el talón de la caña permanecía pegado a su muñeca y la caña se movía en
un corto arco. El resultado era cualquier cosa menos
cómodo, al menos al principio. Sin embargo, toda esa parafernalia no era, como ahora nos
pudiera parecer, una variedad refinada de disciplina inglesa para pescadores masoquistas.
Tanta rigidez en la ejecución de los movimientos del lanzado ayudaba a cumplir algunos de
los puntos básicos en el lanzado de mosca, e impedía cometer alguno de los errores más
frecuentes en los principiantes. También es verdad que el limite de lo que se puede
conseguir lanzando de tal manera se alcanza pronto, y que un lanzador que domine
medianamente la técnica puede lanzar más lejos, con más precisión y más
descansadamente, si prescinde de las limitaciones de la ortodoxia clásica y despega el
brazo del cuerpo y mueve la muñeca cuando y cuanto sea preciso. |
 El pescador ha
permitido que la punta de la caña apuntara hacia abajo al final del movimiento hacia
detrás, y la línea obedientemente ha seguido la misma dirección. |
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La dirección que tomará la línea dependerá de la dirección que siga la punta de la
caña en el momento de detenerse. |
Pero no pensemos que
lanzar una línea de mosca ya ha dejado de tener reglas, que se puede hacer de cualquier
modo, que cualquier cosa vale. No es así, como bien sabemos cuantos pescamos con mosca y
tratamos de mejorar nuestro estilo, y como bien suelen sufrir los recién llegados a este
arte. El lanzado está sujeto a reglas físicas bien precisas, que están por encima de
aspectos secundarios como el modo de empuñar la caña o de mover el brazo durante el
movimiento adelante o el movimiento atrás, aunque obviamente la forma de empuñar la
caña y mover el brazo durante el lanzado sean aspectos que en buena parte determinan su
desenlace.
El impulso
En el
fondo, lanzar una línea pesada no es físicamente muy diferente a lanzar una piedra,
aunque la distribución de la masa de la línea a lo largo de una gran longitud, y el
hecho de que el extremo de la línea permanezca en todo momento unido a la caña (más nos
vale), suponen apreciables cambios a la hora de realizar correctamente una y otra cosa.
Comencemos por lo más sencillo: imaginémonos tirando una
piedra, y veamos las similitudes con lanzar una línea.
Se comprende fácilmente que la dirección
que toma la piedra cuando la soltamos depende de la dirección que sigue nuestra mano en
ese instante. De la misma manera, la dirección que tomará la línea dependerá de la
dirección que siga la punta de la caña en el momento de detenerse.
Esta sencilla regla es el primer principio
básico que nos servirá para comprender la física del lanzado, y en la práctica explica
buena parte de los errores que los principiantes, y menos principiantes, suelen cometer al
lanzar sus líneas.
Al igual que sucede al lanzar una piedra,
al lanzar una línea de mosca se produce una transferencia de energía: el lanzador se
apoya firmemente en el suelo y, con un movimiento de atrás hacia adelante, cede una
determinada cantidad de energía desde sus músculos a la caña, que a su vez la trasmite
a la línea. La cantidad necesaria dependerá de lo que el lanzador quiera: volviendo al
símil de la piedra, si sólo se trata de lanzar un guijarro a pocos metros de distancia
será necesaria menos energía que si queremos lanzar un adoquín a la máxima distancia
que seamos capaces de alcanzar. |

En la fotografía de la izquierda el pescador agita muy ligeramente
la caña, no hace falta más para efectuar un lanzado corto. En la fotografía de la
derecha el pescador quiere conseguir el máximo impulso y debe realizar con la caña un
movimiento mucho más amplio. |
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Velocidad significa energía.
Hay que aprender a adaptar el movimiento de nuestro brazo al impulso que queramos
conseguir.
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¿Pero cómo se produce esa transferencia
energética de nuestro cuerpo a la piedra, o de nuestro cuerpo a la mosca? Simple y
llanamente gracias al movimiento de nuestro brazo, que, en la pesca, se traduce en el
movimiento de la caña, y por ende en el movimiento de la línea. Una conocida fórmula
dice que la energía cinética (la que tiene un cuerpo en movimiento) es igual a la mitad
de la masa por la velocidad al cuadrado (ec = ½ m × v²). Podemos conseguir más
energía en nuestro lanzado aumentando la masa (ya sea utilizando una línea más pesada o
sacando más metros de línea del carrete), o podemos conseguir lo mismo aumentando la
velocidad de la línea (ya sea moviendo la caña más rápido o ayudándonos con la
técnica del "tirón", en la que interviene la mano que no sostiene la caña). De la fórmula citada se deduce que las variaciones de velocidad
tienen comparativamente más importancia que las variaciones de masa, y el único motivo
de no lanzar la línea directamente con el brazo y utilizar una caña relativamente larga,
es que una mayor longitud de la palanca propulsora nos da la posibilidad de lograr una
mayor velocidad de propulsión, pero sólo hasta el punto en el que nuestro brazo tiene
suficiente fuerza como para mover esa palanca. El caso es parecido al de un ciclista que
pone en su bicicleta un plato de mayor diámetro: si consigue moverlo podrá alcanzar más
velocidad, pero a costa de un mayor esfuerzo.
Y éste es el segundo principio básico: velocidad
significa energía. Si el movimiento es más rápido dispondremos de una cantidad de
energía mayor, si es más lento la cantidad de energía será menor. Pero para poder
contar con ese extra de energía tenemos que ser capaces de mover la línea con suficiente
rapidez.
El lanzar cinco metros de línea no exige un gran
esfuerzo, basta con un ligero movimiento de la muñeca para que la punta de la caña se
mueva a una velocidad suficiente como para extender la línea sin problemas; más si se
trata de lanzar la mosca a treinta metros la cosa cambia, es imposible conseguir la
máxima velocidad con un simple giro de muñeca, hay que abrir mucho más el brazo y
aplicar un impulso muy amplio. El motivo es fácil de entender: pasar de estar parado a
llevar una velocidad determinada implica que se ha producido una aceleración, que se
define como la variación de la velocidad de un objeto en un determinado espacio de
tiempo. Un coche que pase de 0 a 100 Km/h en sólo 6 segundos acelera más que otro que
tarde 15 segundos en conseguir lo mismo.
La aceleración sólo puede producirse si se aplica una
fuerza, y los músculos humanos tienen sus limitaciones: su capacidad para acelerar la
masa de la caña y la línea no es infinita, no podemos alcanzar la máxima velocidad en
un instante. Es necesario acelerar en una determinada dirección durante bastante tiempo
para que la velocidad final sea lo más alta posible y podamos conseguir la energía
necesaria para extender muchos metros de línea delante de nosotros. Si alguna vez hemos
visto a un lanzador de jabalina en acción habremos observado que primero lleva la
jabalina hacia atrás todo lo posible, extendiendo completamente el brazo, y que luego
lanza el brazo todo lo posible hacia delante para obtener el máximo impulso.
De lo anterior se deduce otro principio fundamental para
el lanzador: hay que aprender a adaptar el movimiento de nuestro brazo al impulso que
queramos conseguir. Si sólo queremos lanzar a 10 metros basta mover el antebrazo en un
corto arco, pero si queremos que nuestra mosca caiga al agua a 25 o más metros de
distancia eso no basta, hay que llevar el brazo bien atrás y moverlo sin miedo hacia
delante.
Desgraciadamente, máxima velocidad y perfecto control son
términos que no casan fácilmente, hace falta algo de práctica, y algo de técnica, para
llegar a dominar esos lanzados de amplio impulso. |
Arriba, en un arco estrecho se aprovecha casi toda la energía para
desplazar la línea hacia delante. Debajo, con un arco ancho parte de la energía se
consume ampliando el radio de giro. |
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El control La gran diferencia entre lanzar una
piedra y lanzar una línea de pesca es que la piedra es un cuerpo rígido, compacto, que
disparamos completamente y de golpe. Una línea de mosca es un cuerpo largo, flexible, que
en ningún momento deja de ser completamente ajeno a los movimientos de la caña. Como
cualquier pescador de mosca bien conoce, la línea se extiende formando una curva frontal,
una onda, que en inglés se denomina loop y que los pescadores españoles solemos
llamar, no tengo idea del porqué, "bucle". El cómo sea esa curva depende del
modo en que movamos la punta de la caña: si su recorrido es claramente circular la línea
forma un seno amplio; si su recorrido se acerca a una línea recta la línea forma un seno
muy cerrado.
Desde hace tiempo los pescadores han visto la importancia
de esa onda, y han comprobado que si es amplia el lanzado resulta lento, y por tanto corto
y muy sensible al viento; mientras que si la onda es estrecha el lanzado es más rápido,
se puede conseguir más distancia y colocar la mosca con más precisión incluso con
condiciones climáticas adversas.
Muchos pescadores piensan que es precisamente la
resistencia que la línea encuentra en el viento la responsable de que un lanzado con onda
amplia sea más lento que uno parecido pero con onda estrecha, más el verdadero motivo es
otro, y tiene que ver con las leyes que rigen el movimiento de los cuerpos.
Para comprender el significado del seno de la línea (del
"bucle", que solemos decir los pescadores) hay que recurrir de nuevo a la
física: una de las propiedades de un cuerpo que se desplaza es el denominado momento,
que es algo así como la magnitud del movimiento. El momento de un objeto que se mueve en
línea recta se denomina momento lineal, y es igual a su masa por su velocidad. El
momento de un objeto que gira se denomina momento angular, y depende de su masa, de
su velocidad angular, y de la distancia al eje de giro. El momento no cambia en un sistema
si no hay influencias exteriores que lo alteren.

La curva
que sigue la línea al extenderse en cada cambio de sentido es una continuación de la
curva que sigue la punta de la caña. Arriba se muestra lo que ocurre con un arco
realizado manteniendo la caña rígida; debajo se observa lo que se puede conseguir con un
arco exactamente igual, pero aprovechando el impulso para flexionar la caña de forma que
la punta siga una línea casi recta. |
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Imaginemos dos lanzados realizados con la misma caña, la
misma línea, y aplicando el mismo impulso, con la única diferencia de que en un caso
lanzamos formando una onda estrecha y en el otro lanzamos formando una onda amplia. Puesto
que el empuje es el mismo y la masa es igual, si se modifica el radio de giro debe
modificarse también, y en sentido contrario, la velocidad, para que el valor absoluto del
momento no cambie. Similar masa y más velocidad..., podría parecer que ha habido un
misterioso, e imposible, aumento de energía, pero lógicamente no es así, la energía es
la misma, lo que ocurre es que ahora la aprovechamos mejor. Simplificando, podemos decir
que, si lanzamos formando una gran onda, una parte de la fuerza aplicada se pierde tirando
de la línea "hacia fuera", cuando a nosotros lo que nos interesa es que la
mayor fuerza posible empuje de la línea "hacia delante". Si lanzamos formando
un seno estrecho se pierde menos fuerza empujando en direcciones que no son la que sigue
la línea, por tanto queda más fuerza disponible para acelerar la línea hacia delante.
El momento, además, explica porqué la línea se
extiende: hay una transferencia del momento del tramo de línea que se frena, el que está
en la parte de abajo de la onda, al tramo de línea que se mueve en la parte de arriba de
la onda, que según la línea se extiende es más corto, tiene menos masa, y por ello
tiende a acelerarse. Pero esto es algo que no podemos cambiar y en lo que, al menos por
ahora, no merece la pena profundizar.
Impulso y control
Cuando el pescador mueve la
caña impulso y control se convierten en inseparables, y la conjunción de ambos elementos
determina el resultado del lanzado.
¿Cómo podemos dominar uno y otro componente? ¿Cómo dar
más impulso, algo que por lo dicho más arriba requiere mover la caña en un arco más
amplio, sin que la línea forme una onda abierta? ¿Cómo adaptar el impulso y el control
a circunstancias especiales, como obstáculos a nuestras espaldas, un fuerte viento de
frente o de costado, el lanzado de una ninfa pesada...?
De todo ello hablaré en los siguientes artículos de esta
serie, pero ruego a los lectores interesados que no pierdan de vista lo dicho en éste. Si
tenemos claras las reglas físicas que rigen la mecánica del lanzado nos resultará
sencillo comprender, y a la postre aprender a realizar, las técnicas que nos ayudarán a
convertirnos en lanzadores competentes, capaces de poner nuestra mosca ante truchas que de
otro modo estarían fuera de nuestro alcance. |
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