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Historias de Pescadores |
Blackbass (Alejandro Viñuales 8 / septiembre / 1997 )
Como esta segunda quincena de agosto la pase en Toledo y las truchas me quedaban muy lejos (a Tramacastilla me hubiera gustado ir, pero pudo mas la pereza)dedique unos días a la pesca del blacbas con mosca. Una modalidad a la que creo que algunos miembros de la lista son aficionados, y que personalmente me parece casi tan divertida como la pesca de la trucha, a la que por cierto no se parece demasiado.
Estos últimos días de pesca del blacbas los disfrute en el embalse del Guajaraz, muy cerca de Toledo, que este año esta de agua hasta el borde (rebosa), lo que no es desgraciadamente normal. Como el año pasado también tuvo abundante agua y no se realizaron desembalses importantes en primavera, ha habido dos puestas seguidas magnificas, y puesto que la anterior tampoco estuvo mal, pues el agua estaba a su nivel mínimo y se mantuvo sin variaciones en la época de freza, ahora los blases de entre veinte y treinta centímetros son abundantes, a pesar de las pescatas salvajes que algunos pescadores? llevan a cabo, con la vieja excusa de que los pequeños, fritos, están muy ricos. Por otra parte, en Castilla la Mancha no hay cupo para estos peces, por lo que incluso de la medida (que a mi modo de ver es ridícula) es fácil sacar un numero grande de ellos si el día es el adecuado. Esta política no me parece demasiado afortunada, pues el blacbas no creo que pueda ya erradicarse de nuestro país, y en cualquier caso en el embalse de Guajaraz, como en otros muchos, la inmensa mayoría de las especies que habitan sus aguas son introducidas (creo que lo único que hay autóctono son algunos barbos).
El caso es que como la talla media de los peces que penase pescar no era demasiado grande utilice el equipo de trucha, caña y línea del cuatro y un terminal del 14, para sentir con mas rotundidad la potencia de estos peces (la caña del nueve que utilizo en otras ocasiones los blacbas de menos de kilo apenas la doblan).
Cuando llegamos (mi hermano y yo) al pantano apenas soplaba viento,
y la recula del lado de la presa estaba como un espejo. El agua estaba bastante
transparente y permitía ver las bandadas de blases desplazándose rápidamente a pocos
centímetros de la superficie, a la caza de libélulas sobre las que saltaban
espectacularmente cuando pasaban volando sobre sus cabezas.
Sin embargo las imitaciones de libélula no daban buenos resultados (las percasoles si se
lanzaban a por ellas en cuando caían al agua, pero su boca es demasiado pequeña como
para tragar un anzuelo medianamente grande), al parecer los blacbas solo comían
libélulas cuando pasaban volando, pero no esperaban que cayera al agua. Puse entonces un
pequeño estrimer (montado en anzuelo del 14 de pata larga, cuya construcción ya
describí en esta lista en la serie de mis cinco moscas) y el resultado fue magnifico. Era
curioso, lanzaba donde un pez acababa de saltar a por una libélula y la picada era casi
segura. Supongo que el saltarín o sus compañeros de bando aun andaban excitados por la
reciente caza y estaban dispuestos a morder cualquier cosa que pasara por su lado.
Cuando las libélulas parecieron alejarse de las cercanías de donde me
encontraba me dedique a hacer lances hacia los arbustos sumergidos y a traer a lentos y
pequeños tirones el estrimer. Manejar el estrimer con lentitud es la mejor forma de
pescar grandes ejemplares, pero tiene la desventaja de que a menudo no se nota la picada y
es difícil clavar adecuadamente, en estos casos lo mejor es pescar siguiendo el estrimer
con la vista, con la ayuda de las gafas polarizadas y de un pequeño truco que a mi me da
buen resultado: lanzo donde creo que pueden andar los blases y recojo con cierta rapidez
hasta que el estrimer esta lo bastante cerca como para verlo (para esto es mejor que no
profundice demasiado, lo que implica que los peces deben estar comiendo arriba y utilizar
un estrimer poco plomado), entonces paro de recoger y dejo que el estrimer descienda un
poco, recogiendo entonces a la velocidad lenta y espasmódica que creo que gusta a estos
peces. A menudo los blases vienen siguiendo el estrimer desde su escondite, y lo atacan
cuando cambia de velocidad (suelen atacar cuando se queda quieto). Si estamos viendo el
estrimer vemos también cuando un pez lo muerde, y solo queda tirar (si lo veo claro solo
tiro cuando el pez que pica es de cierto tamaño).
Así pesque en una mañana una treintena de blacbases no muy
grandes, pero tampoco muy pequeños (el tamaño habitual era de entre 22 y 25 cm y al
menos un par de ellos pasaban del medio kilo de peso), que con la caña de trucha
resultaban ser realmente peleones, obligándome en varios casos a dar línea para que no
rompieran el bajo.
Dos días después repetí la experiencia con resultados muy parecidos.
Lo mas curioso del caso es que encontré a varios pescadores que
intentaban pescar blacbas con cucharilla, vinilo y lombriz y me aseguraron que no había
manera de coger ninguno. Son cosas de estos peces, que otros días con mosca no hay manera
de que piquen y al vinilo se lanzan como fieras. ![]()