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LA PESCA A MOSCA EN ESPAÑA

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Lanzando una mosca. Teoría y práctica. (3): El lanzado vertical, movimientos básicos: el lanzado trasero
Por lanzado vertical, en general, entiendo aquél en el pescador mueve la caña hacia detrás y hacia delante en un plano (o en dos planos paralelos y cercanos) que corta al horizontal en un ángulo de entre 45º y 90º.
Es el lanzado que, en condiciones normales, permite dar una mayor velocidad a la línea, alcanzar una mayor distancia, lograr una más alta precisión, y en definitiva controlar mejor la mosca. Es por todo ello el lanzado más usual cuando no hay obstáculos que impidan o dificulten su realización.

Un buen lanzado vertical es la base de la mayor parte de la panoplia de lanzados que utiliza el pescador para enfrentarse a sus adversarios acuáticos.

Su realización se divide habitualmente en dos fases: el lanzado delantero y el lanzado trasero (en inglés: forward cast y back cast). En algunas escuelas de lanzado ambas fases son simétricas, o casi; en otras hay claras diferencias entre ambas. En cualquier caso tratar ambas fases por separado es conveniente desde un punto de vista didáctico, aunque en la práctica ambas sean indisociables, y en el resultado final del lanzado las dos intervengan por igual.

Puesto que no hay una única manera de manejar correctamente una caña de mosca, y para no complicar demasiado un tema que ya de por sí tiene sus complicaciones, me referiré exclusivamente a lo que podríamos llamar "lanzado vertical estándar", dejando las variantes particulares para mejor ocasión.

Comenzando a lanzar

Para iniciarse en el lanzado es aconsejable sujetar la línea con la misma mano que la caña, atrapándola contra la parte inferior de la empuñadura con algún dedo (habitualmente se utilizan el índice y el medio).

Una mano (5 Kb.)

Para mantener la tensión en la línea fácilmente cuando se comienza a lanzar, conviene prenderla con los dedos contra la empuñadura de la caña. Esta presa hay que adoptarla en todo caso mientras esperamos que un pez tome nuestra mosca.

Posteriormente, cuando se tiene algo de control sobre la línea, se mantiene la tensión con la mano que no lanza, mano que además tiene un importante papel en algunos lanzados avanzados. Eso sí: en cuanto el lanzado finaliza y la mosca cae al agua hay que sujetar la línea contra la empuñadura de la caña, tal y como he señalado en el anterior párrafo, para poder clavar cuando algún pez tome la mosca. Igualmente servirá esa sujeción para evitar que la línea se afloje durante la pelea con el pez, ya sea durante los momentos que nos lleva enrollar en el carrete la línea sobrante, ya sea a lo largo de toda la lucha si trabajamos la captura sin utilizar el carrete (algo habitual con peces de pequeño tamaño).

Para realizar un lanzado vertical normal podemos partir de tener unos metros de línea desplegados en el agua delante de nosotros (una buena medida para empezar son unos ocho metros de línea, que sumados a la longitud de la caña y del bajo de línea bastan para poder posar perfectamente la mosca a más de diez metros). Lo siguiente es impulsar esos metros de línea hacia detrás para conseguir que se extiendan completamente en el aire a nuestras espaldas. En cuanto eso ocurre, y antes de que la línea caiga al suelo, cambiamos el sentido del movimiento de la caña e iniciamos el lanzado hacia delante. Si todo ha ido bien conseguiremos que la línea y el bajo de línea se extiendan ante nosotros, depositando la mosca suavemente en el punto que queríamos alcanzar.

Dicho así puede parecer que no hay ninguna dificultad en realizarlo; hasta que alguien que nunca lo ha hecho intenta hacerlo.

Vayamos por partes. El movimiento completo de la caña que he descrito en el anterior párrafo se puede dividir en una serie de movimientos con relativa independencia: en dos etapas claramente separadas (lanzamiento trasero y lanzamiento delantero), y cada una de esas partes en distintos movimientos digamos que secundarios. En el siguiente esquema se reflejan esos movimientos y sub-movimientos básicos (recordemos que partimos de tener la línea extendida en el agua delante de nosotros).

  1. Lanzamiento trasero
  2.      Arrancada
  3.      Impulso hacia detrás
  4.           a) La aceleración
  5.           b) La amplitud del movimiento
  6.      Parada y pausa (deriva)
  7.           a) Parada
  8.           b) Pausa
  9.           c) Deriva
  10. Lanzamiento delantero (su análisis pormenorizado, por razones de espacio, queda para la siguiente entrega de este curso)
Dos manos (5 Kb.)Cuando se tienen unas ligeras nociones de lanzado conviene normalmente mantener la tensión sosteniendo la línea con la mano que no lanza. En muchos casos esa mano simplemente sostiene la línea mientras se mantiene inmóvil, relajada a nuestro costado; pero en otros casos esa mano participa activamente en el lanzado, soltando línea o jalando de ella.

Lanzamiento trasero

Desde los inicios de la pesca con mosca con caña corta y sedal largo (allá por los albores del siglo XIX), hasta ahora, muchas cosas han cambiado; pero no tantas como algunos pudieran pensar.

Hace más de cien años Henry P. Wells escribía: "Recuerde que el lanzamiento trasero es la base, y si no es consistente toda la estructura será endeble". Hace sesenta años John Alden Knight aseguraba: "Si se efectúa bien el movimiento hacia detrás es muy difícil que salga mal el del lanzado propiamente dicho". Treinta años después D. Swishers y C. Richards escriben: "Es muy difícil efectuar un buen lanzamiento hacia delante sin haber realizado un correcto lanzamiento hacia detrás". Y algo parecido, ya entrados los años noventa, nos vuelve a recordar Peter Mackenzie de una forma tajante: "Sin un buen lanzamiento trasero usted no puede conseguir un buen lanzamiento delantero".

Una de las pocas cosas relativas a la técnica del lanzado vertical en la que tantos instructores de lanzado de diferentes épocas se han puesto de acuerdo no voy yo a negarlo, y por ello creo que bien merece la pena dedicar este artículo casi exclusivamente a analizar el lanzado trasero. Sin embargo, sí me gustaría señalar que a menudo el lanzado hacia detrás ha venido precedido por un lanzado hacia adelante, y que si ese lanzado delantero no se ha realizado correctamente, el subsiguiente lanzado trasero es fácil que tampoco sea demasiado bueno. Con esto lo único que quiero dejar claro es que ambos movimientos son igualmente importantes.

Pero hay algo que en la práctica es inevitable: el lanzado trasero presenta mayores dificultades que el lanzado delantero y exige que le prestemos especial atención. El motivo tiene mucho que ver con nuestra estructura muscular: nuestro brazo está diseñado para estirarse fácilmente con control, velocidad y potencia, pero no para encogerse de igual manera; estamos hechos para golpear con fuerza lo que está delante de nosotros, no lo que está a nuestras espaldas.

Lanzamiento trasero, fase de arrancada

Arrancada en un doble sentido: "arrancamos" la línea del agua y comenzamos el lanzado. El más frecuente error en este paso es comenzar con la caña demasiado levantada y querer posteriormente aplicar un fuerte impulso.

Hay que mantener la caña lo bastante abajo para formar un arco de tal amplitud que nos permita acelerar suficientemente la línea de una forma progresiva, sin tirones que provocarían ondulaciones anejas y enredos de línea y bajo de línea. Más abajo cuánto más impulso queramos dar a nuestro lanzado (llegando, si es preciso, a comenzar el movimiento de arrancada con la punta de la caña rozando el agua).

A veces no es necesario tan gran empuje, y sí es importante que la arrancada se realice sin causar demasiado alboroto. En esos casos hay algunos modos de efectuar la arrancada que pueden ayudarnos: levantar la línea al tiempo que se agita levemente a uno y otro lado el puntal de la caña, o preceder el movimiento de arrancada con un lanzado rodado (que veremos en próxima ocasión); pero si de verdad el sigilo es importante, lo mejor, sin duda ninguna, es acercar la mosca lentamente y comenzar el lanzado con sólo una pequeña cantidad de línea en el agua (eso obliga a saber cómo añadir línea mientras se mantiene la mosca en el aire en una serie de falsos lanzados, algo sencillo si se conocen los fundamentos del lanzado vertical y que comentaré de pasada al final de este capítulo, para explicarlo más ampliamente en la próxima entrega de la serie, la dedicada a la etapa delantera del lanzado vertical).

Lanzamiento trasero: fase de impulso

Si hay algún momento concreto del lanzado que debemos cuidar de un modo especial, ése es aquel en que aplicamos el impulso durante el lanzamiento trasero. Ya he comentado que no es fácil "golpear" hacia detrás con fuerza, velozmente, que nuestros brazos no están diseñados para ello.

Charles Ritz, sin duda una de las grandes figuras de la pesca con mosca de este siglo, tenía un método de entrenamiento muy simple: una botella llena de arena que, convenientemente asida del cuello, y balanceada como si de una caña se tratara, servía para endurecer los músculos que intervienen en el lanzado.

Pero aunque un brazo fuerte puede ayudar a alcanzar distancias de campeonato, no pensemos que es preciso ser un Hércules para ser un buen lanzador de mosca: bastante más importante que tener poca o mucha fuerza es saber aprovecharla con eficacia.

a) La aceleración

El movimiento hacia atrás de la caña debe hacerse de un modo uniformemente acelerado. Los tirones descontrolados a mitad de recorrido sólo sirven para arruinar el lanzado. Resulta mucho más eficaz un movimiento suave, incluso en apariencia lento, pero que vaya de menos a más (flexionando cada vez más la caña y empujando la línea en la dirección adecuada), que un movimiento violento y entrecortado, un "latigazo" de la punta de la caña, que tira violentamente de un tramo de línea causando ondulaciones parásitas que interfieren con la onda principal encargada de extender la línea hacia delante.

Una expresión que suele utilizarse para describir qué es lo que debemos conseguir es "cargar la caña".

"Cargar la caña" implica tratar a esta fundamental herramienta de lanzado como lo que, además de una palanca, es: un muelle que puede almacenar parte de la energía mecánica que generamos al mover el brazo para liberarla en el momento adecuado. Resulta asombroso lo a menudo que se olvida algo tan obvio, y tan importante para conseguir buenos lanzados.

Vincent C. Marinaro, en su maravillosa obra "In the ring of de rise", afirma que la caña no puede almacenar y liberar energía suficiente como para efectuar cualquier tipo de lanzado, y describe un experimento, realizado por Robert Crompton, que consistió en sujetar firmemente el mango de una caña, estirar la línea hacia detrás hasta curvar la caña al máximo, y soltar la línea (el resultado no fue precisamente un lanzado perfecto).

Pero Marinaro olvidó tener en cuenta algunos factores básicos relacionados con la flexibilidad de la línea y con el plano en el que el lanzado se realiza, que en resumidas cuentas originan que en ese experimento sólo una muy pequeña parte de la energía almacenada por la caña se pueda aprovechar para impulsar la línea hacia delante. Si sustituimos la línea por un objeto rígido de similar masa (7,5 gr de plomo equivaldrían a los diez primeros metros de una línea #4) y lo colocamos, doblado en forma de U, en la punta de la caña, podemos transformarla en una catapulta algo más eficaz de lo que Marinaro da a entender; aunque el método más sencillo para conocer realmente la potencia que puede aportar la caña sigue siendo el viejo sistema de medir con un dinamómetro el esfuerzo que debemos realizar para mantenerla completamente curvada en un ángulo de 90º. Esfuerzo que en una caña de mosca potente (#10) equivale a cerca de un kilogramo. La gran elasticidad del material de la caña permite que una parte apreciable de ese kilogramo se pueda transferir [ 15 Kb.] a la línea.

Eso no significa, desde luego, que una caña pueda lanzar por sí sola (el impulso que genera el brazo del lanzador, obviamente, es básico); pero sí que la energía extra que aporta al liberar la tensión elástica acumulada ayuda, sin ninguna duda, a realizar un buen lanzado.

b) La amplitud del movimiento

Durante bastante tiempo se consideró que el impulso en el movimiento hacia detrás no debía nunca llevar al pescador a inclinar la caña en exceso. Se solía decir que para obtener un buen lanzado, con la línea extendiéndose en un seno cerrado (ver los capítulos anteriores de esta serie si no se entiende la importancia de este punto), apenas había que pasar de la vertical; frenando el movimiento cuando la caña adoptaba una inclinación semejante a la de la manecilla horaria de un reloj que marcara la una.

Esas teorías tienen una base física aparentemente sólida: si movemos la caña en un arco amplio la línea se abre en un arco amplio. Pero en realidad eso sólo sería cierto si la punta de la caña siguiera el mismo o parecido arco que la empuñadura de la caña, lo que en absoluto ocurre cuando el impulso se realiza de modo que la caña flexiona (se "carga") de forma acusada. La abertura de la onda que sigue la línea depende principalmente de la mayor o menor altura de la curva que sigue la punta de la caña, no de la mayor o menor altura de la curva que sigue la mano del lanzador. A veces se dice que la teoría que relaciona directamente una caña que se mueve en un arco amplio con una línea que se desenrolla en una onda de gran diámetro confunde una caña de pescar con un palo de escoba, y efectivamente: sólo si la caña fuera tan rígida como un grueso palo ambas curvas irían indisolublemente de la mano.

Pero aunque no se pueda establecer una relación directa e indisociable entre mover la caña en un arco estrecho y lanzar la línea en una onda estrecha, sí es cierto que una de las formas más sencillas de lograr una onda estrecha, y por ende un buen lanzado, para un principiante es procurar no mover la caña la caña en un arco demasiado amplio: pero sólo porque abrir innecesariamente el arco de lanzado, sin "cargar" lo suficiente la caña, es uno de los más frecuentes errores de los "mosqueros" primerizos. Si el lector nunca ha lanzado una mosca y quiere obtener resultados rápidos no es mala idea que actúe en sus primeras lecciones como si la vieja teoría del reloj fuera completamente cierta.

Para los que ya conocen algo de cómo manejar una caña de mosca, creo importante remarcar que el arco de lanzado debe relacionarse en gran medida con el impulso aplicado, o más exactamente: con la energía cinética de la línea y con la mayor o menor dureza de la caña.

Creo que no es difícil imaginar que cuanta más línea tengamos en el aire más masa actúa sobre la punta de la caña y más tiende ésta por tanto a flexionarse. Lo mismo ocurre cuando la línea se mueve más rápido. Llevando esto a la práctica podemos decir que más velocidad y más longitud de línea permiten (o piden) un arco de lanzado más amplio. Si la flexión de la caña es mucha y la movemos en un corto arco la punta de la caña se moverá en una curva convexa y se producirá lo que podemos denominar una onda cruzada (en inglés: tailing loop): la línea pasará de abajo arriba sobre sí misma y los enredos serán habituales.

curva lanzado (2 Kb.)

Si movemos la caña (sobre todo si es blanda) con fuerza y en un arco corto, la punta sigue una curva cóncava, y la línea también se despliega en una curva de abajo arriba que provoca que la línea se cruce sobre sí misma. Esa curva cruzada es muy habitual en lanzadores intermedios, y volveré a ella con más detenimiento al hablar del lanzado delantero, pues es en el movimiento hacia delante (que suele realizarse con más fuerte impulso) donde más habitualmente se produce.

La dureza de la caña actúa en sentido opuesto: una caña dura necesita, en igualdad de condiciones, un arco de lanzado más corto que una caña blanda: si movemos la caña en un arco mayor de lo que su flexión permite el resultado es que la línea se moverá formando una onda muy ancha, dando en general como resultado un lanzado bastante pobre (salvo que esa onda ancha fuera precisamente nuestro objetivo).

El modo de realizar ese impulso, esa aceleración sostenida que impulsa a la línea cada vez más rápido, dependerá también de cuánta fuerza queramos dar a nuestro lanzado trasero. Para un lanzado corto basta un ligero impulso atrás y arriba del antebrazo, o un corto movimiento de la muñeca; para un lanzado más largo eso ya no es suficiente y hay que llevar más atrás y más arriba todo el brazo; para un lanzado de campeonato se puede llegar a ampliar el movimiento al máximo, girando el torso y desplegando el brazo hacia detrás hasta extenderlo completamente.

El porqué de esta diferencia en cuanto a la forma de mover el brazo se comprende fácilmente sin más que intentar llevarlo con fuerza hacia detrás, aún sin tener una caña de pescar en la mano.

  • Partiendo de la posición básica de inicio de un lanzado atrás potente (sosteniendo la imaginaria caña apuntando ligeramente hacia abajo y con el brazo semi-extendido ante nosotros) tratemos de realizar un hipotético lanzado trasero con todas nuestras fuerzas. Constataremos fácilmente que si el movimiento se realiza como es habitual (y de ordinario conveniente), recogiendo el brazo hasta formar un ángulo de 90º con el cuerpo mientras el antebrazo se mueve en un plano perpendicular al suelo, es casi imposible llevar el antebrazo más allá de la vertical.

    Esto tiene algunas ventajas: si mantenemos la muñeca firme y la caña casi en línea con el antebrazo es difícil cometer el frecuente error de acabar el lanzado trasero apuntando hacia el suelo tras nosotros; también ayuda a parar convenientemente la caña al final del movimiento. Pero tiene el inconveniente, para los que no tenemos un brazo de extraordinario potencia, de que limita bastante la longitud del "carril de aceleración" de la caña.

  • Si sustituimos el habitual movimiento vertical del brazo por un movimiento menos inclinado, casi recto, de la mano hacia detrás y arriba, el "carril de aceleración" se alarga y podemos aplicar con más facilidad un gran impulso, aunque a costa de añadir algunas dificultades al control del lanzado. En el curso de ese gesto de extensión amplia del brazo hacia detrás el puño va girando, y la caña con él, de forma que pasa de estar alineada al frente, al inicio del movimiento, a mirar hacia donde el brazo apunta cuando el movimiento finaliza.
lanzados (3 Kb.)

En una vista esquemática frontal del lanzador se muestra, de derecha a izquierda: la posición del brazo en el momento de frenar un lanzado trasero con poco impulso; al frenar un lanzado trasero de medio-fuerte impulso; y al frenar un lanzado trasero de gran impulso. Se observa cómo el brazo derecho se separa del cuerpo y se lleva cada vez más atrás, y cómo el brazo izquierdo contrapesa ese movimiento para permitir guardar mejor el equilibrio.

Debemos tener claro que la extensión del movimiento de lanzado debe ir acorde con la energía que sea necesario transferir a la línea: la conseguida moviendo unos cuantos músculos de la mano y el antebrazo basta para un lanzado flojo; muchos más músculos de todo el cuerpo (piernas, torso y brazos) colaboran en un lanzado potente.

No es correcto identificar un gesto amplio exclusivamente con un lanzamiento largo, aunque algo de verdad hay de ello; obviamente no es lo mismo lanzar una línea de peso #3 a 15 metros que lanzar una línea #9 a esos mismos 15 metros*; como no es lo mismo hacerlo en un día sin viento que en mitad de un vendaval; o con una pequeña mosca seca y con un estrímer de pelo de conejo de 25 cm. de longitud.

* En general (con líneas de similar densidad y sin tener en cuenta la mosca), para alcanzar similar distancia es preciso lanzar más velozmente cuanto más ligera sea la línea. Se entrelazan dos factores para que esto sea así: la masa de la línea es menor, y con ella la energía cinética en movimientos de similar velocidad; y su superficie (y por tanto la resistencia que la línea encuentra en el aire) disminuye en menor medida que la masa (por lo que comparativamente se pierde más energía al cortar el viento con las líneas más ligeras). Pero esto no significa obligatoriamente que cuanto más pesada sea la línea más fácil resulte alcanzar distancias largas, todo tiene su límite: mover deprisa una línea pesada es más difícil que hacer lo mismo con una línea ligera, y con líneas de pesos altos la gravedad tiene más importancia que la resistencia del viento. Las variables que intervienen en un lanzado se analizan en este gráfico [ 3 Kb.]

¡Pero, atención!, no se interprete lo dicho en anteriores párrafos como una invitación a lanzar por sistema moviendo el brazo en un arco de 180º. En la práctica basta habitualmente con un movimiento mucho más reducido. En dos animaciones intento mostrar un lanzado atrás de pequeño impulso (animación 1 [ 17 Kb.]), válido para pescar hasta unos quince metros de distancia en condiciones favorables; y un lanzado atrás de gran impulso (animación 2 [ 13 Kb.]), con el que cualquiera puede superar los veinticinco metros en caso necesario. Se puede ver cómo el impulso aplicado y la amplitud del movimiento son directamente proporcionales. La posición final del brazo en cada uno de esos dos casos se muestra, en una vista frontal del pescador, en los dibujos que ilustran este apartado.

Ir más allá pocas veces es necesario, y por otra parte en lanzamientos de máximo impulso se hace prácticamente indispensable utilizar técnicas que aún no he tratado; volveré a este asunto con más detenimiento en el capítulo dedicado al manejo de las cabezas de lanzado.

Lanzamiento trasero: parada y pausa (deriva)

a) Parada

Si mantener la aceleración, de forma que nunca perdamos tensión en la línea, es importante; no menos importante es saber frenar la caña con firmeza. Un buen lanzado trasero está casi asegurado si el impulso se aplica progresivamente, sin tirones, "cargando la caña", y se frena con brusquedad. Un símil automovilístico: hace falta un auto con un buen motor diesel y con unos frenos de fórmula 1.

Muchos lanzadores han utilizado diferentes ejemplos para ilustrar la forma de mover y parar la caña: intentemos lograr que el puntal salga despedido; imaginemos que tenemos una naranja clavada en la punta y queremos lanzarla lo más lejos posible; hagamos como si tuviéramos una brocha en la mano y quisiéramos salpicar de pintura la pared y el techo a nuestras espaldas...

Para los que no tienen demasiada imaginación... mejor será decir simplemente que se trata de aprovechar toda la inercia de la línea al tiempo que se descarga la energía acumulada en el material elástico de la caña, de forma que se da un último acelerón a la línea para que continúe su vuelo a nuestras espaldas en una línea lo más recta posible. Para poder realizar esa parada hay que prestar atención al modo de sujetar la caña, que debe acomodarse al impulso que la mano debe soportar: un lanzado corto es habitual compararlo con el lanzamiento de un dardo, y como para lanzar un dardo basta con un ligero y bien marcado movimiento de la mano; pero un lanzado potente exige dedicar algunos músculos más a la tarea de mover y parar la caña.

Un problema habitual en los principiantes es que intentan dar un impulso excesivo y no pueden parar la caña con la suficiente firmeza. La caña se detiene entonces poco a poco y la energía que almacenaba la línea se dispersa en un extenso recorrido, provocando en la línea una onda igualmente amplia. Si paramos la caña con firmeza su energía elástica se libera en un instante, formando en la línea una onda más estrecha y rápida.

Para poder frenar la caña con energía hay que empuñarla firmemente, pero en cuanto la parada se ha efectuado conviene aflojar el puño para amortiguar las consiguientes vibraciones de la caña.

Algunos pescadores dan, justo antes de parar la caña, algo que se puede definir como "golpe de muñeca" que (bien realizado) puede servir, más que para añadir impulso, para que la parada de la caña sea más brusca y la caña se "descargue" de un modo más eficaz. Pero eso es un pequeño truco que no a todos sirve por igual: lo importante es conseguir una parada firme y controlada, y cada cual puede encontrar un particular mejor modo de hacerlo, creo que todo lo demás que se pueda decir sobra.

Una vez claro cómo hay que parar la caña, queda sólo decir cuándo hay que pararla, y eso dependerá en buena parte de dónde queramos que vaya la línea (en otra parte dependerá, como ya se ha visto, de la relación entre la potencia del lanzamiento y la amplitud del arco de lanzado). Ya comenté en el primer artículo de esta serie que la línea seguirá el camino que le marque la punta de la caña, así que sólo queda conseguir parar la caña de forma que la recta que une el punto que ocupa su cima en el momento de detenerse y el lugar que ocupaba cuando comenzamos el movimiento siga esa dirección.

Bien sé que esto no aclara gran cosa, pero es que no es posible ser más exactos: dependiendo de cómo haya sido el movimiento completo, dos lanzados en los que la caña se detenga en el mismo punto pueden tener diferente muy diferente resultado (ver la correspondiente ilustración): en un lanzado trasero que ha comenzado con la caña apuntando al agua detenernos poco después de la vertical lanzará la línea en una recta ascendente; si el lanzado ha comenzado con la caña apuntando al cielo, parar en similar punto hará que la línea se despliegue a nuestras espaldas en las cercanías de la horizontal, o claramente señalando al suelo.

arcos de lanzado (3 Kb.)

Tres diferentes lanzados en los que la caña se detiene en el mismo lugar (D) lanzan la línea en diferentes direcciones: en A partimos con la caña muy abajo, y la línea seguirá una dirección ascendente; en B formamos un arco menor y la línea se extenderá horizontalmente; en C el arco es aún más pequeño y la línea seguirá una dirección descendente. Simplificando: para que la línea se mueva horizontalmente, el arco en el que se mueve la caña debe ser simétrico delante y detrás del pescador.

Algunos grandes lanzadores, como J. Alden Knight, han defendido (y defienden) la idea de que la línea debe desplegarse hacia detrás bien alto. No les faltan razones para hacerlo, pues a menudo la línea se lanza finalmente hacia el agua, pero para no equivocarnos creo más conveniente decir que, mientras sea posible, hay que extenderla en la misma dirección y opuesto sentido que la recta que queramos que siga la línea en el movimiento hacia delante. En este punto creo que la ilustración [ 3 Kb.] será más explícita que mis palabras.

b) Pausa (deriva)

Después de parar la caña hay que dar tiempo a que la línea se despliegue tras nosotros antes de comenzar el lanzado hacia delante. Esa pausa puede variar de un inapreciable instante a más de un segundo, dependiendo que cuánta cantidad de línea estemos manejando, y la velocidad a la que la línea se mueva en el aire.

Al comenzar a lanzar, medir con precisión esa pausa supone un gran problema.

Si comenzamos el movimiento hacia delante demasiado pronto no podremos "cargar" la caña hasta que la línea acabe de desplegarse, así que perderemos eficacia en el lanzado y a menudo provocaremos enredos en el bajo de línea. En algunos casos la aceleración brusca en el extremo de la línea puede hacer que restalle como la punta de un látigo (eso no es algo que las líneas agradezcan).

Si comenzamos tarde la línea ya habrá comenzado a caer y levantarla supondrá un esfuerzo extra.

Seguir la línea con la vista y comprobar cuándo acaba de extenderse es un buen hábito. También ayuda el sentir en la mano izquierda cómo la línea tira claramente cuando está finalizando su extensión. Notar ese tirón es básico para poder añadir algo de línea durante el lanzado, simplemente dejando ir un tramo más o menos largo (dependiendo en parte de la potencia del tirón) cuando la línea lo pide. En cualquier caso añadir línea no debe hacerse a costa de perder tensión: hay aprovechar en esa labor el exceso del impulso, pero sólo el exceso.

Algo que bastantes lanzadores suelen hacer es aprovechar el momento de pausa para llevar la caña un poco más atrás: como tomando algo de carrera para poder aplicar mejor el impulso que lanzará la línea hacia delante. Ese movimiento se suele denominar "deriva", y es objeto de cierta polémica: bastantes maestros del lanzado lo consideran casi imprescindible, y entre sus ventajas señalan que sirve para compensar el rebote que se produce tras una parada brusca de la caña, que aminora las vibraciones indeseadas del puntal, o que coloca a la caña en una mejor posición para comenzar el lanzado hacia delante. Otros grandes lanzadores consideran que esa deriva es algo superfluo si la parada de la caña se hace desde el principio en una posición suficientemente retrasada, y señalan que la deriva puede causar fácilmente pérdida de tensión en la línea. Personalmente pienso que una pequeña deriva bien realizada sí puede ser conveniente en lanzados muy potentes, sobre todo para neutralizar el rebote de la caña; pero en cuanto al resto de sus posibles beneficios, hay alternativas para conseguirlos que me parecen al menos igualmente adecuadas.

Podríamos decir que tanto el añadir más línea como el movimiento de deriva son acciones que sólo deben realizarse cuando el lanzado "lo pida", no basta con que lo quiera el lanzador. Ambas cosas exigen también que las anteriores partes del lanzado se hayan realizado con corrección.

Alejandro Viñuales

1ª Parte

2ª Parte

3ª Parte

4ª Parte

5ª Parte

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