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Historias de Pescadores |
Hola soy J.R., hoy que parece que estoy mas despejado,
quiero empezar contando como me inicie en la pesca a mosca. De esto ya hace unos años.
Pescaba siempre a mosca ahogada con buldó, y la verdad que ya me estaba empezando a
cansar, el llevarme las truchas siempre era la misma canción, llegabas al bar:
- "A ver cuantas han caído hoy". Tu enseñabas tu cesta orgulloso, y los
demás:
- "Joder, que pescador mas bueno es". Comentaban, y tu subías a casa como unas
pascuas.
Total que, un poco cansado de la misma historia siempre, había llegado a mis oídos que
había un sistema de pesca que le llamaban pesca a látigo, y eso me dejo un poco
intrigado. No solo un poco, he de reconocer que me llamaba mucho la atención. Pensaba yo
para mi: "que será eso de látigo", así que le pedí consejo a un conocido que
tenia una armería donde yo solía comprar lo que necesitaba para pescar. Y resulto que el
sabia menos que yo del tema, me dijo: "si, es una modalidad de pesca que se usa en el
extranjero, pero que aquí, nadie te pide". Le dije que se enterase, por medio de los
representantes de artículos de pesca que le visitaban, que se necesitaba para un equipo
de esos, y que me pidiera uno, por probar solamente.
La verdad, que cuando me lo trajo y me dijo lo que costaba me dejo de una pieza, vamos que casi me caigo de espaldas. Pero bueno a lo hecho pecho. Ahí me encontré yo, (con un vadeador (cosa que yo no había visto en mi vida), una caña Daiwa que (cuando la saque de la funda me dejo acongojado), era muy blanda y tenía mas anillas que yo pelos en la cabeza, y luego, encima, tenía el portacarretes al final de la caña, y pense yo para mi; "te has lucido". El carrete me recordaba, vagamente, a los de cebo. Y lo mas impactante era la línea con la que había que pescar, yo no había visto un sedal más gordo ni cuando salía con mi tío a pescar bonitos a la cacea.) con mi equipo a cuestas, y pensando, para que se me ocurriría a mi conocer esta modalidad de pesca.
Estuve unos días casi sin ir a pescar, por miedo a probar mi nuevo equipo. Porque encima como no tenia ni idea de como funcionaba aquello pues, espera que te espera, y el equipo en casa, en un rincón, para no verlo. Así pasaron dos o tres meses y acabándose Mayo. A todo esto, mi amigo, me había regalado unas moscas (bueno algo parecido), eran unas imitaciones de hormigas hechas con silicona y pintadas de negro con un rotulador, el anzuelo creo recordar seria del 8 o del 10, vamos pequeñas que se dice , parecian libélulas por el tamaño, y dos moscas de mayo. Por fin un día que se conoce me encontraba inspirado, me decidí a probarlo, todo esto sin ninguna noción de como usarlo. Yo pensaba: si dicen a látigo, será que habrá que latiguear. Por fin llego al río y me encuentro a un pescador, lo de siempre que tal, se cogen, etc. y le comento lo del equipo, el me dice que si a visto pescar así y que el pescador, haciendo el látigo, posaba una y otra vez la mosca en el río a toda la velocidad, dando golpecitos en el agua con la mosca para excitar a las truchas, decía, y así que piquen. Algún tiempo después de aquello, recordaba yo riéndome, a quien vería aquel hombre pescar dando golpes en el agua como latigueando en lo mas estricto de la palabra latiguear.
Arme como buenamente pude la caña, una Daiwa para 4,
5, 6 de línea, puse el carrete, saque la línea, y como me pareció enorme de gorda,
decidí ponerle un trozo de nailon en la punta. A todo esto, el de la tienda me había
montado en el carrete, una Barkley WF línea tres y además al revés, la punta de la
línea en el carrete, y la cola al principio. Vamos como para pescar. Después de armar
aquello le tocó el turno a los vadeadores, eran de plástico, o algo parecido, con unas
botas de caña estrechísimas, difíciles de poner y peores de quitar. Si además se ponen
como me las puse yo, si nada más debajo que el calzoncillo, el mes de Mayo, con un sol de
justicia, el río que venia bajo, el agua como el cristal
Así que ahi estaba yo,
pertrechado hasta los topes, el vadeador estándar nº 42-43, yo mido uno sesenta y poco.
En las piernas, de rodilla para bajo un infierno, aquello se pegaba como la cola, y de
cintura para arriba, como un globo aéreo. Parecía un anuncio de estas manzanas que
se venden en las ferias en fiestas, que están recubiertas de caramelo, pues igual. Anudo
mi primera hormiga, pego unos latigazos en el agua, creo recordar que
salieron del río hasta unas vacas que estaban bebiendo mas arriba. Como las truchas no
parecían excitarse como me había comentado el anterior, deje derivar los cuatro metros
que lograba sacar, y atento a ver como venían las truchas a comerse mi
hormiga. Pero lo la veía ni pa dios, y pensaba: pues si que es difícil esta
pesca que me han llevado la hormiga y ni la he visto. A poner otra, y vuelta a
latiguearle al río, posada de la línea y a esperar, y otra vez que venia sin hormiga.
Así estuve hasta que gaste casi todas las hormigas, y claro, sin moverme del sitio, pues
si se llevaban las hormigas es que estaban ahí, joder. Hasta que en una de estas, al oir
el latigazo me vuelvo y veo que bajaba mi hormiga por el aire. Entonces comprendí que no
era que se las comiesen, si no que al restallar la línea perdía las
hormigas, y que las tenía todas a mis espaldas, como si las hubiese sembrao.
Se imponía otra manera de actuar, saque mas línea con la mano, pues en acción de pesca era incapaz, y pense: voy a darle fuerte al río y suave detrás, para que no se me pierda la mosca, monto una efemera de las dos que me había dado, y dale que te pego al río (aquel día el río sufrió un verdadero tercer grado con mis latigazos), posada, y a dejar que bajase la línea. Esta vez si que veía la mosca, pero de truchas excitadas ni una a la vista que se quisiese comer aquella mosca tan coloreada, y que bajaba diciéndome cómeme. Yo pienso que si se quedo alguna por los alrededores, estaría escondida temblando acongojada del carácter de aquel pescador que estaba martirizando al río.
Pero llego unos metros mas arriba, y picando el río ya mas suave, pues me dolía todo el cuerpo de pegarle los latigazos y encima la sudada que tenia con aquel vadeador que era como una sauna pero en malo, y deseando acabar cuanto antes ese martirio, una trucha que debía ser además de sorda ( por el escándalo,que estaba yo formando con mis latigazos), ciega, (o que la pobre se rindió,al verme acercarme a ella con aquel carácter), se conoce que pensaría voy a morder su mosca por que si no este es muy capaz de hacer un estropicio, y si luego nos coge será peor. Así que lanzo mi mosca esta vez sin latigazos, (pues ya no tenia ni fuerzas, ni animo para seguir con aquella labor tan machacona) a una corrientita. Y hay estuvo mi perdición, parece que fue ayer cuando la vi subir a por mi mosca, se me paralizo el cuerpo (eso casi lo agradecí del cansancio que tenia encima), todo a cámara lentisima, las imágenes desfilando por delante de mis ojos abiertos como platos, y deseando que no se acabase aquella escena nunca, con un miedo horrible a que aquello terminase, y con él se fuera el encanto mágico de aquel momento.
Un encanto que, aunque viviese mil años, no lo podría olvidar jamas. He tenido experiencias increíbles pescando pero, como aquella, ninguna. Estoy seguro que en ese momento me dicen de concederme un deseo, hubiera pedido que no se acabase esa escena nunca. Una trucha, por cierto, que tendría casi 700 grs., preciosa, con unas pintas de alucinar, un color anaranjado, y la tripa plateada, en fin fue mi perdición, mi primera trucha a mosca. Es más, como me dejaría de satisfecho, que fue la primera trucha, que yo devolví al río teniendo la medida. Y a partir de aquel día sabia que no pescaría salmónidos de otra manera que no fuese a mosca, y que ya no me llevaría ninguna trucha mas del río.
Posteriormente he ido, como todos, conociendo gente del
mundillo este de la mosca. Aprendiendo de gente que entendía la pesca, como lo que es:
una pasión, una afición que te colma y te llena de forma plena. Gente que no tiene
ningún egoísmo por pescar, y menos por pescar mas que nadie, y que eran unos pescadores
bandera, con unos conocimientos altísimos, que disfrutaban enseñando a los demás a
entender y amar la pesca como la entendemos nosotros, respetando el medio y a sus
habitantes, y de igual manera, a los demás, porque nuestra libertad termina donde empieza
la del otro. ![]()