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Historias de Pescadores |
Coto del Condado (Pedro H. Weijad 24 / abril / 1999 )
Escribo para contaros qué tal pintó el sábado pasado
en El Condado.
Venía un pelín bajo de agua, y el día fue de sol y calor; y empezamos en el puente de
Secos de Porma, a las 12:00, después de un almuerzo en condiciones a pie de río
intentando ver algún signo de actividad. Nos encontramos con otro compañero que llevaba
una de un kilo a cucharilla.
Subimos unos metros después de una balsa muy grande que hay justo por encima
del puente de Secos y, hablando con dos paisanos, decidimos quedarnos mi hermano Pepe y yo
en dos tablas muy grandes cerca del siguiente pueblo que está en la margen derecha según
se va río arriba y que tiene como unos canales de uralita fuera de esa misma orilla,
antes del vedado.
Delibes estaba por debajo nuestro, pescando de vez en cuando los brazos del
río.
Los tres estamos en contacto cada media hora, llamándonos unos a otros por
los móviles y contándonos que no hay actividad.
Se empezó a bañar alguna trucha a las 2 de la tarde y, hasta esa hora, no
tuvimos ni picada (y eso que trabajamos duro) con ninfas montadas en 18 y 20 de las
poquísimas olivas que se veían volar. A las 2:30 el río dió un giro de 180 grados y
las dos tablas en las que estábamos empezaron a hervir.
Cambiamos de seca a emergente de oliva montada con culo de pato y cercos de
riñonada gris en un 20, y damos en el clavo, después de haber intentado con seca. Yo
estaba en la tabla de más abajo y, delante mío tenía más de 10 truchas comiendo
emergentes que estaban entre 500 gr. y más de 1 kilo. Sube la primera a la que decido
tirar y, cuando está a punto de coger la mosca, se baja. Llevo un terminal del 16 y el
agua está parada y muy limpia, así que lo bajo a un 14.
Vuelvo a lanzar y vuelve a rechazar, así que bajo hasta un 12. Al siguiente
lance la trucha sube francamente y coge la mosca. La pelea es bestial y, en el último
momento cuando le voy a echar el guante se desclava. El cabreo es de una vez, porque estoy
seguro de que pasa del kilo. Me pongo nervioso y preparo un lío en el bajo de línea que
me quita media hora de pesca. Me pongo aún más nervioso porque las tías siguen comiendo
como locas. Cuando termino, me pongo de nuevo y lanzo de rodillas a la siguiente, que
está a unos 9 metros por delante mío. También coge la mosca, y después de otra pelea
de órdago, la llevo a tierra.
Le echo tres partes de kilo, y va a la chistera. Lanzo a otra que veo cebarse
con el rabillo del ojo bajo la sombra de un árbol que tengo a mi derecha. Consigo meter
la mosca, a la segunda, y veo a la trucha que tarda un segundo en cogerla, mientras la
inspecciona. Se la come y otra vez pelea que te crió; y se me escapa por forzarla para
que no se meta en otro árbol que hay por encima. Muchas otras truchas a las que les tiro
no se deciden y se empiezan a quitar. Veo, sin saberlo, la última cebada y le tiro la
emergente. Sube a por ella y empieza a dar botes por encima del agua como una loca y acaba
también en la chistera. Arcoiris, preciosa como las de Alaska, de 400 gr y que ha dado
tanta guerra como su compañera de cesta. El festival ha durado una hora de reloj y,
cuando pasan 15 minutos de inactividad, nos llamamos unos a otros para contarnos.
Delibes, que ha estado por debajo nuestro, se ha pegado con 6 truchas, una de
ellas de 2 kilos, y le han partido todas menos la más pequeña que trae en la cesta, de
unos 600 gr. Las ha pescado con dípteros y ninfas de efémeras del 18 sin lastrar.
Mi hermano Pepe trae dos truchas un pelín más pequeñas que la mía, que
parece una anguila de lo flaca que está, y les hacemos unas fotos con las cajas de moscas
abiertas y las cañas en un prado. Ha soltado otras dos del mismo porte, con la idea de
seleccionar para más tarde.
Después de hablar y tomar un refrigerio, seguimos pescando. Vienen los
guardas, comentamos los lances con ellos, nos piden toda la documentacíon y les
enseñamos las truchas. Apuntan para la estadística y nos dan una encuesta que podemos
rellenar y enviársela por correo.
A las 6 pescamos otra vez, confiando en que se volverán a poner al sereno,
pero nos dan las 9 de la noche y parece que el río se ha muerto desde las 3:30.
De Valdepiélago no os puedo contar nada porque tuvimos que volver el mismo
sábado por la noche a Madrid. Si alguien sabe de alguien que estuviese este pasado
domingo que, por favor, cuente qué tal.
Os doy las gracias a todos los colisteros por haberme animado a venir a El
Condado. Ha sido uno de los días más gratificantes de mi vida de mosquero, tanto por los
resultados como por lo bonito de los lances.![]()