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Historias de Pescadores |
Cuatro Jornadas de pesca en Castilla la Mancha
Peralejos Experimental (Antonio Fernández Pinto 10/Junio/ 2002 )
Desde finales de la temporada pasada no había vuelto a saborear la sensación de no madrugar un día entresemana para ir a pescar. Mirar por la ventana la actividad que ignoras de tu barrio en la mañana, cuando ya sueles estar trabajando a kilómetros de distancia, resulta extrañamente agradable. Si además lo que haces es esperar a que vengan a buscarte a casa para ir como un señor a pescar un coto mítico, es conveniente saborear el momento por lo poco que tiene de habitual. Con esta relajación me encontraba cuando sonó el timbre, eran las nueve y diez cuando llegaron Juan y Pepe, hermano y cuñado respectivamente, a bordo de su envidiable RAV4 recién estrenado. Aunque resulte que salir a esas horas implica un menor número de lances en la jornada se tienen otras ventajas, como la de poder comprar el pan recién horneado junto a tu casa, tal cual lo hicimos, ya tan sólo un café y repostar gasoil nos retrasaría un poco más.
El tiempo primaveral, que no respeta nada, estaba en pleno cambio según habían previsto todos los pronósticos. Cuando salimos en Torrejón a la N-II la lluvia golpeaba con fuerza el parabrisas. Durante el trayecto llovió, salió el sol, se nubló, sopló el viento, etc.....y todo ello varias veces, como presagio para el resto del día. Nuestra única preocupación era la posible influencia que tuviera esta climatología en el nivel y claridad de las aguas. A las once y media llegábamos al río, nublado el cielo y fresco el ambiente, pero sin lluvia ni viento. Nos dirigimos a la zona de la fuente, y como el coche lo permitía bajamos junto al río. Eran las doce cuando Juan y Pepe marcharon aguas arriba, nos veríamos de nuevo a las 14:30 para comer. Yo me marché río abajo y como es costumbre, fui observando el río. El agua estaba cristalina y con excelente nivel, levanté varias truchas de buena talla, como siempre, aunque sí pude comprobrar que no estaban "puestas" en superficie.
Al llegar a la primera gran tabla desde el límite inferior, pude ver un par de mínimas cebas en su final. Monté una emergente oliva y pesqué suave y lentamente las distintas posturas. Nada, ni una subida. Pensé en que quizás sería mejor pescar abajo, con ninfa, ya que no se habían cebado en la última media hora. Monté una cabeza dorada lastrada, dispuesto a probar las cabeceras de los pozos, las zonas de corriente y las raseras. Subí asomándome con cuidado y tratando de localizar alguna de las grandes truchas. No se hizo esperar, en el tramo medio y rápido de la misma tabla, pude contemplarla, debía medir sesenta centímetros. Estaba junto a la misma orilla en que yo me encontraba, con una altura del talud al agua de un metro y unos dos metros de profundidad y destacando con ese color ligeramente más claro que el del fondo del Tajo. Ante su aparente inactividad no se me ocurrió mejor idea que tratar de provocarla pasándole la ninfa por el morro, craso error, no tuve ocasión más que de hacer un lance complicado entre las ramas y conseguir hacer caer la ninfa unos tres metros río arriba de donde ella estaba.... en el instante que rompió la superficie, corrió a esconderse bajo las rocas del fondo de la orilla opuesta.
Continúe mi marcha, tras guardar en memoria la postura y guarida de aquella "truchita" y empecé a pescar la cabecera de la tabla, entre dos y tres metros de profundidad. De pronto giré la cabeza al sentir la sensación de ser observado, era otro pescador que me miraba y que aprovechó ese instante para saludarme y continuar su camino río abajo. Estuve trabajando la ninfa durante una hora sin ningún resultado. Pesqué todas las corrientes y rápidos, así como los pozos y los finales de las tablas. No tuve picada alguna. Cuando alcancé los rápidos junto al coche, decidí montar seca, había visto volar algún pequeño tricóptero negro y até una imitación. Pesqué concienzudamente cada postura en las corrientes pero fue en vano hasta llegar a lo más cerrado por la vegetación en que subió la primera trucha, ventitantos centímetros, a la que siguieron otras dos, después se acabaron los rápidos, se abría la tabla de la fuente y al entrar en ella vadeando, aún con cuidado, espanté a las cuatro truchas que estaban en su final. Eran las 14:00, y decidí esperar cerca del coche, pescando desde la roca que hay junto al sendero, con unos lances complicados por los obstáculos pero con truchas puestas, perdí el tricóptero negro en los árboles y puse uno marrón en culo de pato. En ello me afanaba cuando llegaron mis compañeros de pesca y marchamos a comer.
Durante la comida el viento empezó a levantarse y el cielo mostró unas nubes más amenazadoras. Tanto Juan como Pepe volvieron a marchar aguas arriba, yo decidí intentar de nuevo aquellas que dejé tranquilas por comer. No contaba con que el viento no me permitiría hacer ningún lance adecuado. Media hora después tras enganchar en un nuevo chopo, estaba montando el bajo otra vez y pensando en dirigirme aguas arriba. Entonces el cielo comenzó a desprenderse de parte de su carga.
Alcancé a Juan en la tabla inferior a la poza de la piedra, Pepe debía de estar en la tabla superior del coto, yo me dirigí a la poza en cuestión. El viento y el agua arreciaban con fuerza, eran las 16:00, la imposibilidad de lanzar correctamente por el viento unida al recuerdo de las truchas que, en otras jornadas, había contemplado en esta poza me llevaron a montar un estrímer que me dediqué a pescar con lances rodados. Media hora fue más que suficiente para desistir sin resultado alguno, no suelo practicar esa pesca, no me gusta y el viento ya parecía suavizarse tanto como la lluvia que se convertía ya en una fina llovizna lo que me permitiría lanzar más fácil la seca.
Monté un nuevo bajo pero sin mosca y volví de nuevo a donde lo había dejado, a la roca del sendero en la tabla de la fuente. Allí estaban apostadas de nuevo cinco truchas, la mayor delante. Monté una emergente de pelo de liebre con abdomen negro, brincado en cobre, tórax amarillo y ala en culo de pato. La postura de lance no es cómoda en ese lugar, ya lo había comprobado hacia un rato, pescando dos metros por encima del agua, en perpendicular a la corriente con una ventana en la vegetación de un par de metros y enormes chopos a la espalda. Falsos lances hacia arriba y posada correcta: la mayor ve la mosca, se acerca, la observa detenidamente y ¡decide tomarla!. La clavada, la lucha para evitar la vegetación y mi bajada al agua entre las zarzas me llevan más de diez minutos para desclavarla y soltarla, unos 35 cms..... Cuando me sitúo de nuevo en la piedra están otra vez puestas las demás, repito la operación y en otras dos ocasiones con el mismo resultado, aunque estas dos de unos 30 cms.
A partir de aquí las dos que seguían a la vista "pasaron" varias veces de mi emergente. Comenzó el desfile de modelos, monté otras emergentes, tricópteros, efémeras, dípteros y ¡al fin!, media hora más tarde, ya eran las 18:00, una pequeña ninfa placada bajo la superficie engañó a la cuarta del puesto. Era de unos 25 cms. Con la mosca acertada decidí meterme en el agua unos metros más arriba, donde había un poco más de corriente. Al poco de entrar y según esperaba para que todo volviese a la normalidad antes de comenzar a lanzar, una tomada bajo las ramas de la orilla contraria me sugirió un intento complicado, con falsos lances laterales saqué línea y después con un rodado puse la mosca en su lugar. Dos nuevas truchas cayeron en el engaño, pero ninguna llegó a los 30 cms. Se siguen cebando pero comienzan los rechazos a mi ninfa, vuelvo al desfile de modelos, he visto que emergían alguna dánica y tricos claros con los rayos de sol que han terminado por asomar a última hora de la tarde. Son cerca de las 19:00 y siguen cebándose. Por fin con una imitación de tricóptero en marrón claro engaño a otras dos, poco después dejan de cebarse y la sombra cubre el río.
Salgo del agua y encuentro a Pepe, él se ha divertido pescando toda la tarde en la tabla del limite superior del coto, ahora pretende pescar en la de la fuente antes de recoger. Yo cansado decido bajar a buscar a Juan que me había pasado cuando yo estaba en la piedra.
En mi descenso empiezo a oir alguna sonora ceba, me escondo y asomo prudente, Juan está al final de la tabla, yo en la mitad, cerca del lugar memorizado del truchón matinal. Sin pensarlo lanzo sobre las cebas y clavo otras dos truchas con el trico, son de unos 30 cms cada una. Están comiendo otra vez. Juan me pasa en dirección al coche. Yo, antes de seguirle, me dirijo en busca del truchón, deseo darme una última oportunidad. La localizo entre otras cinco o seis truchas menores, están activas todas, pero en medio de la tabla, ya no en las orillas, son casi las 20:00 y vuelve a estar nublado, la luz es escasa. El lance es difícil, pero al tercer intento lo pongo en el centro de la corriente, sube una de las truchas y clavo..... treinta y cinco cms..... pero con el escándalo la grande "se retira" ..... ¡maldita sea! Espero unos minutos por si vuelve. Soy consciente de que me están esperando y debo volver al coche...., empieza a lloviznar de nuevo y aún hay que cambiarse. Al final me marcho con la sensación de haber perdido una oportunidad pero satisfecho por la jornada.
Camino del coche miro a mi alrededor el espectacular paisaje que me rodea, los buitres en el cielo, los cortados calizos, la vegetación, el río, ¡qué rio!. Esta zona del Alto Tajo me pone los pelos de punta cada vez que la visito, no son pocas las veces que esta sóla contemplación ha sido suficiente recompensa al viaje.
Ya en el
coche y de vuelta a casa recapacito que tratándose de Peralejos y la climatología
sufrida con caída de temperaturas, viento y lluvia, las catorce truchas que anoté no
conllevan una mala jornada sino más bien todo lo contrario, aunque no consigo evitar esa
sensación de que pudo ser aún mejor. La nueva cita con el Experimental ha quedado
grabada, nos volvemos a ver en septiembre y espero que ella también siga ocupando el
mismo lugar en la tabla. ![]()