logo3.jpg (10748 bytes)

La Pesca a Mosca en España

Historias de Pescadores

Alberto, ¿Que tal la sidriña? (Alberto Saez 15 / mayo / 2000 )  


     Me pregunta Carlos que qué tal en Mieres. Que queréis que os diga, que tengo un brazo mas largo que el otro.

    A las siete y media de la mañana del sábado salíamos de Briviesca con el pesimismo en los labios pero con la esperanza escondida de encontrarnos el río en perfecto estado. Ciertamente el Caudal perdió hace muchos años su "estado perfecto", así que dentro de lo que cabe, solo queríamos poder bañar nuestras moscas con alguna garantía.

   Dejamos en Briviesca a un Oca mas espeso que turbio y las cosas de camino no tenían mucha mejor pinta. El Arlanzón, el Urbel y el Pisuerga en Melgar de Fernamental también pasaban turbios bajo la carretera, sobre todo el Pisuerga.  El Valdavia bajaba por los chopos y el Carrión no bajaba muy sucio, pero iba lleno a reventar. El Cea crecido y turbio y Esla y Porma asustaban. Incluso el Bernesga que por León siempre parece que esta seco, corría a toda velocidad. El embalse del Luna esta al 101 por cien de su capacidad, y si por Garaño bajaba desbravado, no me lo quiero ni imaginar por Villafeliz. Dejamos la meseta a un lado y aparecimos al otro lado de los túneles en el día mas soleado que recuerdan los asturianos. Las crestas del agua en el Lena y en el Aller se veían desde la carretera pero no parecían muy sucios, sin embargo al cruzar el puente de Ujo se nos cayo el alma a los pies. Al asomarme un poco mas abajo a la barandilla del paseo, me dio la sensación de que el viaje seria en balde. Me dieron ganas de marcharme sin más. Pero si el día que perdí el coche en una apuesta cogimos unas truchas, ahora estaba muchísimo mejor, así que había que intentarlo. Un primer garbeo nos calentó de nuevo la sangre porque en los sitios mas inverosímiles se veía algún buen truchón peleando contra el río. Nos pusimos los trastos y nos acercamos al agua descendiendo por los pedruscos. Guarde la bobina con la línea flotante y me puse a aporrear la corriente con la cabeza lanzadora y una especie de ninfa de la mosca de mayo con ojos de cadena de water.

   Primer lance y ¡zas!, primera trucha. Segundo lance y segunda picada que se soltó de un brinco. Costaba un triunfo subirlas por la corriente, y eso que la RPL tiene nervio. Enseguida cogí otra, pero las picadas eran cada vez más escasas. Además no era fácil clavar, ni lanzar, y era un coñazo subirlas por la corriente. Pepe, mi colega, con una ninfa en la punta y una ahogada en un ramal clavo una de las barras de pan que habíamos visto al llegar, pero se metió en el chorro y se descolgó hasta que al intentar que diese la vuelta se enderezo el anzuelo. Cogí una tercera y ya empezaba a desesperar. Pescar aguas abajo con un estrímer es un tostón. Cruce a la otra orilla (por el puente, claro) e iba a buscar a mi cuñado pero en la parte interior de la curva el río estaba mas tranquilo y había dos truchas a medias aguas y una de ellas se cebo dos veces. Me senté en un banco y cambie la Teeny por la Ultra y ate un tricóptero con dos plumas de pecho de pato por tejadillo y empezó la fiesta. Entre cuatro ovas me lleve siete a la mano. Fui a buscar a mis compañeros de fatigas. Había que buscar las zonas apropiadas y disfrutar de las truchas que tomaban cualquier cosa que flotase y se pareciese a una mosca. Baje unos cientos de metros llegue a un pozo que me parecía de broma.

   De verdad, me parecía una tomadura de pelo, o un chiste. Había cincuenta truchas cebándose como lerdas. En un brazo que había un poco mas abajo había también una congregación importante. Diez truchas cogí en el brazo, una de 53 cm y unas 20 en el pozo. Había tantas que casi todas tenían mordiscos en la aleta caudal. Supongo que no podían aguantar el tiro de las fuertes corrientes que había por debajo y estaban todas allí concentradas. Desde tres posturas diferentes lanzaba la misma mosca e iba sacando truchas una tras otra. Luego subí pegado a la orilla buscando entre las piedras y las raíces de unos alisos. En todos los blandos había alguna esperando a que yo le pusiese mi mosco en el morro. Al final del día, 49 capturas a las que no pude fotografiar a todas, pues enseguida se acabo el rollo de fotos. A ver si puedo revelarlas a la tarde, porque ya tengo ganas de verlas.Conclusión, donde no hay mata no hay patata. Pero en los tramos sin muerte en los que las truchas abundan sin ningún esfuerzo por parte de las administraciones, hay mata. Muy difícil se tienen que poner las cosas para no coger truchas en Mieres. Es un poco mas complicado o menos entretenido pescar cuando el río baja tan fuerte, pero se pueden coger unas buenas truchas.Un saludo para todos.
Alberto Saez

PD.- Has hecho muy mal Carlos en quedarte en casa todo el fin de semana. Si te hubieses asomado conmigo al pozo del escándalo se te habrían curado todos los males. Hasta las canas hubiesen recuperado el color. 
cys.gif (1237 bytes)