La Pesca a Mosca en el Mar

PESCA CON MOSCA EN EL MAR

   Termina J.L Díaz de Luna su aportación en esta página sobre la pesca con mosca en las aguas de nuestros mares (ver: Peces que pueden pescarse con mosca en el mar) diciendo: “En definitiva, un universo por descubrir, un campo para la experimentación y el aprendizaje, para cultivar nuestra pasión de mosqueros. El precisar el mejor periodo anual, los mejores momentos, las moscas más eficaces, las cañas, carretes y sedales más adecuados con ésta o aquella especie, es tarea de todos”.

   Y contribuir muy humildemente a esa labor es el objetivo de las siguientes líneas.

   A grandes rasgos podemos dividir la pesca marítima con mosca en dos amplias modalidades:
- La pesca desde la costa, o vadeando en aguas someras, que generalmente se dirige a especies de pequeño o mediano tamaño, y por tanto no precisa de un material muy diferente del que habitualmente utilizamos para pescar truchas en los ríos españoles.
- Y la pesca desde embarcación, que puede realizarse tanto en las cercanías de la costa como en aguas abiertas y que puede darnos peces grandes o muy grandes; precisando para ello de un equipo capaz de lanzar señuelos adecuados y preparado para resistir  la potencia de los adversarios.

   Un pescador de truchas que quiera simplemente iniciarse en la pesca con mosca en el mar puede, con el mismo equipo que utiliza para engañar a la reina de nuestros ríos de montaña, encaminar sus pasos a la orilla del mar más cercano y, manejando como señuelo un pequeño estrímer, disfrutar, si tiene suerte, con la nerviosa defensa de las obladas, los bruscos ataques de las palometas blancas, las rápidas carreras de jureles o caballas, los saltos acrobáticos de las agujas, o el tenaz empuje de algún pequeño abadejo.
Sin duda, gozar de la pesca marítima con mosca de una forma tan improvisada es perfectamente posible, aunque no todos los peces citados puedan capturarse en las mismas aguas. Pero desgraciadamente, y en parte por culpa de una pesca excesiva, la mayoría de nuestros litorales marinos no disfrutan ahora de una gran riqueza pesquera, y es muy posible que antes de llegar a tener un pez prendido en su estrímer el pescador acabe por aburrirse de lanzar sin conseguir ningún fruto. Por otra parte, en el mar siempre hay una posibilidad de hacer una buena captura: una buena lubina por ejemplo, y difícilmente podremos sujetarla si no disponemos de algo de potencia extra en la caña y sobre todo de suficiente reserva de línea en el carrete. Además, en las costas y en mar abierto suele soplar el viento con cierta fuerza, y un equipo que en el río lanza sin problemas el señuelo a distancias que son más que suficientes, enfrentado aquí a un brisa opuesta y a un horizonte mucho más amplio, se nos puede quedar decididamente corto: el lanzar a veinte metros en un río protegido una mosca seca no es lo mismo que lanzar a veinte metros un estrímer contra un viento frontal. Y si veinte metros en un río nos parecen todo un exceso, la misma distancia en el mar no aparenta ser suficiente para llegar al punto más cercano en el que puede haber peces. Esto no deja de ser una apreciación falsa, pero lo cierto es que en el mar raramente pensaremos que la mosca ha ido demasiado lejos.

   Por tanto, y en general, a una caña algo potente, rápida, capaz de lanzar contra el viento nuestro señuelo lo más lejos que nuestra habilidad nos permita, debemos unir una línea WF de peso adelantado (o una cabeza lanzadora (ST), para mi gusto más útil si pescamos desde embarcación), específicas para aguas saladas; flotante o hundida dependiendo de la profundidad a la que queramos llevar la mosca. Con una línea flotante podremos pescar hasta un metro, más o menos, de profundidad, para ir más abajo es conveniente utilizar líneas hundidas, más densas cuanto más profundo necesitemos llegar.
Habitualmente en el mar la pesca con mosca se limita a explorar las capas superficiales, pues para descender hasta las cercanías del fondo hace falta generalmente utilizar mucho más peso de aquel para el que este sistema de pesca fue diseñado.

   La línea principal debe unirse a una buena cantidad de línea de reserva (en inglés “backing”), no menos de cien metros, y a veces bastante más, de entre 12 y 36 libras de resistencia. Una buena línea de reserva para mar es la de “Micron”, un material que da trenzados más finos que el habitual “Dacron” para la misma resistencia, lo que permite llevar más metros de reserva en el carrete. Para grandes peces, o peces muy veloces que sacan la línea con mucha rapidez, va muy bien el “Micron” recubierto de una resbaladiza capa de “Teflon”.

   Y para guardar línea y reserva, un buen carrete es fundamental. En la pesca en el mar el carrete cumple una función más importante que en la pesca en el río: por un lado hay peces muy grandes y muy rápidos que pueden sacar mucha cantidad de línea en un momento. Además, el agua salada acaba estropeando con bastante rapidez cualquier carrete que no esté diseñado para resistirla. Incluso un carrete específico para agua salada debe ser lavado cuidadosamente con agua dulce después de la jornada de pesca.
Robustez, capacidad y un freno suave, progresivo, que no falle cuando se caliente, son características indispensables en un carrete destinado a enfrentarse con el medio marino. El que disponga de una manivela no reversible puede ahorrarnos algún golpe, pero no es algo indispensable.

   La potencia de la caña, y el peso de la línea, van en función del pez que esperamos encontrar, tanto como del señuelo que debemos emplear.
Para pescar un múgil con una imitación de díptero en un estuario, aunque esto no sé si puede calificarse como pesca marítima, no hace falta gran cosa: con una caña de ocho pies para línea # 4 vamos de sobra equipados, y la satisfacción de pescar una lisa, un múgil o una pequeña lubina con un equipo ligero y un terminal de 12 a 16 centésimas no se puede comparar con la que dan esos mismos peces si se utiliza un material más típico para la pesca en el mar de peces de mediano tamaño, material que podemos resumir en una caña de acción de punta de nueve pies de longitud para línea # 7o # 8, con el resto del equipo a juego.
Pero si lo que buscamos son serviolas de treinta kilos, una caña para línea # 10 y con una buena resistencia en el tramo inferior se hace casi indispensable. Yendo aún más lejos: si queremos pescar un pez espada de más de cien kilos no estará de más una caña para línea # 15, y toda la fuerza de que dispongamos (utilizando cañas tan pesadas el pescar al agua es impensable: diez minutos de falsos lanzados bastan para agotar a cualquiera; es por tanto indispensable pescar a pez visto, lo que en algunos casos, como en la pesca del pez espada o de los grandes atunes, implica que antes de lanzar la mosca debemos atraer al pez a las cercanías de la embarcación, esto suele conseguirse utilizando técnicas de curricán con un señuelo desprovisto de anzuelos).

   El bajo de línea plantea menos problemas. En general sirve un bajo que consista en dos o tres tramos de monofilamento, anudados con grosor decreciente, con un terminal de entre dos y diez kilos, según el tamaño de los peces que esperemos encontrar, y de una longitud de entre 1,5 y 2,5 metros (más largo para pescar en la superficie o sus cercanías, más corto si queremos profundizar más allá de un par de metros). Con aquellas especies dotadas de dientes afilados o bocas cortantes (golfás, peces espada, barracuda...) es buena idea utilizar un terminal de mordida de alrededor de treinta centímetros, que puede ser de acero, kevlar, nailon grueso y duro...

   Obviamente, y dada la diversidad de peces que albergan las aguas saladas, pretender pescarlas con un mismo aparejo no tiene más sentido del que tendría proceder de similar modo para engañar truchas en un arroyo de montaña y lucios en embalses.

   En nuestro país la pesca en el mar y con mosca tiene en general muchas más posibilidades si se realiza desde embarcación. Contamos con algunos lugares “calientes” donde podríamos lograr capturas realmente importantes a poco que tuviéramos algo de suerte: el delta del Ebro, y los alrededores de las Canarias, especialmente en las cercanías de Hierro (un buen lugar para los grandes marlines) y de la isla de Graciosa.
En el resto de nuestras aguas y no demasiado alejados del litoral cualquier punto puede darnos algún buen pez, pero básicamente serán las especies de mediano tamaño, como abadejos, bonitos, barracudas, lubinas..., las más grandes que se prendan en nuestras moscas. En cualquier caso, y aunque únicamente logremos pescar caballas y jureles, con el equipo adecuado cualquier pez marino se puede convertir en un buen adversario, y las posibilidades de atrapar el pez de nuestra vida siempre están presentes. Aunque sólo fuera por esto último la pesca con mosca en el mar merece, si en nuestra mano está, que le dediquemos algo de tiempo y esfuerzo.

   Seguro que los resultados acabarán valiendo la pena.

Alejandro Viñuales


 


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