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Historias de Pescadores |
Cuatro Jornadas de pesca en Castilla la Mancha Montes Claros (Antonio Fernández Pinto 28/mayo/ 2002 )
El coto de Montes Claros es el único con que cuenta el río Jarama, se ubica en la Sierra norte de Guadalajara, también conocida por su arquitectura negra tradicional de pizarra, pese a su cercania a la gran urbe de Madrid es donde según los últimos muestreos la presencia de trucha autóctona da mejores resultados en la provincia de Guadalajara. Su límite superior lo marca el arroyo de Las Huelgas al igual que para el tramo libre s/m de la Comunidad de Madrid que también ofrece, aunque en menor cuantía, gran calidad de trucha. Aguas abajo del coto nos encontramos con una zona de acceso más que complicado, paredes de pizarra dan paso a contados puestos para lanzar la caña, son las juntas con el río Jaramilla, el último gran afluente del Jarama hasta su cesión de aguas al embalse del Vado. Es en esta zona el Jarama un río de montaña, de aguas bastante frías y bravas, con importante desnivel pero de pequeño tamaño, con una anchura que no supera los ocho metros.
El entorno, con la presencia de la Reserva de Caza de Sonsaz (con el ciervo de protagonista y una de las más antiguas de la Península), está dominado por altos montes de pizarras cubiertos de vegetación, que en mucha de su superficie es bosque. Muy cerca se encuentra el famoso Hayedo de Montejo, el más meridional de Europa y los robledales y pinares terminan por completar esta formación boscosa que se derrama entre las profundas y estrechas gargantas. Esta zona, deprimida durante mucho tiempo, parece ahora emerger con el desarrollo del turismo rural que está pasando a ser la principal fuente de recursos frente a los tradicionales de la ganadería y la agricultura. Los pueblos del entorno están pasando de una situación cercana a su desaparición a una aparente recuperación, La Hiruela en Madrid, el Cardoso y Colmenar de la Sierra, Bocígano, están saliendo adelante en tanto que en aldeas abandonadas hace años se han instalado nuevos "colonos", como es el caso de Matallana o La Vereda. En cualquier caso la zona ofrece para quien lo desee alojamientos y comidas de una calidad notable, por ejemplo en Montejo de la Sierra. No hay que olvidar que uno de los problemas principales de esta zona se sigue cerniendo sobre ella, un embalse de tantos que se proyectaron durante la dictadura, el de Matallana (que abarcaría gran parte del cauce del Jarama desde poco más arriba de su cesión de aguas al embalse del Vado inundando toda la zona de las juntas con el Jaramilla) vuelve a estar presente en el PHN, el desaforado consumo de Madrid no parece tener freno.
El coto tiene una longitud de 7,5 km, sus accesos no son especialmente buenos. Sólo se puede calificar como tal el que ofrece una pista forestal que encontramos en la carretera de Colmenar de la Sierra, unos tres kilómetros antes de llegar al pueblo. Esta pista (cuyo destino son La Vereda, Matallana y la presa del Vado) cruza el río por un puente que se ubica, más o menos, en la mitad del coto. Desde aquí el sendero junto al cauce es lo suficientemente cómodo como para permitirnos desplazarnos con cierta facilidad, tanto río arriba como río abajo, sin duda muchísimo mejor que en el tramo libre inferior. También desde el mismo pueblo de Colmenar se puede acceder al coto pero ya deberemos hacerlo a pie recorriendo una distancia que si no es exagerada, desde luego complica una posible jornada partida.
Allí fue donde acudí el pasado viernes 17, el día era precioso y la sierra estaba en plena explosión primaveral. Los brezos y romeros en flor, junto a las primeras hojas de los caducifolios le daban al paisaje un aspecto extraordinario. A las 9:00 estaba dejando el coche junto al puente del coto. Tras disfrazarme de "romano" y montar un bajo de tres metros me dispuse a iniciar la jornada. Decidí hacerlo río arriba. Las primeras tablitas eran prometedoras, no se veía ni una ceba. Decidí montar una pequeña ninfa de liebre y cabeza dorada ligeramente lastrada para rastrear los fondos finales de esas tablas. El agua cristalina exigía una trabajo extra para ocultar nuestra presencia, pescando hacia arriba, ocultándose tras cualquier piedra o arbusto y permanentemente agachado, pues el tamaño del río así lo impone, no permitiendo salvo en lugares contados la pesca en vadeo.
Pronto se producen las primeras capturas, tres truchitas entre 15 y 20 cms, que dieron paso después a otras dos de entre 20 y 25 cms. Las truchas, aunque pequeñas, resultaban además de muy bonitas bastante peleonas. A las 10:00 un ruido entre los arbustos de la orilla me hizo pensar en un posible jabalí, pero pronto pude ver que no era tal, sino el guarda, que acudía a solicitarme el permiso. En plena montaña no es usual que te pidan el permiso cuando llevas poco más de una hora pescando, todo hay que decirlo. Me comentó que no cejase que sabía que habían pescado algunas truchas grandes, tanto en el coto como en el tramo libre s/m desde la apertura (que al ser de montaña es desde el 1 de mayo), aunque lo habitual fuesen truchas inferiores a los 30 cms, la mayoría inferiores a los 20 cms.
Y la jornada continúo, la temperatura del agua de 13 º C no dió lugar a eclosiones hasta que asomó el sol a medio día. Aunque en algún momento, buscando una mayor diversión, insistí en montar seca (tricóptero de ciervo marrón, primero, negro después, así como algún pardón) no tuve más remedio que volver a la ninfa, las cebas eran nulas. Monté una imitación mayor y más lastrada pensando en capturas mayores, se trataba de una imitación de plecóptero que hago con látex pintado con rotulador. Con ella volví a sacar truchas, una de casi 30 cms, y más de 10 de menos de 20cms. Entonces se produjo la primera sorpresa del día. En un pozo profundo terminado en una larga tabla lancé buscando el fondo de chorro principal y una picada tremenda dio paso a una carrera infernal. El bajo era del 14, sujeté lo que pude y después navegué unos metros río abajo hasta hacerme con el bicho, cinco minutos después tenía a la vista un barbo de más de un kilo. No sabía que subieran a desovar tan arriba. Sabiéndolo pensé dedicarles un tiempo, hasta la hora de la comida. Monté un bajo del 16, una ninfa aún más pesada y mayor, y continúe pescando en esos pozos. Otros dos barbos más cayeron en el engaño, otro parecido y el tercero el doble de grande que me dió mucha guerra para sacarle al dejarse arropar por las corrientes, eso sí lo disfruté como un enano. Un cuarto me dejó uno de los anzuelos más recto que una aguja en su primer cabeceo, con lo que su única imagen me la dió la imaginación.
Eran las 14:30 y estaba de nuevo junto al coche, en el puente, comiéndome una empanada y disfrutando del río. Según volví, me crucé con otro pescador que a toda prisa me superó en dirección al límite superior. Su coche también estaba allí junto al mío. Otro coche más me confirmaba que también la parte inferior estaba siendo pescada.
Tras la comida decidí volver a pescar el mismo tramo, ya que al menos el pescador que me encontré se fué mucho más arriba y no sabía donde estarían los que fueron río abajo. La amenaza de lluvia parecía cernirse y no tardó en convertirse en realidad. A las 16:00 llovíó, a las 16:30 granizó; a las 17:00 diluvió y a las 17:30 salí a paso ligero hacia el coche al ver como los relámpagos daban paso a unos ensordecedores truenos que amenazaban con situarse inmediatamente sobre mi cabeza y lo que a mí más me preocupaba, mi caña. En ese tiempo clavé otras cuatro truchas de no más de 25 cms. Fueron la despedida. No fui el primero en marcharme, ya sólo quedaba el coche del pescador que me había superado.
El camino de regreso fue relajante y disfrutado. El paisaje unido a la tormenta ofrecía nuevos contrastes, la vuelta al valle del Lozoya para acceder a la carretera de Burgos supuso la ddesaparición de las nubes que quedaron atrás, sujetas por las altas montañas.......A las 19:00 llegaba a Torrejón de Ardoz, tras volver con poco tráfico, aunque con los típicos atascos de los viernes por la tarde en sentido contrario......
Este
fué para mí un buen día de pesca, de esos que te permiten alegrarte de no haber ido
más lejos pues no había necesidad, de gastar un día de vacaciones de la mejor de las
formas, para poder dedicarle el fin de semana a la familia.... ![]()