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La Pesca a Mosca en España

Historias de Pescadores

 Santa Marina del Rey (Fernando Gil Castillo 24 / Julio / 1999 )


   El sábado estuve pescando en Santa Marina del Rey (León). Hacía mucho tiempo que no había vuelto a ese sitio, antaño mítico por la calidad y tamaño de sus truchas. Una invitación de Acción Pesca, empresa de servicio   dedicada a la pesca deportiva en León y Asturias, hizo que, sobreponiéndome a la galbana veraniega, empaquetase toda la parafernalia piscatoria y me dirigiese en compañía de mi hijo de trece años (al que, dicho sea de paso, le hacía más ilusión que a mí la excursión), rumbo al Órbigo.

  Las expectativas no eran muy halagüeñas. Este año, Santa Marina se ha transformado en un Escenario Deportivo Social (creo que se dice así). Se celebran competiciones de pesca, mangas clasificatorias, concursos...Trucha de repoblación (evidentemente, pero...¿donde ya no?). Pesca sin muerte, solo mosca o cucharilla de un arpón y diez permisos gratuitos diarios. Por si fuera poco, un calor de los de "no te menees".

Así y todo, es el tramo más bonito de uno de los ríos mas bonitos que conozco para pescar a mosca.

Aunque habíamos quedado a las diez de la mañana, a las siete ya estábamos el padre y el hijo en el río, por ver si se movían al caenis. Pescamos unas tablas lentas ("Las Defensas") por encima de Villamor. Bajos de más de 15 pies y terminal del 10. Pocos caenis. Alguna se ceba sin mucha convicción y sin repetir demasiado. Truchas muy recelosas que se quitan en cuanto no les presentas la mosca perfectamente. No dejan que te acerques a menos de diez o doce metros. Supongo que ya han sido pinchadas alguna vez esta temporada. Por buscar algo más fácil para Fernando Jr. nos dedicamos a pescar las corrientes con unas "patosas". El hijo pesca la vena del río y el padre las orillas. A las nueve y media lo dejamos. Resultado: Niño, tres. Padre, dos. Alguna más que no clavamos. Entre veinticinco y treinta centímetros. Divertido.  Reunión en "El Paso Honroso" (Puente de Órbigo). Pasan muchos peregrinos a Santiago. Andando y en bicicleta. Algunos llevan ya una pinta bastante zurrada, los pobres. Saludos y presentaciones. Javier, Ramón y Martín son los responsables de Acción Pesca. Excelentes pescadores de cola de rata. Nos repartimos el río. Somos catorce en total. A los que venimos "de provincias" nos dejan las zonas más cómodas y productivas. Padre e hijo vamos a pescar un tramo de unos ochocientos metros en la zona superior del coto, de "La Pasarela" hasta el puente de Santa Marina. Nos acompaña Ramón. Todo un lujo. En el camino nos va poniendo al día: hay bastantes truchas pero, comoya hemos comprobado, muy "moscas". Tamaño medio, veinticinco-treinta cm.Bastantes de treinta y cinco y algunas más grandes. Se pescan con "patosas", con efímeras color carne en un 20 y tricópteros "flor de escoba" medianos al sereno. Nos previene que hoy, este puede ser espectacular, pues lleva una semana de impresión.

Nada más empezar a pescar, me doy cuenta que se conoce el río como el pasillo de su casa:

- Pesca esas chorreritas, por la izquierda; luego te metes por el gancho de la derecha y tocas los dos alisos que te encuentres a la izquierda. A la salida hay una corrientina pegada a la orilla de la derecha. ¡Ojo allí, que se pone trucha grande! No te entretengas demasiado en la corrientes intermedias (¡ !)

Ramón se va con Fernando por el brazo de la izquierda. Según pasa el tiempo y por los comentarios que medio oigo, se lo están pasando bien. Yo he clavado dos tras el primer aliso. Llego a la corriente de la salida del brazo. A cuatro metros, lanzo la "patosa" y poso junto a la hierba de la orilla. Apenas medio metro de deriva y distingo perfectamente una hermosa trucha elevarse del fondo y tomar mi mosca lentamente. Clavo y ... ¡nada!. La trucha se queda unos instantes en superficie, sorprendida. Es una magnífica trucha, de unos cuarenta cm. Creo que me he precipitado al clavar. Ya me ha ocurrido más veces y casi siempre con truchas que toman lento y que veo llegar. La pareja, que pesca cerca, indaga la razón de mis "poco académicas expresiones", lanzadas a los cuatro vientos.

- ¡Hay más!, dice Ramón para consolarme.

Fernando esta pescando una corriente lenta junto a un árbol caído, metido en el agua hasta la cintura. Ramón le aconseja ceñir un poco los lances hacia las ramas y pescar más corto. Realmente me sorprende, pues, lo hace muy bien. Le sube una trucha y clava con contundencia. Con excesiva contundencia, a decir verdad. Y parte. La trucha se queda unos instantes en superficie, sacudiendo la cabeza pues algo se le ha quedado prendido en el morro. La mosca, evidentemente. Es una buena trucha que andará por los treinta y cinco cm. Es algo lógico. Aún no controla totalmente el clavado, reacciona tarde y lo compensa con fuerza. A la primera grande que le subió, partió el hilo.

¡A salido al padre!, pienso arrobado (en todo, incluso en la calidad y contundencia de sus juramentos)

Sobre las dos de la tarde comprobamos que se van retirando. He cambiado a una efímera color carne anillada en amarillo y hackle gris clarito, montada en un 20. De cuando en cuando, monto una ninfa para pescar alguna "a trucha vista", solamente para comprobar que no se mueven del fondo. No quieren.

A las cuatro llegamos bajo el puente de Santa Marina, punto de reunión. Hace mucho calor y estoy casi deshidratado. También algo desanimado pues en dos horas solo he conseguido mover dos truchas pequeñas. Ramón insiste en que pesque la caída de la compuerta, justo bajo el puente. Los demás ya nos esperan y desde arriba nos hacen fotos. Lanzo un par de veces sin mucha convicción. A la tercera, entre la espuma del borde de la corriente fuerte, mi mosca es tomada con contundencia. Clavo levantando la caña. ¡Bingo..., es buena! La trucha se mete en la corriente y la caña se dobla hasta la empuñadura. La dejo hacer. Aquí el agua es profunda y no hay ranúnculos cerca. Saca tres o cuatro metros de línea y con la palma de la mano freno el carrete. Ramón y Fernando han venido junto a mí, alertados por los espectadores que hay en el puente. Tira y afloja. Se deja acercar hasta un metro. Estoy metido en el agua hasta las rodillas. Ramón me ofrece su sacadora. Se lo agradezco pero hace tiempo que dejé de usarla, prefiero cogerlas a mano. Si se van, mejor para ellas. Pelea con fuerza, es una trucha preciosa, gorda y con una librea color oro viejo espectacular. Espero que el hilo del 14 aguante. Viene clavada por la tijera de la derecha pero veo que la mosca no está dentro de su boca. Ya cede un poco... Me pongo en cuclillas y la sujeto contra la pierna, se me resbala pero... no se aleja mucho. ¡Ya la tengo! La he tenido que coger con las dos manos pues está realmente gorda y se debate con fuerza. Aplausos y felicitaciones. Son cuarenta y cinco cm. de fantástica trucha. Supera el kilo con holgura. ¡Yuhuuuu...! 

Nos vamos comer a Hospital de Órbigo. Resumen de la mañana: Fer Jr.: ocho truchas, mas tres de amanecida, once. Padre satisfecho: Seis (una gorda), mas dos, ocho.

Comimos en el merendero del camping de Hospital de Órbigo, junto al campo de fútbol, a la tupida sombra de unos castaños de Indias. Éramos catorce a la mesa. Tortillas, callos, cecina, huevos con patatas y vino del Bierzo. Al café y al orujo llegaron Guido Schmidt y un biólogo de la Junta que andaban revisando actuaciones de restauración de márgenes en los ríos de la zona. La sobremesa se prolongó hasta las ocho y se habló mucho y bien de ríos, truchas y moscas.

Para el sereno nos quedamos solo seis. Ahora nosotros pescaríamos la zona baja del coto, de la pasarela de Villamor hacia arriba, a decir de los entendidos, lo mejor del coto (aunque Javier ya le había dado un repasito por la mañana)  Tras un corto desplazamiento hasta el río, a las ocho y media estábamos metidos en faena (y en unos vadeadores de neopreno de cuatro mm. ¡Lo más parecido al purgatorio en vida!).

Dejamos el parado de Villamor, por si acaso, para el final (ahora todavía andaba la gente bañándose) y nos metemos entre unos ganchos (brazos)del río, subiendo, a la izquierda. Ramón y Fernando me dejan el de la derecha, más estrecho y complicado; un zig zag de sucesivos alisos sobre el agua, con trucha grande según el guía. Ellos se van a una curva grande, con corriente y fondo de un metro a la izquierda, bajo las hierbas de la orilla.

Al entrar, espanto un truchón a dos metros. Hay muy poca agua y me ha visto llegar. Me acuerdo del eximio Alejandro y como aplicado discípulo, me pongo de rodillas. Aún así, el agua solo me llega a medio muslo. He visto una cebada muy sugerente delante del aliso que tengo delante. Problema ¿como le lanzo? Estoy entre una pared de zarzas de tres metros a mi izquierda y un aliso a la derecha y la trucha se ha cebado delante del árbol y pegada a la orilla de la derecha. Vuelve a cebarse. Cambio el terminal del 14 y pongo un 15. Sigo con la "carne" del veinte. Empieza a estar un poco fuera de proporción este conjunto... Saco línea despacio y me la pongo en el regazo (estoy pescando con una línea sintética del número 2. He tenido que quitar la del 4, tras la mirada de desaprobación de Ramón al ver que no usaba seda natural) Voy a intentar un rodado ¡con la izquierda!. Bueno, pues más o menos sale pero se queda corto. La trucha sube como un rayo y coge la mosca. Clavo (como puedo) y la arrastro, no sin problemas, hasta donde estoy. Treinta y cinco cm.

Tras una poco estética marcha de rodillas (genuflexion motion), me coloco delante del aliso de antes, con la espalda pegada a él. Delante, a tres metros, la corriente pasa bajo otro arbolillo que tapona con sus ramas la anchura del cauce. Tras él, dos truchas se están dando un festín. La sombra me impide verlas con claridad, pero, por la cebada, intuyo que una al menos es grande. Seco la mosca y la peino con cuidado. Hago un rodado, esta vez ya con la derecha. El bajo y dos palmos de cola de rata. La primera trucha sube y toma la mosca. Clavo y ni la toco. No he visto que haya sido un rechazo en el último momento y no me he adelantado...(creo). Ahora, la mosca se encuentra en algún ¡fantástico! lugar de lo alto del aliso que hay detras de mí (este tipo de arbolito, como sabréis, tiene la fea costumbre de, a diferencia de sauces e incluso zarzas, no soltar "ni de coña" las
moscas). Aplicación de fuerza de tracción progresiva en una dirección y...¡chas!

Anudo rápidamente la primera mosca que tengo en el foam del chaleco. Un tricóptero flor de escoba en un 16. Rodado que sale corto. No hay reacción. Segundo lance, esta vez con más línea. La mosca cae sobre una ramita y después al agua...¡ la he visto girarse y rechazar! Realmente no rechazó, simplemente la miró un segundo y volvió a su puesto bajo el árbol. Estoy nervioso porque he visto que es grande. Cambio la mosca. ¿Donde estaban las carne pequeñitas...? ¡Aquí!

Otra mosca igual que la primera. Anudo y ...¡se suelta el nudo, joder! Vuelta a empezar, ¡tranquilo!: giro, giro, giro, giro, meto, meto y tiro. Está bien. Compruebo el nudo. Firme. Ella se sigue cebando ajena al agobio que yo estoy pasando.

Hago otro mini-rodado (tiene delito venir a León, al Órbigo, que es un río de los más grandes de aquí y terminar pescando en una cabina de teléfono con macetas dentro...). La mosca cae a cámara lenta, tipo película. Posa y no desciende dos dedos...¡glubbbbb!

¡ARRIBA LA CAÑA! ¡LA TENGO!  Me pongo de pié y levanto el brazo para tensar la línea. La trucha intenta meterse bajo el árbol y la paro, forzando mucho y girando la caña hasta ponerla horizontal. Consigo desequilibrarla y arrastrarla chapoteando por la superficie, hasta mis pies donde hay muy poca agua. Aún se va a la izquierda, a un ramalillo un poco más profundo pero que no alcanza a cubrir la mitad de su cuerpo. Me arrodillo (¡que precioso y preciso momento!) y soltando la caña, tomo la trucha entre mis manos.

¡Otra magnífica trucha del Órbigo! Cuarenta y tres magníficos cm. que se van de vuelta al agua con un beso en la boca (me deja Eloina, que se lo he preguntado)

Ramón y Fernando oyen mis gritos y preguntan qué pasa. Salgo del ramalito y se lo cuento. A ellos tampoco se les está dando mal. Fernando, asesorado por Ramón, ha cogido dos de unos cuatrocientos gramos y varias más pequeñas.

Aunque yo estoy satisfecho, Ramón insiste en acercarnos a una pequeña tabla a cien metros de donde estamos. Son las diez menos cinco y se empieza a ver poco en el río, pero vamos.

Corriente por la izquierda bajo unos árboles. Atrás, dos alisos en el centro de la tabla, dejan espacio solo para un pescador . Es como un pasillo. Delante y a cinco metros, varias truchas se ceban continuamente. El fondo baja abruptamente y no te puedes acercar más,  hay que lanzar desde ahí.

Un par de lances de Ramón y clava. Pelea dura con la trucha que trata de meterse en los palos de la izquierda. Sacadora de bambú y ¡otra de cerca del kilo!

Lanzo yo ahora, cae la mosca al agua y ... ¡tengo!. Corretona, corretona, baja y sube por la tabla a derecha e izquierda. Se intenta meter tras de mí, bajo el arbol. Ramón se deja de filosofias vitales y tal y me la encesta en su sacadora. Dice que unos ochocientos gramos, están realmente muy gordas.

Lanza ahora Fer, le dan un par de viajes al tricóptero pero no las clava y enreda el bajo. Me pongo a cambiarlo a oscuras casi ya. Ramón sigue lanzando y aún coge otra, mas pequeña, de medio kilo, que desanzuela y le desuella un dedo pues se ha clavado la mosca muy profundamente en la garganta.

Lanza Fer nuevamente y clava otra que se suelta al instante. Dice que no ve la mosca y que tire yo. Lanzo "a bulto" y pesco de oídas. Oigo un ¡glubbb...! profundo y clavo. ¡Tengo!

La caña, doblada, parece haberse enganchado en un tronco. La arrastro, con la caña doblada, hacia mí, dos o tres segundos. De repente, sin darme tiempo a reaccionar, un tirón poderoso, rápido y progresivo hacia abajo y adelante. Noto como se dobla la caña al tiempo que estalla el terminal del quince. ¡Me ha partido en una décima de segundo!

-¡Que truchón, tío! ¡Que truchón habías pillado! dice Ramón. (Ganas me dieron de ponerme a llorar.)

La vuelta al coche, por el río, a oscuras y con luna casi llena, mágica (y muy sudada)

Fernando Jr., feliz. Su quinta salida a truchas. Ha pescado diecinueve, dos de ellas muy majas, ha mandado una grande al dentista y le ha mojado la oreja a su padre que solo ha hecho dieciseis.

En el bar del pueblo, Martín, el guía que iba con el otro grupo, nos comenta que ha cogido tres grandes: una de kilo y medio y dos de kilo. Sus acompañados, han tenido distinta suerte. El que pescaba a seca, una de tres cuartos y dos más pequeñas y el otro a cucharilla, tres lucios de kilo.

¡Y yo que creía que en Santa Marina solo había lucios...!cys.gif (1237 bytes)