| Es el lanzado
que, en condiciones normales, permite dar una mayor velocidad a la línea, alcanzar una
mayor distancia, lograr una más alta precisión, y en definitiva controlar mejor la
mosca. Es por todo ello el lanzado más usual cuando no hay obstáculos que impidan o
dificulten su realización. Un buen lanzado vertical
es la base de la mayor parte de la panoplia de lanzados que utiliza el pescador para
enfrentarse a sus adversarios acuáticos.
Su realización se divide habitualmente en dos fases: el
lanzado delantero y el lanzado trasero (en inglés: forward cast y back cast).
En algunas escuelas de lanzado ambas fases son simétricas, o casi; en otras hay claras
diferencias entre ambas. En cualquier caso tratar ambas fases por separado es conveniente
desde un punto de vista didáctico, aunque en la práctica ambas sean indisociables, y en
el resultado final del lanzado las dos intervengan por igual.
Puesto que no hay una única manera de manejar
correctamente una caña de mosca, y para no complicar demasiado un tema que ya de por sí
tiene sus complicaciones, me referiré exclusivamente a lo que podríamos llamar
"lanzado vertical estándar", dejando las variantes particulares para mejor
ocasión.
Comenzando a lanzar
Para iniciarse en el
lanzado es aconsejable sujetar la línea con la misma mano que la caña, atrapándola
contra la parte inferior de la empuñadura con algún dedo (habitualmente se utilizan el
índice y el medio).
Para mantener la tensión en la línea fácilmente cuando se comienza a lanzar,
conviene prenderla con los dedos contra la empuñadura de la caña. Esta presa hay que
adoptarla en todo caso mientras esperamos que un pez tome nuestra mosca.
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Posteriormente, cuando se tiene algo de control sobre la
línea, se mantiene la tensión con la mano que no lanza, mano que además tiene un
importante papel en algunos lanzados avanzados. Eso sí: en cuanto el lanzado finaliza y
la mosca cae al agua hay que sujetar la línea contra la empuñadura de la caña, tal y
como he señalado en el anterior párrafo, para poder clavar cuando algún pez tome la
mosca. Igualmente servirá esa sujeción para evitar que la línea se afloje durante la
pelea con el pez, ya sea durante los momentos que nos lleva enrollar en el carrete la
línea sobrante, ya sea a lo largo de toda la lucha si trabajamos la captura sin utilizar
el carrete (algo habitual con peces de pequeño tamaño).
Para realizar un lanzado vertical normal podemos partir de
tener unos metros de línea desplegados en el agua delante de nosotros (una buena medida
para empezar son unos ocho metros de línea, que sumados a la longitud de la caña y del
bajo de línea bastan para poder posar perfectamente la mosca a más de diez metros). Lo
siguiente es impulsar esos metros de línea hacia detrás para conseguir que se extiendan
completamente en el aire a nuestras espaldas. En cuanto eso ocurre, y antes de que la
línea caiga al suelo, cambiamos el sentido del movimiento de la caña e iniciamos el
lanzado hacia delante. Si todo ha ido bien conseguiremos que la línea y el bajo de línea
se extiendan ante nosotros, depositando la mosca suavemente en el punto que queríamos
alcanzar.
Dicho así puede parecer que no hay ninguna dificultad en
realizarlo; hasta que alguien que nunca lo ha hecho intenta hacerlo.
Vayamos por partes. El movimiento completo de la caña que
he descrito en el anterior párrafo se puede dividir en una serie de movimientos con
relativa independencia: en dos etapas claramente separadas (lanzamiento trasero y
lanzamiento delantero), y cada una de esas partes en distintos movimientos digamos que
secundarios. En el siguiente esquema se reflejan esos movimientos y sub-movimientos
básicos (recordemos que partimos de tener la línea extendida en el agua delante de
nosotros).
- Lanzamiento trasero
- Arrancada
- Impulso hacia detrás
- a)
La aceleración
- b)
La amplitud del movimiento
- Parada y pausa (deriva)
- a)
Parada
- b)
Pausa
- c)
Deriva
- Lanzamiento delantero (su análisis pormenorizado, por
razones de espacio, queda para la siguiente entrega de este curso)
 Cuando se tienen unas ligeras nociones de lanzado
conviene normalmente mantener la tensión sosteniendo la línea con la mano que no lanza.
En muchos casos esa mano simplemente sostiene la línea mientras se mantiene inmóvil,
relajada a nuestro costado; pero en otros casos esa mano participa activamente en el
lanzado, soltando línea o jalando de ella. |
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Lanzamiento trasero
Desde los inicios de la
pesca con mosca con caña corta y sedal largo (allá por los albores del siglo XIX), hasta
ahora, muchas cosas han cambiado; pero no tantas como algunos pudieran pensar.
Hace más de cien años Henry P. Wells escribía:
"Recuerde que el lanzamiento trasero es la base, y si no es consistente toda la
estructura será endeble". Hace sesenta años John Alden Knight aseguraba: "Si
se efectúa bien el movimiento hacia detrás es muy difícil que salga mal el del lanzado
propiamente dicho". Treinta años después D. Swishers y C. Richards escriben:
"Es muy difícil efectuar un buen lanzamiento hacia delante sin haber realizado un
correcto lanzamiento hacia detrás". Y algo parecido, ya entrados los años noventa,
nos vuelve a recordar Peter Mackenzie de una forma tajante: "Sin un buen lanzamiento
trasero usted no puede conseguir un buen lanzamiento delantero".
Una de las pocas cosas relativas a la técnica del lanzado
vertical en la que tantos instructores de lanzado de diferentes épocas se han puesto de
acuerdo no voy yo a negarlo, y por ello creo que bien merece la pena dedicar este
artículo casi exclusivamente a analizar el lanzado trasero. Sin embargo, sí me gustaría
señalar que a menudo el lanzado hacia detrás ha venido precedido por un lanzado hacia
adelante, y que si ese lanzado delantero no se ha realizado correctamente, el subsiguiente
lanzado trasero es fácil que tampoco sea demasiado bueno. Con esto lo único que quiero
dejar claro es que ambos movimientos son igualmente importantes.
Pero hay algo que en la práctica es inevitable: el
lanzado trasero presenta mayores dificultades que el lanzado delantero y exige que le
prestemos especial atención. El motivo tiene mucho que ver con nuestra estructura
muscular: nuestro brazo está diseñado para estirarse fácilmente con control, velocidad
y potencia, pero no para encogerse de igual manera; estamos hechos para golpear con fuerza
lo que está delante de nosotros, no lo que está a nuestras espaldas.
Lanzamiento trasero, fase de arrancada
Arrancada en un doble
sentido: "arrancamos" la línea del agua y comenzamos el lanzado. El más
frecuente error en este paso es comenzar con la caña demasiado levantada y querer
posteriormente aplicar un fuerte impulso.
Hay que mantener la caña lo bastante abajo para formar un
arco de tal amplitud que nos permita acelerar suficientemente la línea de una forma
progresiva, sin tirones que provocarían ondulaciones anejas y enredos de línea y bajo de
línea. Más abajo cuánto más impulso queramos dar a nuestro lanzado (llegando, si es
preciso, a comenzar el movimiento de arrancada con la punta de la caña rozando el agua).
A veces no es necesario tan gran empuje, y sí es
importante que la arrancada se realice sin causar demasiado alboroto. En esos casos hay
algunos modos de efectuar la arrancada que pueden ayudarnos: levantar la línea al tiempo
que se agita levemente a uno y otro lado el puntal de la caña, o preceder el movimiento
de arrancada con un lanzado rodado (que veremos en próxima ocasión); pero si de verdad
el sigilo es importante, lo mejor, sin duda ninguna, es acercar la mosca lentamente y
comenzar el lanzado con sólo una pequeña cantidad de línea en el agua (eso obliga a
saber cómo añadir línea mientras se mantiene la mosca en el aire en una serie de falsos
lanzados, algo sencillo si se conocen los fundamentos del lanzado vertical y que
comentaré de pasada al final de este capítulo, para explicarlo más ampliamente en la
próxima entrega de la serie, la dedicada a la etapa delantera del lanzado vertical).
Lanzamiento trasero: fase de impulso
Si hay algún momento
concreto del lanzado que debemos cuidar de un modo especial, ése es aquel en que
aplicamos el impulso durante el lanzamiento trasero. Ya he comentado que no es fácil
"golpear" hacia detrás con fuerza, velozmente, que nuestros brazos no están
diseñados para ello.
Charles Ritz, sin duda una de las grandes figuras de la
pesca con mosca de este siglo, tenía un método de entrenamiento muy simple: una botella
llena de arena que, convenientemente asida del cuello, y balanceada como si de una caña
se tratara, servía para endurecer los músculos que intervienen en el lanzado.
Pero aunque un brazo fuerte puede ayudar a alcanzar
distancias de campeonato, no pensemos que es preciso ser un Hércules para ser un buen
lanzador de mosca: bastante más importante que tener poca o mucha fuerza es saber
aprovecharla con eficacia.
a) La aceleración
El movimiento hacia atrás de la caña debe hacerse de un
modo uniformemente acelerado. Los tirones descontrolados a mitad de recorrido sólo sirven
para arruinar el lanzado. Resulta mucho más eficaz un movimiento suave, incluso en
apariencia lento, pero que vaya de menos a más (flexionando cada vez más la caña y
empujando la línea en la dirección adecuada), que un movimiento violento y entrecortado,
un "latigazo" de la punta de la caña, que tira violentamente de un tramo de
línea causando ondulaciones parásitas que interfieren con la onda principal encargada de
extender la línea hacia delante.
Una expresión que suele utilizarse para describir qué es
lo que debemos conseguir es "cargar la caña".
"Cargar la caña" implica tratar a esta
fundamental herramienta de lanzado como lo que, además de una palanca, es: un muelle que
puede almacenar parte de la energía mecánica que generamos al mover el brazo para
liberarla en el momento adecuado. Resulta asombroso lo a menudo que se olvida algo tan
obvio, y tan importante para conseguir buenos lanzados.
Vincent C. Marinaro, en su maravillosa obra "In the
ring of de rise", afirma que la caña no puede almacenar y liberar energía
suficiente como para efectuar cualquier tipo de lanzado, y describe un experimento,
realizado por Robert Crompton, que consistió en sujetar firmemente el mango de una caña,
estirar la línea hacia detrás hasta curvar la caña al máximo, y soltar la línea (el
resultado no fue precisamente un lanzado perfecto).
Pero Marinaro olvidó tener en cuenta algunos factores
básicos relacionados con la flexibilidad de la línea y con el plano en el que el lanzado
se realiza, que en resumidas cuentas originan que en ese experimento sólo una muy
pequeña parte de la energía almacenada por la caña se pueda aprovechar para impulsar la
línea hacia delante. Si sustituimos la línea por un objeto rígido de similar masa (7,5
gr de plomo equivaldrían a los diez primeros metros de una línea #4) y lo colocamos,
doblado en forma de U, en la punta de la caña, podemos transformarla en una catapulta
algo más eficaz de lo que Marinaro da a entender; aunque el método más sencillo para
conocer realmente la potencia que puede aportar la caña sigue siendo el viejo sistema de
medir con un dinamómetro el esfuerzo que debemos realizar para mantenerla completamente
curvada en un ángulo de 90º. Esfuerzo que en una caña de mosca potente (#10) equivale a
cerca de un kilogramo. La gran elasticidad del material de la caña permite que una parte
apreciable de ese kilogramo se pueda transferir [ 15 Kb.] a la línea.
Eso no significa, desde luego, que una caña pueda lanzar
por sí sola (el impulso que genera el brazo del lanzador, obviamente, es básico); pero
sí que la energía extra que aporta al liberar la tensión elástica acumulada ayuda, sin
ninguna duda, a realizar un buen lanzado.
b) La amplitud del movimiento
Durante bastante tiempo se consideró que el impulso en el
movimiento hacia detrás no debía nunca llevar al pescador a inclinar la caña en exceso.
Se solía decir que para obtener un buen lanzado, con la línea extendiéndose en un seno
cerrado (ver los capítulos anteriores de esta serie si no se entiende la importancia de
este punto), apenas había que pasar de la vertical; frenando el movimiento cuando la
caña adoptaba una inclinación semejante a la de la manecilla horaria de un reloj que
marcara la una.
Esas teorías tienen una base física aparentemente
sólida: si movemos la caña en un arco amplio la línea se abre en un arco amplio. Pero
en realidad eso sólo sería cierto si la punta de la caña siguiera el mismo o parecido
arco que la empuñadura de la caña, lo que en absoluto ocurre cuando el impulso se
realiza de modo que la caña flexiona (se "carga") de forma acusada. La abertura
de la onda que sigue la línea depende principalmente de la mayor o menor altura de la
curva que sigue la punta de la caña, no de la mayor o menor altura de la curva que sigue
la mano del lanzador. A veces se dice que la teoría que relaciona directamente una caña
que se mueve en un arco amplio con una línea que se desenrolla en una onda de gran
diámetro confunde una caña de pescar con un palo de escoba, y efectivamente: sólo si la
caña fuera tan rígida como un grueso palo ambas curvas irían indisolublemente de la
mano.
Pero aunque no se pueda establecer una relación directa e
indisociable entre mover la caña en un arco estrecho y lanzar la línea en una onda
estrecha, sí es cierto que una de las formas más sencillas de lograr una onda estrecha,
y por ende un buen lanzado, para un principiante es procurar no mover la caña la caña en
un arco demasiado amplio: pero sólo porque abrir innecesariamente el arco de lanzado, sin
"cargar" lo suficiente la caña, es uno de los más frecuentes errores de los
"mosqueros" primerizos. Si el lector nunca ha lanzado una mosca y quiere obtener
resultados rápidos no es mala idea que actúe en sus primeras lecciones como si la vieja
teoría del reloj fuera completamente cierta.
Para los que ya conocen algo de cómo manejar una caña de
mosca, creo importante remarcar que el arco de lanzado debe relacionarse en gran medida
con el impulso aplicado, o más exactamente: con la energía cinética de la línea y con
la mayor o menor dureza de la caña.
Creo que no es difícil imaginar que cuanta más línea
tengamos en el aire más masa actúa sobre la punta de la caña y más tiende ésta por
tanto a flexionarse. Lo mismo ocurre cuando la línea se mueve más rápido. Llevando esto
a la práctica podemos decir que más velocidad y más longitud de línea permiten (o
piden) un arco de lanzado más amplio. Si la flexión de la caña es mucha y la movemos en
un corto arco la punta de la caña se moverá en una curva convexa y se producirá lo que
podemos denominar una onda cruzada (en inglés: tailing loop): la línea pasará de
abajo arriba sobre sí misma y los enredos serán habituales.
Si movemos la caña (sobre todo si es blanda)
con fuerza y en un arco corto, la punta sigue una curva cóncava, y la línea también se
despliega en una curva de abajo arriba que provoca que la línea se cruce sobre sí misma.
Esa curva cruzada es muy habitual en lanzadores intermedios, y volveré a ella con más
detenimiento al hablar del lanzado delantero, pues es en el movimiento hacia delante (que
suele realizarse con más fuerte impulso) donde más habitualmente se produce.
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La dureza de la caña actúa en sentido opuesto: una caña
dura necesita, en igualdad de condiciones, un arco de lanzado más corto que una caña
blanda: si movemos la caña en un arco mayor de lo que su flexión permite el resultado es
que la línea se moverá formando una onda muy ancha, dando en general como resultado un
lanzado bastante pobre (salvo que esa onda ancha fuera precisamente nuestro objetivo).
El modo de realizar ese impulso, esa aceleración
sostenida que impulsa a la línea cada vez más rápido, dependerá también de cuánta
fuerza queramos dar a nuestro lanzado trasero. Para un lanzado corto basta un ligero
impulso atrás y arriba del antebrazo, o un corto movimiento de la muñeca; para un
lanzado más largo eso ya no es suficiente y hay que llevar más atrás y más arriba todo
el brazo; para un lanzado de campeonato se puede llegar a ampliar el movimiento al
máximo, girando el torso y desplegando el brazo hacia detrás hasta extenderlo
completamente.
El porqué de esta diferencia en cuanto a la forma de
mover el brazo se comprende fácilmente sin más que intentar llevarlo con fuerza hacia
detrás, aún sin tener una caña de pescar en la mano.
- Partiendo de la posición básica de inicio de un lanzado
atrás potente (sosteniendo la imaginaria caña apuntando ligeramente hacia abajo y con el
brazo semi-extendido ante nosotros) tratemos de realizar un hipotético lanzado trasero
con todas nuestras fuerzas. Constataremos fácilmente que si el movimiento se realiza como
es habitual (y de ordinario conveniente), recogiendo el brazo hasta formar un ángulo de
90º con el cuerpo mientras el antebrazo se mueve en un plano perpendicular al suelo, es
casi imposible llevar el antebrazo más allá de la vertical.
Esto tiene algunas ventajas: si mantenemos la muñeca firme y la caña casi en línea con
el antebrazo es difícil cometer el frecuente error de acabar el lanzado trasero apuntando
hacia el suelo tras nosotros; también ayuda a parar convenientemente la caña al final
del movimiento. Pero tiene el inconveniente, para los que no tenemos un brazo de
extraordinario potencia, de que limita bastante la longitud del "carril de
aceleración" de la caña.
- Si sustituimos el habitual movimiento vertical del brazo
por un movimiento menos inclinado, casi recto, de la mano hacia detrás y arriba, el
"carril de aceleración" se alarga y podemos aplicar con más facilidad un gran
impulso, aunque a costa de añadir algunas dificultades al control del lanzado. En el
curso de ese gesto de extensión amplia del brazo hacia detrás el puño va girando, y la
caña con él, de forma que pasa de estar alineada al frente, al inicio del movimiento, a
mirar hacia donde el brazo apunta cuando el movimiento finaliza.
En una vista esquemática frontal del lanzador
se muestra, de derecha a izquierda: la posición del brazo en el momento de frenar un
lanzado trasero con poco impulso; al frenar un lanzado trasero de medio-fuerte impulso; y
al frenar un lanzado trasero de gran impulso. Se observa cómo el brazo derecho se separa
del cuerpo y se lleva cada vez más atrás, y cómo el brazo izquierdo contrapesa ese
movimiento para permitir guardar mejor el equilibrio.
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Debemos tener claro que la extensión del movimiento de
lanzado debe ir acorde con la energía que sea necesario transferir a la línea: la
conseguida moviendo unos cuantos músculos de la mano y el antebrazo basta para un lanzado
flojo; muchos más músculos de todo el cuerpo (piernas, torso y brazos) colaboran en un
lanzado potente.
No es correcto identificar un gesto amplio exclusivamente
con un lanzamiento largo, aunque algo de verdad hay de ello; obviamente no es lo mismo
lanzar una línea de peso #3 a 15 metros que lanzar una línea #9 a esos mismos 15
metros*; como no es lo mismo hacerlo en un día sin viento que en mitad de un vendaval; o
con una pequeña mosca seca y con un estrímer de pelo de conejo de 25 cm. de longitud.
* En general (con líneas de similar densidad y sin tener
en cuenta la mosca), para alcanzar similar distancia es preciso lanzar más velozmente
cuanto más ligera sea la línea. Se entrelazan dos factores para que esto sea así: la
masa de la línea es menor, y con ella la energía cinética en movimientos de similar
velocidad; y su superficie (y por tanto la resistencia que la línea encuentra en el aire)
disminuye en menor medida que la masa (por lo que comparativamente se pierde más energía
al cortar el viento con las líneas más ligeras). Pero esto no significa obligatoriamente
que cuanto más pesada sea la línea más fácil resulte alcanzar distancias largas, todo
tiene su límite: mover deprisa una línea pesada es más difícil que hacer lo mismo con
una línea ligera, y con líneas de pesos altos la gravedad tiene más importancia que la
resistencia del viento. Las variables que intervienen en un lanzado se analizan en este gráfico [
3 Kb.] |
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¡Pero, atención!, no se interprete lo dicho en
anteriores párrafos como una invitación a lanzar por sistema moviendo el brazo en un
arco de 180º. En la práctica basta habitualmente con un movimiento mucho más reducido.
En dos animaciones intento mostrar un lanzado atrás de pequeño impulso (animación 1 [
17 Kb.]), válido para pescar hasta unos quince metros de distancia en condiciones
favorables; y un lanzado atrás de gran impulso (animación 2 [ 13 Kb.]), con el que cualquiera
puede superar los veinticinco metros en caso necesario. Se puede ver cómo el impulso
aplicado y la amplitud del movimiento son directamente proporcionales. La posición final
del brazo en cada uno de esos dos casos se muestra, en una vista frontal del pescador, en
los dibujos que ilustran este apartado.
Ir más allá pocas veces es necesario, y por otra parte
en lanzamientos de máximo impulso se hace prácticamente indispensable utilizar técnicas
que aún no he tratado; volveré a este asunto con más detenimiento en el capítulo
dedicado al manejo de las cabezas de lanzado.
Lanzamiento trasero: parada y pausa
(deriva)
a) Parada
Si mantener la aceleración, de forma que nunca perdamos
tensión en la línea, es importante; no menos importante es saber frenar la caña con
firmeza. Un buen lanzado trasero está casi asegurado si el impulso se aplica
progresivamente, sin tirones, "cargando la caña", y se frena con brusquedad. Un
símil automovilístico: hace falta un auto con un buen motor diesel y con unos frenos de
fórmula 1.
Muchos lanzadores han utilizado diferentes ejemplos para
ilustrar la forma de mover y parar la caña: intentemos lograr que el puntal salga
despedido; imaginemos que tenemos una naranja clavada en la punta y queremos lanzarla lo
más lejos posible; hagamos como si tuviéramos una brocha en la mano y quisiéramos
salpicar de pintura la pared y el techo a nuestras espaldas...
Para los que no tienen demasiada imaginación... mejor
será decir simplemente que se trata de aprovechar toda la inercia de la línea al tiempo
que se descarga la energía acumulada en el material elástico de la caña, de forma que
se da un último acelerón a la línea para que continúe su vuelo a nuestras espaldas en
una línea lo más recta posible. Para poder realizar esa parada hay que prestar atención
al modo de sujetar la caña, que debe acomodarse al impulso que la mano debe soportar: un
lanzado corto es habitual compararlo con el lanzamiento de un dardo, y como para lanzar un
dardo basta con un ligero y bien marcado movimiento de la mano; pero un lanzado potente
exige dedicar algunos músculos más a la tarea de mover y parar la caña.
Un problema habitual en los principiantes es que intentan
dar un impulso excesivo y no pueden parar la caña con la suficiente firmeza. La caña se
detiene entonces poco a poco y la energía que almacenaba la línea se dispersa en un
extenso recorrido, provocando en la línea una onda igualmente amplia. Si paramos la caña
con firmeza su energía elástica se libera en un instante, formando en la línea una onda
más estrecha y rápida.
Para poder frenar la caña con energía hay que empuñarla
firmemente, pero en cuanto la parada se ha efectuado conviene aflojar el puño para
amortiguar las consiguientes vibraciones de la caña.
Algunos pescadores dan, justo antes de parar la caña,
algo que se puede definir como "golpe de muñeca" que (bien realizado) puede
servir, más que para añadir impulso, para que la parada de la caña sea más brusca y la
caña se "descargue" de un modo más eficaz. Pero eso es un pequeño truco que
no a todos sirve por igual: lo importante es conseguir una parada firme y controlada, y
cada cual puede encontrar un particular mejor modo de hacerlo, creo que todo lo demás que
se pueda decir sobra.
Una vez claro cómo hay que parar la caña, queda sólo
decir cuándo hay que pararla, y eso dependerá en buena parte de dónde queramos que vaya
la línea (en otra parte dependerá, como ya se ha visto, de la relación entre la
potencia del lanzamiento y la amplitud del arco de lanzado). Ya comenté en el primer
artículo de esta serie que la línea seguirá el camino que le marque la punta de la
caña, así que sólo queda conseguir parar la caña de forma que la recta que une el
punto que ocupa su cima en el momento de detenerse y el lugar que ocupaba cuando
comenzamos el movimiento siga esa dirección.
Bien sé que esto no aclara gran cosa, pero es que no es
posible ser más exactos: dependiendo de cómo haya sido el movimiento completo, dos
lanzados en los que la caña se detenga en el mismo punto pueden tener diferente muy
diferente resultado (ver la correspondiente ilustración): en un lanzado trasero que ha
comenzado con la caña apuntando al agua detenernos poco después de la vertical lanzará
la línea en una recta ascendente; si el lanzado ha comenzado con la caña apuntando al
cielo, parar en similar punto hará que la línea se despliegue a nuestras espaldas en las
cercanías de la horizontal, o claramente señalando al suelo.
Tres diferentes lanzados en los que la caña se
detiene en el mismo lugar (D) lanzan la línea en diferentes direcciones: en A partimos
con la caña muy abajo, y la línea seguirá una dirección ascendente; en B formamos un
arco menor y la línea se extenderá horizontalmente; en C el arco es aún más pequeño y
la línea seguirá una dirección descendente. Simplificando: para que la línea se mueva
horizontalmente, el arco en el que se mueve la caña debe ser simétrico delante y detrás
del pescador.
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Algunos grandes lanzadores, como J. Alden Knight, han
defendido (y defienden) la idea de que la línea debe desplegarse hacia detrás bien alto.
No les faltan razones para hacerlo, pues a menudo la línea se lanza finalmente hacia el
agua, pero para no equivocarnos creo más conveniente decir que, mientras sea posible, hay
que extenderla en la misma dirección y opuesto sentido que la recta que queramos que siga
la línea en el movimiento hacia delante. En este punto creo que la ilustración
[ 3 Kb.] será más explícita
que mis palabras.
b) Pausa (deriva)
Después de parar la caña hay que dar tiempo a que la
línea se despliegue tras nosotros antes de comenzar el lanzado hacia delante. Esa pausa
puede variar de un inapreciable instante a más de un segundo, dependiendo que cuánta
cantidad de línea estemos manejando, y la velocidad a la que la línea se mueva en el
aire.
Al comenzar a lanzar, medir con precisión esa pausa
supone un gran problema.
Si comenzamos el movimiento hacia delante demasiado pronto
no podremos "cargar" la caña hasta que la línea acabe de desplegarse, así que
perderemos eficacia en el lanzado y a menudo provocaremos enredos en el bajo de línea. En
algunos casos la aceleración brusca en el extremo de la línea puede hacer que restalle
como la punta de un látigo (eso no es algo que las líneas agradezcan).
Si comenzamos tarde la línea ya habrá comenzado a caer y
levantarla supondrá un esfuerzo extra.
Seguir la línea con la vista y comprobar cuándo acaba de
extenderse es un buen hábito. También ayuda el sentir en la mano izquierda cómo la
línea tira claramente cuando está finalizando su extensión. Notar ese tirón es básico
para poder añadir algo de línea durante el lanzado, simplemente dejando ir un tramo más
o menos largo (dependiendo en parte de la potencia del tirón) cuando la línea lo pide.
En cualquier caso añadir línea no debe hacerse a costa de perder tensión: hay
aprovechar en esa labor el exceso del impulso, pero sólo el exceso.
Algo que bastantes lanzadores suelen hacer es aprovechar
el momento de pausa para llevar la caña un poco más atrás: como tomando algo de carrera
para poder aplicar mejor el impulso que lanzará la línea hacia delante. Ese movimiento
se suele denominar "deriva", y es objeto de cierta polémica: bastantes maestros
del lanzado lo consideran casi imprescindible, y entre sus ventajas señalan que sirve
para compensar el rebote que se produce tras una parada brusca de la caña, que aminora
las vibraciones indeseadas del puntal, o que coloca a la caña en una mejor posición para
comenzar el lanzado hacia delante. Otros grandes lanzadores consideran que esa deriva es
algo superfluo si la parada de la caña se hace desde el principio en una posición
suficientemente retrasada, y señalan que la deriva puede causar fácilmente pérdida de
tensión en la línea. Personalmente pienso que una pequeña deriva bien realizada sí
puede ser conveniente en lanzados muy potentes, sobre todo para neutralizar el rebote de
la caña; pero en cuanto al resto de sus posibles beneficios, hay alternativas para
conseguirlos que me parecen al menos igualmente adecuadas.
Podríamos decir que tanto el añadir más línea como el
movimiento de deriva son acciones que sólo deben realizarse cuando el lanzado "lo
pida", no basta con que lo quiera el lanzador. Ambas cosas exigen también que las
anteriores partes del lanzado se hayan realizado con corrección. |