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La Pesca a Mosca en España

Historias de Pescadores

 Pino del Río y Quintanaluengos (Antonio Martínez 10 / mayo / 1999 )


   Este fin de semana estuve con otros amigos en el coto de Pino del Río y en el Pisuerga.

   El sábado, día 8 con buena temperatura, casi sin nubes y una ligera brisa que no molestaba en exceso. El río inmejorable de nivel (sin pantanada). Hacia las 12 se cebaron muchas truchas al final de las tablas, la mayoría muy justas de medida. Al mediodía eclosionaron algunas efémeras grandes y con el pardón se animaron las hermanas mayores.

   El espectáculo empezó por la tarde, a eso de las cinco, en las tablas más profundas se movían las mejores siempre pegadas a las ramas de los árboles de las orillas. No volaba nada evidente ni en cantidad, y aunque probé con no menos de 20 imitaciones diferentes (mi compañero en la tabla otro tanto) no había manera de dar con lo que comían y de las que sacamos una muestra digestiva no identificamos restos visibles de un insecto evidente). No es la primera vez que me ocurre pero eso de tirarme dos horas en un tramo de 40 metros donde comían no menos de 10 truchas de tamaño más que considerable deprime bastante. Llegó un momento en que nos sentamos largo rato simplemente a disfrutar del espectáculo de verlas comer con unas cebadas espectaculares y, de paso, imaginar lo que atraía su atención. Tan solo una pequeña efémera (o eso creo) que tenía arrinconada en la caja provocó una picada inmediata al caer, tan rápida fue que subir y partir la línea fue todo uno, buscamos en nuestras cajas algo parecido, incluso "destrozamos" algunas moscas pretendiendo el mayor parecido con la que había perdido, pero nada no querían sucedáneos.

   Fue desolador y al mismo tiempo toda una lección de lo vulnerables que somos frente a ellas cuando se ponen selectivas. Estas experiencias son las que te cargan las pilas para desear volver cuanto antes y echarlas un pulso con mejores resultados. Aun así sacaríamos entre los cuatro amigos no menos de 80 truchas, tan sólo tres por encima de los 30 cm.

   Entraron sobre todo a emergentes de efémeras, pardón y dípteros. La que provocó la rotura era más o menos así:

* anzuelo del 22-24
* cercos largos y blancos
* cuerpo en dubing marrón claro
* dos-tres vueltas en pálmer del mismo color que el cuerpo. Sin hackle

   Viendo el espectáculo llegamos a la conclusión de que comían emergentes de un díptero muy concreto, era lo único que volaba en cierta cantidad sobre la película del agua. Un recuerdo inolvidable que seguro que nos hará trabajar sobre el torno en este tipo de imitaciones.

   En Quintanaluengos la situación fue muy diferente. Viento racheado del Norte, 9 grados en el agua al mediodía, el guarda no informó que no se pesca nada últimamente. A pesar de que el río venía bien de nivel (no sueltan el pantano los fines de semana) a las cinco de la tarde alcanzamos un clamoroso bolo excepto uno de los compañeros que tuvo una rotura con un buen ejemplar, al mediodía y con el pardón. Entre los cuatro alcanzamos a contar dos cebadas en todo el día. Después de semejante experiencia tengo la certeza de que a este coto hay que venir más avanzada la temporada. Deseando estoy de desquitarme el día 20 en Aragosa, ...o eso creo.
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