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Historias de Pescadores |
La primera vez (Guillermo Garbayo 11/ junio / 2001 )
Este pasado sábado me sacudí de encima la pereza que de un tiempo
a esta parte me hace desistir de correr a pescar apenas tengo un ratito y bajé al río a
dar un paseo y visitar a mis picudos durante un par de horas que, como en los viejos
tiempos, fueron cuatro y el consabido retraso de la comida.
Una vez aparcado el coche a la sombra de unos frutales, pude comprobar varias cosas y más
o menos en este orden:
Uno.- A pesar de la falta de costumbre, quien tuvo, retuvo, y no me olvidé de nada a la
hora de hacer el petate con los bártulos.
Dos.- Un punto es no olvidarse de nada, pero..... ¡eso no tiene nada que ver con
encontrar las cosas después!
Tres.- Los jodidos mosquitos ya empiezan a dar por el saco, así que no tardaré mucho en
pescar oliendo a ungüentos repelentes por todas partes.
Cuatro.- Con la malla anti-mosquitos en la cabeza, y lo difícil de sujetar de una manera
relajada las dos cosas entre los labios sin que se escurran, ¡me ahorro un pastón ahora
que el fumar ha quedado para las ocasiones! :-)
Una vez cumplidos los trámites pertinentes, elegí un tramo más corto que en otras
ocasiones dado lo reducido del horario de pesca y comencé a bajar hasta el punto de
partida a la vez que preparaba el bajo, colocaba las ninfas en el borreguillo y
seleccionaba alguna seca para probar suerte ahora que el caudal está muy bajo y
prácticamente parado.
Cuando pensaba en el bajo caudal de esta época, me debí de olvidar de cuánto de bajo,
porque cuando vi que en algunas zonas los carrizos habían formado verdaderos túneles
sobre el agua, me llevé una sorpresa morrocotuda.
Mientras avanzaba río arriba escrutando los ocultos rincones que ahora guarda la
vegetación para ver cientos de pececillos, algún cangrejo americano, y también varios
juveniles y alevines de mis picudos, recordaba cómo de niño solía soñar con la
formidable pelea de una de esas bermejuelas de apenas 8-10 centímetros si mi estatura y
la de mi caña fuesen las de un diminuto duendecillo del estilo de los pitufos; de hecho
ya os conté cómo aquí la vida se adapta siempre al tamaño del río, y mis sueños no
podían ser
menos.
Pescar esta época del año en mi río es toda una sesión de gimnasia: hay que andar
agachado, muy agachado, aprovechando la asombrosa altura de las hierbas y matojos, y en
más de una ocasión, tras estirar el cuello por encima de la trinchera que suponen,
compruebas perplejo que la superficie del río esta prácticamente cubierta de vegetación
acuática, lo que impide siquiera un lance de fortuna tras los esquivos picudos que se
ocultan bajo las mismas para obtener refugio, sombra fresca, y comida abundante.
En estos casos, la mejor técnica de pesca que conozco tiene ciertas similitudes con las
labores de jardinería y viene a ser como sigue:
Alguna vez, animado por el tamaño de alguno de los muchos peces que se amontonan en estos
"clubes de alterne", he lanzado un escarabajito lastrado al borde de una de esas
tupidas manchas de algas, o también entre el estrecho pasillo que la ligera corriente
mantiene limpio a duras penas. Pues bien, el "plic" de la mosca en el agua
supone el motor de arranque de la "desbrozadora", y no tarda en salir un morro
bigotudo a engullirla para, acto seguido, ayudarte en la limpia y poda de un buen trozo de
algas. El efecto logrado es, sencillamente inmaculado. Mano de Santo para la limpieza de
cauces, si señor ¡ah, si se enterasen esos de la AEMS!
En el argot de los "entendidos" en picudos, diré que este sábado los picudos
estaban "melosos", lo que significa que estaban acaramelados, retozones o
acarajotados por las lides amatorias; pero eso no trastocó la pesca en demasía, excepto
en que, ruborizado por la nueva condición de mosquero "voyeur" (a la que
rápìdamente me acostumbre, por cierto), destiné algunas fotografías a esas
"orgías" y también que tuve que poner especial cuidado en no pisar los
frezaderos que jalonaban las ligeras corrientillas.
Por lo demás, "no problemo": un espectáculo ver fuera de sus escondrijos a los
"abuelos" del río y una gozada poder tentarlos.
De pozo en pozo, y sin mucha suerte al principio, llegué a un buen pozo donde la
corriente (pequeña ¡eh! no vayáis olvidar la escala 100:1) tras cargar contra las
raíces de unos grandes olmos, cambia a la orilla contraria, donde las gravas estaban
depositadas bajo la sobaquera de la orilla y las hierbas que de ella colgaban. Allí,
estaban unos veinte peces, medio retozando, medio tomando algún aperitivo, pero lo bueno
no era la cantidad, pues algunos andaban por el palmo.... lo bueno eran los tres abuelos
que allí estaban echando...... la partida al mus supongo :-)
El corazón se te sube a la garganta y no te deja tragar saliva mientras decides si lo
primero es sacar línea, cambiar de mosca, elegir pez o todo a la vez, pues no hay más
que un intento y luego.... otro pozo, pero no ya éste.
En tres lances, una ninfita negra cayó justo en el borde de la mata que daba techo a uno
de los abuelos y hubo suerte: la oyó..., la buscó..., la vió..., ¡se la zampó!...,
ggññññtiró coññmmmo un pffburronnggñ..., ¡y dejó el anzuelo recto!
¡¡La madre que te fue a p.....ir!!
Pero quizá cuando he dado los significados de "melosos" tenía que haber
añadido también "raretes", porque después de la picada y la pelea, hubo
zarabanda en el pozuelo ¡cómo no!, y aún y todo, volvió a formarse un intranquilo
bando más o menos en la posición anterior.
Mientras enderezaba con las pinzas el anzuelo pensando si podría aguantar otra embestida
así, imaginé que los otros abuelos no se debieron creer el chisme que les había contado
entre jadeos y aspavientos el del pinchazo, porque vinieron como el que busca la cartera
perdida por los lugares donde ha pasado. Y yo, a la voz de si quieres caldo, toma siete
tazas, le lancé la ninfa a uno de ellos; ¡ y la cogió!, ñññyyy tiróppff mmmás o
mmññññmmenos commññmo el ññññgggotro..... ggññññy el anggññzuelo
mmpppfffaguantó de mmpputa mmmadre..... pero no el hilo y ¡¡¡alaaaaa,
otrobarboatomarpolculo,
jodeeeerrr!!!
Si alguno está pensando que esto es una putada y que pescar aquí es un chasco tras otro,
se equivoca..... enseguida te acostumbras y pescas con la ilusión de poder
recuperar algún día una de tus moscas... iiiijjjjjjhhh!!!
Seguimos río arriba y los pelos se empiezan a poner de punta porque..... ¡¡nos
acercamos a la bañera donde vive Moby Dick!! ay,ay,aaaay..... ¿estará?... ¿no
estará?... ¿la veré comiendo?... ¿se me comerá a mi?
Como el resto del río, también esta zona estaba llena de algas que tapizaban buena parte
del cauce, pero yo no dejaba de mirar despacio a todos los rincones por si la pudiese ver
aunque lo de pescarla fuese otro cantar. No quise quitar las algas porque pensé que le
podían ayudar a pasar desapercibida ante los autóctonos y sus barbaries, pero cuando
recorría la estrecha tablada donde la conocí, me sentía observado desde todos los
rincones. Incluso llegué a sentirme como los de Parque Jurásico cuando eran acosados por
los "Velocirraptores". Conseguí llegar al bunker sin...... digo..... llegué al
final de la tabla y le dije:
.- "Bueno, veo que eres una acojonada. ¡Nos veremos las caras en el invierno!"
Y seguí río arriba buscando a los picudos que son menos peligrosos.
Como a 250 metros de la casa de Moby Dick, había un pequeño pozo (que síiiii, que ya
sé que todos son pequeeeeñoss, pero éste lo era todavía maaaass) y espanté un par de
barbitos de algo más de un palmo que corrieron a esconderse en su guarida. Pero
arriba..... en el chorro, había uno de categoría, tranquiiiiilo, pausaaaado, como
esperando que la corriente le trajese más manjares. Solté la ninfa de su asidero y:
.- "Qué postura tan rara la de este pez"
......
.- "¡Coño!"
......
.- "Si...."
¡¡¡¡¡ !!!!!
.- "¡¡Si es la trucha!!"
¡¡¡ !!!
.- "¡¡Aquí, tan lejos de casa!! ¡¡Y en este barreño de agua!!"
Me agaché más rápido que un ninja y comencé a notar que no podía tragar, así que, me
senté de espaldas y revisé el bajo.
.- "Si, hombre, un catorce ¡ja!.... ¡¡un dieciocho y del fuerte!!"
Puse de nuevo la ninfa y me dispuse a lanzar, pero los nervios no son amigos del buen
hacer y la ninfa cayó como a unos cincuenta centímetros más atrás de su cola.......
aunque la trucha debió oir el "plic" de la ninfa y se dió la vuelta (diosss
qué careto tan colorado tiene la perra de ella). Al volverse, vió hundirse la ninfa y se
abalanzó sobre ella para cogerla del mismo suelo, pero yo tiré y no noté más que un
roce que no distinguí si provenía del morro del animal o de las piedras del fondo.
Tranquilos, tranquilos; hubo una segunda oportunidad, porque "Moby" se colocó
en su postura inicial de nuevo y yo volví a sentarme de espaldas a pensar y tragar saliva
(¡glup!) No quise tentar la suerte, así que sustituí la ninfa por un tricóptero en
riñonada para evitar que la pudiese reconocer y me di la vuelta de nuevo intentando que
pareciese que no había pasado nada.
Confieso que a lo largo de mis años de mosquero he hecho muchos lances malos, pero cuando
vi el nido que formó el bajo al posar la mosca, estuve en un trís de recoger y marcharme
a casa. Por suerte no sólo cayó mal, sino que cayó bastante detrás del pez, con lo que
pude suavemente sacar para volver a lanzar. Esta vez el resultado del lance fue más
aceptable, y allí quedó flotando el trico a merced de su destino.
Podía ver perfectamente al pez, tanto por la transparencia del agua como por la
profundidad del lugar, y vi que despacito, se fue interesando por la mosca..., y que se
giraba para mirarla..., y que comenzaba a subir hacia ella...., y que empezaba a tener
dificultades para mantener la vertical sin salirse del agua....., y ya no pude más y
dejé de mirarla para observar la mosca y esperar.....
Algo del tamaño de una barra de pan romano asomó a la superficie y se zampó la mosca, a
lo que conté "uno, y ¡dos!" y clavé.
.- "¡¡¡Diostesalvemariallenaeresdegracia.....!!!
Con la caña en alto, empecé a rezar todo lo que podía recordar, pero por la falta de
costumbre no lograba recordar nada y eso sentenció el final, con lo que todo lo más que
pude conseguir en este primer asalto fue un fuerte coletazo que sacó el agua del pozo y
una carrera bestial de poco más de un metro que me dobló los codos al revés. Eso sí,
como mis codos se arqueaban contra su articulación pero no cedían, tuvo que ser el bajo
el que no pudo más y dejamos la primera de la colección en la boca de Moby Dick.
Tardé muchos minutos de los que parecen horas en recuperar la serenidad; y estuve más de
un cuarto de hora esperando una posible vuelta mientras pasaba revista a los hilos que
llevo en el chaleco.
.-"¡Nada que necesitaré una sirga para hacerme con ella!"
Y como no volvió, seguí río arriba intentando ordenar el barullo de
sensaciones que tenía encima, pero no lo debí de conseguir, pues hubo más capturas,
fotos eróticas, un barbo pescado en una tabla bastante grande que puso el carrete a mil
por hora y que parecía un madero de gordo que estaba (y cuando lo divisé bajo el agua me
pareció bastante menor que la trucha) y tras dos horas de pesca más de las previstas, mi
pensamiento seguía en el pequeño lugar donde el río explotó y en el que volví a
detenerme durante el regreso al coche (por si las moscas). Prueba de ello es que ni los
ánimos de contaros el resto de la jornada son los mismos que al principio, por lo que
será mejor continuar en otra ocasión cuando haya recuperado la noción de las cosas.
Os dejo; voy a llamar al teléfono de la esperanza a ver si me animan diciéndome que
tarde o temprano recuperaré mi mosca.![]()