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Historias de Pescadores |
Alberto, ¿Que tal la sidriña? (Alberto Saez 15 / mayo / 2000 )
Me pregunta Carlos que qué tal en Mieres. Que queréis que os diga, que
tengo un brazo mas largo que el otro.
A las siete y media de la mañana del sábado salíamos de Briviesca
con el pesimismo en los labios pero con la esperanza escondida de encontrarnos el río en
perfecto estado. Ciertamente el Caudal perdió hace muchos años su "estado
perfecto", así que dentro de lo que cabe, solo queríamos poder bañar nuestras
moscas con alguna garantía.
Dejamos en Briviesca a un Oca mas espeso que turbio y las cosas de camino no
tenían mucha mejor pinta. El Arlanzón, el Urbel y el Pisuerga en Melgar de Fernamental
también pasaban turbios bajo la carretera, sobre todo el Pisuerga. El Valdavia
bajaba por los chopos y el Carrión no bajaba muy sucio, pero iba lleno a reventar. El Cea
crecido y turbio y Esla y Porma asustaban. Incluso el Bernesga que por León siempre
parece que esta seco, corría a toda velocidad. El embalse del Luna esta al 101 por cien
de su capacidad, y si por Garaño bajaba desbravado, no me lo quiero ni imaginar por
Villafeliz. Dejamos la meseta a un lado y aparecimos al otro lado de los túneles en el
día mas soleado que recuerdan los asturianos. Las crestas del agua en el Lena y en el
Aller se veían desde la carretera pero no parecían muy sucios, sin embargo al cruzar el
puente de Ujo se nos cayo el alma a los pies. Al asomarme un poco mas abajo a la
barandilla del paseo, me dio la sensación de que el viaje seria en balde. Me dieron ganas
de marcharme sin más. Pero si el día que perdí el coche en una apuesta cogimos unas
truchas, ahora estaba muchísimo mejor, así que había que intentarlo. Un primer garbeo
nos calentó de nuevo la sangre porque en los sitios mas inverosímiles se veía algún
buen truchón peleando contra el río. Nos pusimos los trastos y nos acercamos al agua
descendiendo por los pedruscos. Guarde la bobina con la línea flotante y me puse a
aporrear la corriente con la cabeza lanzadora y una especie de ninfa de la mosca de mayo
con ojos de cadena de water.
Primer lance y ¡zas!, primera trucha. Segundo lance y segunda picada que se
soltó de un brinco. Costaba un triunfo subirlas por la corriente, y eso que la RPL tiene
nervio. Enseguida cogí otra, pero las picadas eran cada vez más escasas. Además no era
fácil clavar, ni lanzar, y era un coñazo subirlas por la corriente. Pepe, mi colega, con
una ninfa en la punta y una ahogada en un ramal clavo una de las barras de pan que
habíamos visto al llegar, pero se metió en el chorro y se descolgó hasta que al
intentar que diese la vuelta se enderezo el anzuelo. Cogí una tercera y ya empezaba a
desesperar. Pescar aguas abajo con un estrímer es un tostón. Cruce a la otra orilla (por
el puente, claro) e iba a buscar a mi cuñado pero en la parte interior de la curva el
río estaba mas tranquilo y había dos truchas a medias aguas y una de ellas se cebo dos
veces. Me senté en un banco y cambie la Teeny por la Ultra y ate un tricóptero con dos
plumas de pecho de pato por tejadillo y empezó la fiesta. Entre cuatro ovas me lleve
siete a la mano. Fui a buscar a mis compañeros de fatigas. Había que buscar las zonas
apropiadas y disfrutar de las truchas que tomaban cualquier cosa que flotase y se
pareciese a una mosca. Baje unos cientos de metros llegue a un pozo que me parecía de
broma.
De verdad, me parecía una tomadura de pelo, o un chiste. Había cincuenta
truchas cebándose como lerdas. En un brazo que había un poco mas abajo había también
una congregación importante. Diez truchas cogí en el brazo, una de 53 cm y unas 20 en el
pozo. Había tantas que casi todas tenían mordiscos en la aleta caudal. Supongo que no
podían aguantar el tiro de las fuertes corrientes que había por debajo y estaban todas
allí concentradas. Desde tres posturas diferentes lanzaba la misma mosca e iba sacando
truchas una tras otra. Luego subí pegado a la orilla buscando entre las piedras y las
raíces de unos alisos. En todos los blandos había alguna esperando a que yo le pusiese
mi mosco en el morro. Al final del día, 49 capturas a las que no pude fotografiar a
todas, pues enseguida se acabo el rollo de fotos. A ver si puedo revelarlas a la tarde,
porque ya tengo ganas de verlas.Conclusión, donde no hay mata no hay patata. Pero en los
tramos sin muerte en los que las truchas abundan sin ningún esfuerzo por parte de las
administraciones, hay mata. Muy difícil se tienen que poner las cosas para no coger
truchas en Mieres. Es un poco mas complicado o menos entretenido pescar cuando el río
baja tan fuerte, pero se pueden coger unas buenas truchas.Un saludo para todos.
Alberto Saez
PD.- Has hecho muy mal Carlos en quedarte en casa todo el fin de semana. Si te hubieses
asomado conmigo al pozo del escándalo se te habrían curado todos los males. Hasta las
canas hubiesen recuperado el color. ![]()