logo3.jpg (10748 bytes)

La Pesca a Mosca en España

Historias de Pescadores

Cuatro Jornadas de pesca en Castilla la Mancha
Cristinas (Antonio Fernández Pinto 
1/Junio/ 2002 ) 
 


Las últimas informaciones que tenía de Cristinas se centraban en lo leído en la web de "cotosdepesca". Me llamó la atención un comentario del último tertuliano (un tal Manu que no sé si estará por la lista) que indicaba la presencia de efémera dánica y tres de sus capturas con imitación de seca de esta mosca y es que, aunque llevo ya cuatro años continuados pescando este coto con bastante frecuencia, nunca hasta ahora había sido testigo de eclosiones de dánica y, aún menos, realizado capturas con ella. Me incitó a revisar la caja de mis moscas para asegurar su presencia en ella.

Al coto fui con mi hermano, el viernes con un cielo encapotado y bochorno en Madrid pensamos en posibles tormentas verpertinas en Cuenca, :-)). Decidimos madrugar para pescar la mañana más o menos completa y si el tiempo lo permitía también la tarde. A las 9:00 estábamos pescando, habíamos llegado sobre las 8:30 tras las paradas para pan y bollería en Tarancón, en "Chapela", y café en Fuentes. A esa hora encontramos bastante vacío el río. Nos dirigimos a la zona alta del coto, las últimas 4 o 5 visitas no habíamos podido por la presencia de pescadores en ella. Nos quedamos en el puesto de las encinas, el que hay antes de llegar al refugio. Ambos montamos ninfa para comenzar la mañana, no se veían eclosiones. Mi hermano marchó rio abajo y yo comencé a pescar hacia arriba. En la misma cabecera de la tabla donde dejamos el coche insistí bastante tiempo, allí he pescado siempre en la mañana. Tras trabajar la ninfa y no dejar rincón alguno sin rastrear conseguí clavar una trucha de ventitantos cms. después de media hora. Me llamó la atención no haber tenido más picadas. El sol empezaba a levantar y decidí subir a la siguiente tabla. Oí que llegaba otro coche junto al nuestro. Eran las 9:45, crucé al lado contrario y buscando las sombras de los arbustos sobre el agua clavé algo que fui incapaz de frenar, era muy grande no lo ví pero pudo ser un barbo.... Más tarde saqué otra trucha de 25-30 cms. Continúe río arriba y ví que llevaba, al menos, a otros dos mosqueros pescando tras de mí, debían ser los del otro coche. Decidí dejar espacio entre nosotros, así ellos tendrían algún tramo virgen y yo estaría más tranquilo. Subí hasta la poza que está a la altura del refugio. Busqué cebas y no ví ninguna, insistí con la ninfa, pero en esta ocasión cambié la cabeza dorada por un plecóptero aún mayor y más lastrado, recordando mi última captura con esa ninfa. La insistencia me dió dos truchas en dos horas, ambas de menos de 25 cms. No estaba siendo un buen día, se requería trabajar mucho para engañar un pez. Contemlé a los enormes barbos en plena faena reproductora, ocasionando escándalo, moviéndose las gigantescas hembras perseguidas por los machos. Evidentemente no estarían por comer por lo que descarté intentarlos, otras veces sí lo he hecho y tengo grandes recuerdos de los barbos de Cristinas, sólo he sido capaz de sacar tres o cuatro buenos y otros menores, los demás se fueron con mis moscas en la boca.

Cambié a seca, bajo del 15 y tricóptero marrón claro de ciervo, pesqué los rápidos previos a la tabla de ciprínidos pero sin resultado. Eran las 11:30 y aunque 4 capturas en 3 horas pueden parecer suficientes en otro lugar, a mí se me hacía escaso resultado para el día que hacía, el coto que era, la zona pescada.... empezaban a rondarme algunos de los comentarios de otros pescadores que no han tenido buenos resultados esta temporada en el coto. Decidí subir buscando cebas o truchas puestas, a las 13:00 había quedado para el bocata con mi hermano. La tabla de ciprínidos estaba plagada, gobios, nerviosos y enormes barbos,...... alguna trucha despavorida ante mi presencia...... llegué al final del tramo, allí hace una curva el río, pierde profundidad y gana velocidad, ví una ceba. Me agaché unos minutos para ver alguna eclosión. Así avancé oculto por los juncos de la orilla viendo a una multitud de barbos persiguiéndose, fijándome pude comprobar que entre ellos había truchas....... Me senté a observar, oculto, se veía todo muy bien, el tramo es de arboleda en ambas orillas, el fondo arenoso y con algo de grava, el sol daba perpendicular sobre el agua...... Tal cual estaba sentado, lancé lateralmente y a mano cambiada, según llegaba el trico al agua una trucha saltó a por él en el aire y yo fallé la clavada.

Me animé, ya acuclillado repetí el lance, otra trucha subió y sí la clavé, para no espantar a las demás la llevé tabla abajo para soltarla......., era de más de 30 cms. Cuando la solté eran casi las doce, estaba secando la mosca y al volver a mirar ví emerger una efémera dánica majestuosa. En cualquier caso el trico había funcionado y continúe con él. Una subida fallida fue seguida de tres o cuatro rechazos. Conté más de veinte truchas que pudiera distinguir entre los barbos, alguna muy grande, empezaba a ponerme nervioso con los rechazos, ellas estaban por comer y yo no era capaz....

De pronto otra dánica que emergió y, a casi un palmo de la superficie, una trucha saltaba y la cazaba. Me eché atrás y me senté de nuevo, monté una dánica de las que llevaba preparadas, pude ver salir volando otras tres o cuatro del río. A partir de aquí vino la hora loca, recordando una antigua jornada en Aragosa, fui clavando truchas, una tras otra, a cada lance. Sin un sólo rechazo, el montaje sobre un anzuelo de pata curva y larga del 14 empezaba a desilacharse. A cada captura, todas de más de 30 cms. aunque ninguna superior a los 40 cms., las arrastraba por la tabla inferior para sacarlas sin espantar al resto... El propio escándalo de los barbos mimetizaba el ruido que yo podía hacer incluso con algún que otro lance fallido con golpe de línea en el agua. Las truchas no tardaban ni cinco segundos en volverse a poner. Me parecía estar pescando en un intensivo con cisternazo recientísimo por la confianza que demostraban y la franqueza de las picadas. De pronto en un falso lance me dejé la mosca y el bajo en el árbol de atrás, miré el reloj: las 13:00, una hora había pasado pero no había sido consciente de ello, pensé en mi hermano. Hice recuento, había sacado más de treinta truchas en una hora.... todas buenas y preciosas, noté un escalofrío. Decidí volver a comer y regresar con él algo más tarde al mismo punto. De vuelta me crucé con los pescadores que había dejado atrás, no llevaban un buen día, les comenté lo que me había ocurrido a mí pero no les concreté el lugar exacto...... A mi hermano tampoco se le había dado bien, un par de clavadas a ninfa había sido todo. Me alegré de no haberme quedado pescando egoístamente.

Tras comer, nos acercamos ya con el coche y bajamos al río. Eran las 14:30, nos encontramos con uno de los otros pescadores pescando la tabla de ciprínidos, vadeandola. Nos tumbamos en la hierba a la sombra de los chopos hasta que él diese por finalizada la tabla. A las 15:00 ya se había marchado. Subimos hasta el lugar en cuestión y allí seguían los barbos a montones y las truchas abundantes, era un espectáculo. La sombra de los árboles cubría ya parte del cauce. Monté emergente de dánica y mi hermano seca. Realicé un par de lances para indicarle cómo y dónde..... no tuve resultados, tampoco se veía ya eclosión ninguna, ni cebas, sólo los barbos seguían a lo suyo. El me sustituyó y tras un par de lances le subió una trucha pero la falló...... continúo y comenzaron los rechazos de último instante. El puesto era uno y empezamos a rotarnos cada cinco minutos, a cada rotación yo cambiaba de mosca en la clásica búsqueda desesperada(tricos y efémeras variados, en seca y en emergente, dípteros marrones, negros, dípteros verdes imitando el sapete, etc..) pero nada de nada. Lo peor es que seguían las moscas y cuando ya iban a tomarlas desistían con un cabezazo...... eran rechazos muy evidentes, cambié el bajo por otro más fino. El resultado no variaba..... eran las 16:30 y seguíamos sin tocar escama, aunque con un par de pinchazos y multitud de rechazos. Al fin, sobre las 17:30, en uno de los cambios monté una hormiga de ala en foam negro, en un 22. No la rechazaron, la primera subida fue franca aunque yo fui demasiado contundente y lo que hice fue desclavarla....... y mandar la hormiga al chopo tras de mi, de donde la recuperé con el anzuelo enderezado, lo volví a su forma con los dedos maldiciendo mi suerte, no estaba dispuesto a cambiar ahora de mosca. Sólo tenía otra igual y se la pasé a mi hermano, al siguiente lance clavé una trucha preciosa de unos 33 cms... como las de la mañana, la bajé por la tabla y le cedí el puesto a mi hermano, el anzuelo aguantó. El tuvo un par de subidas que falló. Después empezaron a rechazar la hormiga, a mí me ocurrió lo mismo..... Continúe probando moscas, a las 18:00 empezaba a acusar las horas de intensa pesca, mucho lance (a mano cambiada) y poco entrenamiento, la espalda me molestaba y notaba los ojos irritados.

Decidido a terminar la jornada con otra captura monté una emergente de ignita en un 16 e insistí. Nuevos rechazos fueron el resultado. Con la aprobación de mi hermano, me acerqué a la orilla aún con riesgo de espantar las truchas. Ese lance lo hice en la tabla superior y la inmediata subida fue espectacular, otra trucha de unos 30 cms....... En contra de lo pensado y con la ilusión de que se hubiesen "puesto" en el parado seguí lanzando, unos lances después dejé la mosca en otro chopo..... ahí se acabó mi jornada. Eran las 18:15 y estaba roto. Mi hermano desanimado e incrédulo por la cantidad y concentración de "buenas" truchas que habíamos tenido delante, sin olvidar los barbos...... Quizás la caída de la tarde fuese buena, el calor apretó a medio día y.... pero lo dejamos ahí.

Evidentemente fue una jornada extraña. Pero si se analiza fríamente veremos que hizo mucho calor, a las 13:30 teníamos 30 º C a la sombra, en el centro del día el sol brilló con mucha fuerza. Las truchas están muy, muy pescadas a ninfa y las aguas mantenían una temperatura de unos 15 º C. Las eclosiones fueron escasas para las condiciones comentadas, pero más escasas fueron las cebas de las truchas de forma general. Sólo se cebaron en una período muy concreto del día y en unas condiciones muy particulares. El escándalo de los barbos ayudó a que no desconfiaran pero quizás también las tenía desconcertadas. Las moscas habituales en el coto fueron bastante inútiles en toda la jornada y lo menos esperado es que fuese la dánica la que diese en la diana. El nivel del agua era adecuado y además estaba limpia, también lo estaban los fondos.... sin mucha acumulación de lodos salvo entre los cañizos. La ocultación fue también necesaria, fue el día que menos pesqué desde dentro del río. cys.gif (1237 bytes)