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Historias de Pescadores |
Vuelta al Cole (Guillermo Garbayo 3 / octubre / 2000 )
Acabo de pedir cita con mi fisioterapeuta para que se afane ya mismo
en ponerme todos los peasomúsculos y ligamentos de mi hombro derecho en su sitio porque
tengo un dolor que no es pena y que no me deja dormir, y es que esta semanita que
acabamos de cerrar he cursado un master en acupuntura para morros retráctiles y bigotudos
que me acredita como el santón de los ciprínidos en algo así como unos 20 metros a
"mi" redonda y que viene a crear una especie de campo magnético que me rodea y
atrae irremisiblemente a estos peces hacia mí en busca de sanación ;-)
Fuera de bromas.... creo que ya comenté las condiciones de la zona que pesco
habitualmente, sí, sí, la confluencia del Aragón con el Ebro, que estaba tan bajita de
nivel por el estío y con unas aguas sorprendentemente claras... pues bien, recién
terminadas mis labores viti-vinícolas del hogar (vendimia la llaman por aquí) el martes
26 me dispuse a pasar un día enterito, ayuno incluido, platicando con los barbos del
lugar.
El día.... típico otoñal: fresquito, nublado y tranquilo aunque preparaba tormenta para
la tarde. La llegada al lugar fue acorde con el ambiente, tranquila, sin prisas y con
muchas pausas para saborear cada momento del paisaje y la soledad que me rodeaba.
"Esto no tiene nada que envidiar a la Patagonia, siempre lo diré; esta ocasión
merece vestirse de etiqueta" me dije mirando las vestimentas transpirables, y poco
después, bajaba entre los chopos de otoño hasta la orilla del río dispuesto a perderme
durante un día por el paraíso.
Es difícil de explicar la sensación que me invade cuando bajo una vez más y como la
primera, a ese lugar. Los días soleados lo visten de trópico, bajíos y macabíes; el
viento le pone cara de Tierra del Fuego y reos; y si nublado, viajo a las Highlands a
pescar truchas con clásicas moscas inglesas pescadas
aguas abajo.....
Quizá por esto último aquél día deseché las piezas que hurgaban las primeras zonas
someras y me dirigí encendiendo un cigarrillo hacia los chorros de las últimas
corrientes que el Aragón entrega al Ebro a la vez que pensaba en mi caja de ahogadas
leonesas como la opción más apetecida, que no la única ni mucho menos, para el momento.
"Las haré emerger delante de sus narices y no podrán resistirse, seguro"
Las primeras siluetas bajo los chorros dieron fin al cigarro y los primeros bucles
comenzaron a estirarse. Una de las ventajas de este método es que permite más
imprecisiones en nuestra puntería, y podremos lanzar lejos del pez para después y
ayudados por la corriente, presentarle las moscas de abajo a arriba y ante sus mismos
bigotes, lo que supone una pretendida emergencia de la artificial que raramente deja de
surtir efecto.
¡¡¡¡ñññññiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiccccccc!!!! Las primeras escapadas buscando el
grueso de la corriente y aguas abajo con ella..... ¡qué música para el mosquero! ¿La
pelea? quién sabe con qué reacción nos sorprenderá el próximo pez..... largas
carreras aguas abajo..... ¡o corriente arriba entre los chorros!..... picados hacia el
fondo....
Llegaron a sumar diez "picudos" (nomenclatura a-científica de mi novia) antes
de bañar las moscas en aguas del Ebro y vienen a ser unos 80 metros escasos de río. Una
vez allí, la táctica pasa por poner una ninfa plomada pero sin exceso (o también una
cabeza dorada o un pequeño minnow ¿por qué no?) y pasear tranquilamente por la orilla
ofreciendo nuestra apuesta de forma suculenta y accesible.
Perdí las matemáticas por el 16/17 y opté por reanudar el conteo con un número
sencillo como el 15..... ¡¡pues ni aún así!!, sucede que cuando pesco los números los
borra el agua y me vi en las mismas cuando pasarían 2 ó 3 de la veintena y llegaba a las
próximas corrientes. A ver, a ver, sincronicemos marcadores ¡20!.
Estas corrientes cortan de orilla a orilla el Ebro, obligando al grueso del pelotón a
agruparse junto a la margen derecha del río, lo que deja unos cada vez más ligeros
chorros si pescamos en dirección a la margen izquierda y muy en cortito (4 - 8 metros, no
más, que la corriente ayudará en el acercamiento sigiloso). El brillo de una Oreja de
Liebre del #12 con cabeza dorada atrajo mi atención a la hora de buscar una mosca más
llamativa del mismo modo que lo haría poco más tarde con mis acuáticos amigos. Uno,
dos, tres..... cuatro y más lances había que realizar, siempre en corto para agilizar la
acción, buscando la caída un tanto estrepitosa un palmo más arriba de la cabeza de
nuestro objetivo. El "plic" de la posada y el brillo de la mosca conseguían
finalmente atraer la atención del pez, que a toda prisa se giraba y seguía el señuelo
durante uno o dos metros hasta darle alcance y engullirlo. "Clava suave pero deprisa
si no quieres que la escupa" y de nuevo la música en todas las direcciones.... aguas
arriba.... o aguas abajo... o chapoteando.....
Más abajo tuve que alternar mis atenciones con las carpas, ayudado por un cigarrito que
amenizara la búsqueda lenta, lentísima, de un ejemplar de los de categoría que aquél
día no quiso visitarnos y envío a sus congéneres menores a estirar de mi línea de
mosca.
Como dejaban adivinar los cada vez más cercanos estruendos, la tormenta se asomó a
mirarnos en nuestro quehacer y tuve que separarme de mi varita por ser muy miedosa a las
tormentas y necesitar guarecerse de ellas. Ajusté los tensores de la capucha y presencié
el evento de principio a fin.... lluvia suave.... ahora rachas fuertes..... un poco de
granizo.....otra vez lluvia.... Vino a durar unos 10-15 minutos que lavaron la cara a todo
el lugar y de nuevo borraron mis números matemáticos "¿eran 28 ó eran más?
¡¡esta calculadora falla en cuanto se moja!!"
Algunos rayos de sol enfocaron lo que pasó a ser mi próximo objetivo, esta vez
fotográfico, la gama de platas, ocres y dorados de los sauces y chopos que bordean mi
lugar resultaba espléndida y me invitaban a seguir mi paseo río abajo. Esta vez pasé
más allá del cercado no sin la precaución de encaramarme de barbo en barbo a algún
lugar elevado a otear la posible presencia de los astados (por estas tierras dan de todo
menos leche merengada) y después de la llovida, sus deposiciones ofrecían todas un
fresco y reciente aspecto que no me proporcionaban una información fiable.
Tras la tormenta, la orilla en toda su extensión rezumaba un tanto de turbidez que
arrastraría multitud de insectos y demás golosinas, lo que reclutó legiones a la mesa
de tal banquete cuando mi cuenta estaba ya más que echa una pena, lo que me hizo iniciar
un último recuento a la vez que emprendía mi paseo hacia el coche.
La calma que dejó la tormenta y las luces del sereno otoñal, dejaban ver las siluetas de
barbos y carpas casi quedarse en seco en su afán de alcanzar la última golosina
desprendida de la orilla "Si mañana sale el sol y hace calor...." me repetía a
mi mismo cuando de nuevo otro lance, chupetón y zapatazo seguido de chapoteos y carreras
río adentro. Conté hasta siete nuevas capturas, antes de decidir que el último tramo
sería realmente un paseo disfrutando de mi lugar, su luz y la soledad que me brindaba.
El día terminó plácidamente dejándome la sensación de que lo que había vivido era
irrepetible..... o quizá un sueño de que todavía no he despertado.
Al día siguiente amaneció soleado y se empezaba a notar movimiento entre las hormigas de
ala en los hormigueros más cercanos a mi casa cuando el frío cierzo hizo acto de
presencia obligando a las más decididas a buscar refugios por pareces y oquedades hasta
mejores condiciones, así que está al caer que uno de estos días haga calor, ojo al
"veranillo de San Martín" y, si los ríos bajan limpios, se montará tal
zarabanda entre mis barbos (perdonadme por la licencia, es mucho tiempo juntos) que quien
pueda estar a pie de río no olvidará la experiencia en su vida, palabra de mosquero.
Digo si los ríos bajan limpios porque durante más de 6 años llevo esperando este suceso
y siempre ha coincidido que tras las lluvias previas necesarias, los ríos se tornan
turbios y crecidos y la deriva de hormigas pasa desapercibida para la mayor parte de los
peces; eeehhmm.... que coincida este acontecimiento con mi jornada laboral es un hecho
también muy común, (últimamente sopeso la posibilidad de ingresar en las filas del INEM
si se da esta circunstancia) por lo que se podrá adivinar la ansiedad con que
espero el evento.![]()