![]() |
Historias de Pescadores |
Pescar a Mosca (Antonio Fernández 25/abril/ 2002 )
Hoy me apetece contaros mi jornada del pasado domingo, la primera
que comparto con mi hijo de ocho años buscando truchas "nodeplástico"
en un tramo sin muerte de un río en el que he pasado mis mejores y peores jornadas de
pesca. Os advierto que es un ladrillo especialmente dedicado a los "futuros viejos de
mosqueros", así que el que lo crea oportuno está a tiempo de darle al
"eliminar" y no tragárselo.
Previos.
Ya en otras ocasiones me había llevado a Rodrigo a pescar a mosca conmigo. También,
habíamos pasado alguna tarde en el parque, junto a casa, tratando de que comprendiese el
lance. Sin embargo, aunque quizás tarde para otros mosqueros-padres, he esperado
pacientemente a que fuese él quien me exigiese "ir a pescar". Esta es una
decisión que tomé hace tiempo por propia experiencia, yo pesco desde los cuatro años y
estuve a punto de abandonar (abandoné durante varias temporadas) y no fue por las
chicas.... sino porque la pesca se había convertido en la "rutina" a la que me
llevaba mi padre y yo acudía obedientemente. El caso es que en un par de semanas
compramos un vadeador de calcetín de talla adecuada, unas botas, di salida a unos
escarpines con cubre bota que me compré pequeños por correo hace muchos años, le
regalé la caña de sus pocas prácticas anteriores (una baratita de 7,5 pies y línea 3-4
que yo tenía como reserva), le busqué un carrete adecuado (BFR superfly) y una línea
baratita (Decathlon), unas polarizadas baratas y una gorra que le regalaron al comprar el
wader completaban el equipo. Este pasado fin de semana ya tenía todo el equipo dispuesto
y nos marchamos el domingo al río Gallo.
Puesta en marcha.
No madrugamos, dejábamos Torrejón a las 9:30. Había varios objetivos para esta jornada.
Primero que no resultase pesada, conociendo el río, las fechas, mis últimas visitas, el
bolo era muy probable, con lo que las capturas no podían convertirse en la finalidad,
menos aún en obsesión. Las novedades eran bastantes, la primera atracción era calzar el
wader y, ¡cómo no!, estrenarlo en el río.... .
El hecho de que se haya ampliado el tramo libre s/m garantizaba en cierta forma que nos
quedase alguna zona sin ocupar a las 12:00 que llegábamos al camino junto al límite
inferior (la junta con el Arandilla). Tras recorrer toda la zona inferior nueva, tres
sitios cómodos para el coche junto al río estaban ocupados, alcanzamos el antiguo tramo
y recalamos en la primera chopera que hay junto a una tabla y donde el río está junto al
camino. El nivel era el adecuado, las aguas (gran alegría siendo el Gallo) claras, pero
no vislumbramos movimiento ninguno.
Una vez vestidos de "romanos", con ambas cañas en mi mano izquierda y
llevándole a él de la derecha entramos en la tabla y nos situamos dejándole disfrutar
de esa sensación que para nosotros ya no resulta llamativa, la dificultad de que los pies
se queden apoyados en el fondo y nos sostengan adecuadamente. Coloqué mi caña en el
chaleco, allí se pasó casi todo el día, y me dispuse a repasar su bajo, lo habíamos
montado el sábado, un primer tramo de nilón retorcido y tres tramos de nilon que juntos
no superasen la longitud de la caña, muy corto para que lo pudiese estirar bien,
comprobé con un tricóptero pequeño de pelo de ciervo que quedaba bien compensado y le
devolví la caña. En estas una ráfaga de viento nos obligó a mantenernos observando la
superficie durante unos instantes. Después el primer lance que resultó bastante bien
ejecutado.
La pesca.
Aquello de que pescar no sólo es conseguir capturas es algo que a mí me ha costado
treinta añitos asimilar en el subconsciente, a pesar de lo que me dictase mi consciente.
Os adelanto que las capturas resultantes de la jornada fueron de cero absoluto tanto para
mi hijo como para mí, con lo que así nadie se llamará a engaño, teniendo en cuenta que
tiene muy asimilado lo del captura y suelta tampoco la suerte le puso a prueba. Mi jornada
de pesca se limitó prácticamente a una horita dividida en unos cuatro cuartos de hora
salteados, el resto del tiempo lo pasé junto a Rodrigo en el agua o contemplándole desde
la orilla, bien indicándole cómo hacer qué cosas bien simplemente disfrutando de la
película. En ese tiempo que tuve para pescar moví una truchita de menos de 20 cm que no
fui capaz de clavar y observé unas cuantas más de más de 30 cm (más alegrías en el
Gallo) que comían en el fondo entre las algas de las tablas, al final coloqué una ninfa
pero ni llegué a lanzarla. La jornada de pesca era de mi hijo... el pescó durante unas
cuatro horas reales, entre la primera de instrucciones "plastas" a mi lado, la
parada para la comida, y la continuación hasta las 18:00 con múltiples interrupciones
para practicar algún nudo, para "deshacer" otros, para que viese los peces,
para probar el lance rodado, que luego le gustó y no quería dejar de utilizar, etc...
Por desgracia no hubo oportunidad de que ninguna trucha decidiese a subir a su mosca,
aunque la hubiese rechazado habría sido un acicate importante para él. Yo me llevé
varias sorpresas agradables, cuando dejé de darle la matraca, observé que lanzaba con
una naturalidad que se me hacía envidiable al recordar mis comienzos, en ningún momento
le tuve que corregir por intentar lanzar demasiado largo, sólo por su insistencia en el
rodado. Sólo al final el cansancio le venció y terminó por lanzar descoordinada y
desordenadamente. Pescó en tablas con corriente, pero también lanzó en algún rápido
y, algo más en algún lento. Para terminar me dejó alucinado cuando viendo las truchas
en el fondo de una tabla y escondido desde la orilla decidió tumbarse asomando la cabeza
tan sólo y descubriendo sin ninguna intervención mía el "estilo cherokee".
La vuelta.
Fue una gran jornada de pesca, yo no había pescado casi nada de tiempo, no había
conseguido captura ninguna pero me encontraba más satisfecho que en otras muchas
ocasiones. El habló de la jornada con ilusión, de cuándo volveríamos a salir, y sin
embargo no había conseguido mover a una sola trucha. Yo repasaba cada instante, también
me llevé alguna foto para recordar.... , pero sobre todo (cada día me gusta más)
disfruté del momento, del instante viendo que él también lo hacía. No podía tampoco
dejar de pensar en que el Gallo sigue ofreciendo oportunidades, tras mis últimas visitas
de la temporada pasada lo encontré muy limpio, con buen nivel y vi que tenía truchas que
además no están fáciles. ¡Qué más se podría pedir!
Conclusión.
Pescar a mosca, ya lo he comentado en otro correo hace poco, para mí no es sólo capturar
truchas a mosca. El domingo fue una de las mejores jornadas que he tenido y ratifica ese
pensamiento. No sé si en la próxima ocasión que comparta con Rodrigo en el río las
cosas se torcerán y esta agradable sensación que hoy siento no se repita pero está
claro que nadie podrá "quitarme lo bailao". Al final que mi presupuesto para
esta temporada lo haya fundido en el equipo de mi hijo creo que es una de las más
acertadas "inversiones" que he realizado en esto de la Pesca a Mosca.![]()