| 4. Esperamos a que la línea acabe de
extenderse. 5. Movemos la caña hacia delante, con
un movimiento fluido y uniformemente acelerado.
6. Frenamos con decisión, y aquí encontramos dos
caminos:
a) Hacemos una pausa esperando a que la línea acabe de
extenderse en el aire, y cuando finalice esa extensión recomenzamos el lanzado con un
nuevo movimiento hacia detrás, que será seguido de otro hacia delante... Esto son los
llamados falsos lanzados, durante los cuales mantenemos la línea en el cielo. Son muy
útiles para secar las moscas y, además, en el curso de los mismos, justo tras la pausa,
podemos ir añadiendo línea alargando el lanzado (aunque para ello hay que sujetarla con
la mano que no sostiene la caña, y no contra la empuñadura de la caña; algo que
dificulta al principio el mantener en todo momento la tensión, por lo que conviene
dejarlo para una segunda fase del aprendizaje).
b) Hacemos una corta pausa y cuando la línea comienza a
caer la acompañamos con la caña en esa caída. Esto se hace para evitar que la línea
forme una gran curva y tire del tramo que está en el agua, arrastrando la mosca con ella.
En este último lanzado también podemos añadir línea, y como ya no necesitamos mantener
la tensión (como ocurría durante los falsos lanzados) podemos soltar una mayor longitud
con un largo disparo final: hasta varias decenas de metros si utilizamos una línea con
una pesada cabeza seguida de una fina y larga cola.
Los seis errores más comunes y
sus soluciones
1. La caña se inclina demasiado en el
movimiento trasero
Es éste el más usual defecto de los principiantes:
intentan dar más fuerza a su lanzado llevando la caña un poco más atrás. El resultado
es que la línea se cae a sus espaldas en el movimiento trasero y la onda se abre en
exceso; como consecuencia en el movimiento delantero la línea forma una curva amplia
sobre la cabeza del lanzador y conserva fuerza para desplazarse horizontalmente,
resultando vanos los intentos de extenderla. A menudo el lanzador se empeña entonces en
tomar más impulso al lanzar la línea hacia delante, para lo que lleva la caña aún más
atrás, y el problema lejos de resolverse se va agravando.
La solución es fácil: frenar antes la caña. Aunque lo
de fácil habría que entrecomillarlo: muchos lanzadores principiantes tienen muy
arraigado el hábito de lanzar moviendo sobre todo la muñeca, y les puede resultar muy
complicado frenar la caña poco después de la vertical, como sería conveniente hacer en
lanzados cortos o medios. Conviene, sobre todo al empezar a lanzar, evitar en lo posible
utilizar la muñeca, y actuar como si entre la mano y el antebrazo no tuviéramos ninguna
articulación. Asimismo conviene realizar lanzados abriendo y cerrando conscientemente el
arco de lanzado, para observar lo que ocurre en cada caso y ver claramente la influencia
del movimiento de la punta de la caña en el desplazamiento de la línea.


Un error frecuente: la caña se lleva demasiado atrás, la línea se
lanza hacia el suelo y forma una onda muy ancha y poco eficaz. |
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2. La parada de la caña no es neta
Este problema y el anterior suelen ir de la mano en los
principiantes; pero también en lanzadores de medio nivel es habitual observar cómo la
caña se detiene poco a poco, de modo que absorbe parte del empuje que aporta su
elasticidad. El problema por sí mismo no es grave si podemos permitirnos el lujo de
desperdiciar parte de la fuerza aplicada en el lanzado, pero habitualmente se une al
primer error: al no frenar la caña con firmeza ésta deriva y se abre excesivamente el
arco de lanzado.
La solución es obvia: concentrarnos al frenar la caña
hasta que logremos marcar perfectamente la parada, hasta conseguir que la caña entre el
momento en que alcanza la máxima velocidad y el momento en que se detiene completamente
recorra la menor distancia posible. Sobre esto hay que advertir de un nuevo problema que
puede presentarse, sobre todo con cañas algo blandas: al frenar con brusquedad la caña
se descarga con fuerza y rebota después, formando en la línea ondas parásitas. Para
amortiguar ese rebote hay varios "trucos": desplazar ligeramente la caña
después de la parada, en la misma dirección que la línea, esto es lo que se conoce como
deriva; o aflojar la mano inmediatamente después de parar la caña, de ese modo, al
permitir que la empuñadura se mueva algo en el hueco de la mano, la punta de la caña
acusará menos el rebote.
3. La pausa es demasiado corta o
demasiado larga
Ya expliqué al principio de este artículo los nefastos
efectos que sobre el lanzado tiene no acomodar el tiempo de pausa al que tarda la línea
en extenderse. Los lanzadores más experimentados saben que hay estilos de lanzado en los
que no se efectúa pausa alguna, pero en esos casos se utilizan sistemas para alargar el
movimiento de la caña de forma que los cambios de sentido de la caña puedan realizarse
en el momento preciso.
Mirar cómo la línea se extiende, especialmente en el
movimiento trasero, es una buena forma de asegurarnos de que el movimiento delantero
comienza en el momento adecuado. En lanzados medios es posible sentir con claridad cómo
la línea tira de la caña mientras se extiende, de forma que sin necesidad de mirar el
pescador sabe cuando finaliza esa extensión; pero ese tirón no se nota gran cosa cuando
lanzamos a corta distancia, ni cuando nos acercamos al límite de metros de línea que
podemos mantener en el aire. Mirar hacia detrás mientras la línea se extiende es una
magnífica costumbre llena de ventajas, aunque no sea siempre necesaria. Si la practicamos
con asiduidad, además de avanzar con más rapidez en el dominio del lanzado evitaremos
dejar algunas moscas en las ramas de los árboles.
4. La aceleración no se mantiene
durante todo el movimiento
Éste es un defecto muy habitual. El lanzador comienza el
lanzado con ímpetu, pero no puede mantenerlo hasta que el movimiento finaliza. El
resultado es que la caña se cimbrea y casi inmediatamente se endereza, digamos que el
lanzado comienza antes de lo que se pretendía. El resultado es que se produce una
pequeña onda cruzada, que no por pequeña es menos molesta y menos causante de enredos.
La solución es no olvidar que la velocidad a la que hay
que mover la caña debe ser creciente. Una aceleración suave y mantenida es siempre
preferible a un corto y brusco empujón a mitad de lanzado.
5. No se aplica fuerza suficiente
No suele ser preciso en el curso normal de una jornada de
pesca lanzar con todas nuestras fuerzas, eso lo dejamos para los concursos de lanzado.
Pero eso no quiere decir que baste mover lentamente la caña hacia delante y hacia detrás
para extender una decena de metros de línea. A veces los pescadores incipientes parecen
tener miedo de romper la caña. La caña se romperá cuando tenga que romperse, pero eso
no ocurrirá antes por lanzar con un poco de energía.
Tengamos en cuenta que la línea pesa, que tenemos que
superar la fuerza de la gravedad y la resistencia del viento. Para ello tiene que moverse
con cierta velocidad, velocidad que sólo conseguirá si previamente la punta de la caña
se ha movido igualmente deprisa.
6. El arco de lanzado y el impulso
aplicado no van coordinados
Si el impulso es demasiado fuerte para la amplitud del
arco de lanzado se producen enredos en la línea (ondas cruzadas, en inglés "tailing
loop") ; si el impulso no es suficiente para la amplitud del arco de lanzado se forma
una onda excesivamente abierta.
El arco de lanzado y el impulso deben estar en relación
directa: un lanzamiento largo, de gran impulso, pide un arco de lanzado amplio; un
lanzamiento corto, de poco impulso, pide un arco de lanzado corto.


Los senos cruzados, arriba, se producen cuando la punta de la caña sigue una trayectoria
cóncava. Para evitarlos debemos abrir un poco el arco de lanzado; de esa manera, como se
muestra en la parte inferior del dibujo, la punta de la caña sigue una trayectoria
convexa y la línea forma una onda lo bastante abierta como para evitar enredos. |
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Las ondas cruzadas son un problema habitual en lanzadores
de nivel medio que se empeñan en manejar largas longitudes de línea moviendo la caña en
un arco corto y aplicando el impulso con una brusca extensión del brazo, como quien lanza
un golpe directo en un combate de boxeo. Tengamos en cuenta que si flexionamos la caña de
forma acusada, como ocurre cuando tira de una gran cantidad de línea, tendremos que
llevar la caña algo más abajo en el movimiento delantero, para asegurarnos de que la
punta ha seguido una curva convexa.
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