![]() |
Historias de Pescadores |
Mi amigo Henk Dewit (Hector I. Macedo 6 / septiembre / 2000 )
Ya no recuerdo cuanto hace que Henk y yo nos conocemos, pero creo
que por lo menos han pasado mas de veinte desde la primera vez que pescamos juntos.
El y yo, ténganlo por seguro, éramos el mas viejo par de adolescentes que alguna vez
pescó en el río. Siempre arreglándonoslas para hallar una poza mas honda que lo
que nuestros vadeadores podían soportar, o encontrando la corriente que mejor nos pudiera
lanzar río abajo.
Antes de que la vida y las enfermedades lo hubieran frenado, tenia siempre a la mano un
par de botellas de "medicina" por aquello de que una víbora se acercara o que
nos torciéramos un tobillo.
Compartimos muchas salidas de pesca, y siempre nos las arreglamos para estar en un fino
balance entre la aventura y la comedia.
Recuerdo un invierno en el que habíamos ido a acampar a las orillas del Río Brazos.
Hacia un frío de los diablos y la pesca no había sido productiva. Regresamos al
campamento y encendimos una fogata. Nos sentamos alrededor y empezamos con un par de
tragos para calentar el estomago. Un par de pescadores que habían tenido suerte similar a
la nuestra, se pararon a platicar y los invitamos a sentarse y compartir nuestro licor.
Ellos eran granjeros y vivían en el área, su conocimiento del resto del mundo era, por
decirlo así, restringido.
Henk y yo, hablamos el ingles con un acento mas espeso que el puchero, uno de ellos
comento:
- Ustedes no son de por aquí, verdad?
- No, le contesté, yo soy de México y Henk es de Holanda.
- ¿Holanda? mmmm Eso es por Suiza, o algo por el estilo, no es así?
- Difícilmente conteniendo la risa, Henk respondió: Si, algo por el estilo.
En otra ocasión, acampamos en la montañas de Wachilta en Oklahoma. Habíamos
comenzado a preparar la cena en la fogata, y desde luego, también teníamos un poco de
fuego liquido fluyendo al mismo tiempo.
Henk tenia una camioneta especialmente diseñada para campismo con su cama en el medio y
en la parte posterior la alacena para las provisiones. Para poder sacarlas, había
que abrir la puerta posterior. Dejó la puerta abierta mientras terminábamos con los
arreglos y luego de cenar, continuamos las libaciones por un rato largo.
Mientras nosotros estabamos en eso, un par de mapaches, se metieron a la alacena y
comenzaron un banquete por su cuenta. Cuando Henk entró a la camioneta para sacar algo
mas, se oyó una gran conmoción, y los mapaches salieron corriendo por atrás y Henk
saltó por el frente. No supe quien estaba mas asustado, si él ó los mapaches.
Otra de nuestras aventuras, fue en una excursión que hicimos para flotar el río Ouachita
en Arkansas.
Desde luego los dos éramos expertos canoistas, inclusive éramos capaces de distinguir la
proa de la popa. La intención era flotar una sección del río, pescando río abajo
hasta llegar al lugar en que nuestros carros habían sido puestos por los que nos rentaron
la canoa.
Empezamos la jornada alternándonos remando y pescando, dejando que la corriente nos
llevara suavemente hacia nuestro destino. Todo marchó a pedir de boca por una media hora.
De pronto el río en medio de altos paredones, hizo un cambio brusco a la
izquierda y luego uno a la derecha. Pero, en medio de las dos curvas, había un árbol
desarraigado y caído sobre el río, obstruyendo mas de la mitad del cauce. Henk
remó para la derecha y yo para la izquierda.....
Yo iba sentado al frente y cuando vi la futilidad de la lucha, solo me agaché entre las
ramas, pero Henk, se tomó firmemente de una de ellas. La fuerza de la corriente nos hizo
virar e inundo la canoa inmediatamente. Yo, me dejé flotar y llegue a la orilla, pero él
seguía aferrado a la rama.
Afortunadamente, la poza no tenia mas de metro y medio de profundidad, aun cuando la
corriente era fuerte. Mas tarde, pudimos liberar la canoa y recuperar nuestras
cañas y un remo. El resto de nuestras pertenencias se fueron o al fondo entre la
maraña o flotaron río abajo.
Entre los objetos perdidos, estaba el chaleco de Henk, en el que no solo llevaba sus
moscas, sino también una pistola 9mm, que no se porque siempre cargaba.
Muchos años después, platicando con sus hijas, ellas comentaron que había sido una
perdida afortunada, dada la frecuencia con que Henk se metía en problemas.
La semana pasada Henk se durmió su siesta y ya no despertó. Estoy seguro que para
estas fechas ya se las arregló en convencer a un par de nuevos amigos de ir a pescar.
Descanse en paz.![]()